E-Book, Spanisch, 420 Seiten
Quinn Una boda imposible
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-10070-18-9
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 420 Seiten
ISBN: 978-84-10070-18-9
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Rubia de corazón. Autora superventas del USA Today, esposa, madre adoptiva y amante de la mantequilla de cacahuete. Escritora de comedia romántica y de romance contemporáneo, Meghan Quinn da a sus lectoras la combinación perfecta de amor, humor y calor en cada uno de sus libros. Una boda imposible es el tercer título de la autora en Phoebe después del gran éxito conseguido con Un mal comienzo en 2022 y Una pareja imperfecta en 2024.
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Prólogo
Lia
—Disculpa —digo al chocarme contra un chaval larguirucho en el pasillo atestado de una residencia estudiantil—. Lo siento, no te había visto. Es que estoy completamente perdida.
—No pasa nada —contesta una voz profunda que me hace levantar la mirada hacia una figura alta con pelo castaño revuelto, gafas de montura oscura y un bigote tan espeso que casi parece falso. Y, quién sabe, a lo mejor lo es—. ¿Qué estás buscando? —pregunta, antes de llevarse un vaso gigante de granizado de casi dos litros a la boca.
—Ah. —Miro a mi alrededor—. La habitación doscientos nueve —susurro—. Pero sigo dando vueltas, porque no parece que haya una habitación doscientos nueve.
Una sonrisa se asoma a sus labios.
—¿Eres una friki del Scrabble?
—¿Qué? —pregunto.
Él se echa hacia delante.
—No pasa nada —murmura—. Soy miembro de la SSS. La habitación doscientos nueve está oculta por un motivo.
SSS=Sociedad Secreta del Scrabble.
Sin embargo, la primera norma de la SSS es que no se habla de ella. O al menos eso es lo que ponía en la invitación que recibí anoche. Es una carta que me mandaron a mi habitación, un sobre grueso sellado con cera roja, con las siglas «SSS» en relieve sobre dicha cera. Cuando vi el símbolo, cerré la puerta a toda prisa, apagué las luces y encendí la lámpara de mi escritorio. Con la respiración agitada, abrí el sobre con cuidado y desdoblé las hojas para dejar al descubierto lo que había escrito dentro.
La SSS me había elegido para unirme a ellos esta noche. Durante el agotador proceso de selección de tres semanas, había librado despiadadas batallas online contra varios de sus miembros. Tras perder unas cuantas veces, ganar otras tantas y empatar dos, pasé la fase de prueba, y lo único que me quedaba era esperar. Pues bien, ha llegado el momento. Tengo la invitación en la mano, y lo único que dice es que tengo que acudir a la habitación 209 de la Residencia Pine a las diez y veintitrés en punto, y que no debo preguntar ni decir nada. Además, tengo que llamar a la puerta siguiendo un patrón concreto y pronunciar la contraseña secreta para poder entrar.
Pero ahora que estoy aquí, perdida y confusa, siento como si ya estuviera rompiendo las reglas.
Por desgracia, el reloj sigue en marcha, y no tengo ni idea de qué puedo hacer. No quiero aparecer tarde, sobre todo al tratarse de la primera noche. Pero es que no encuentro la habitación, y… este tipo del bigote y el granizado parece saber de lo que está hablando.
Uf… ¿Y si es una prueba? ¿Y si lo ha infiltrado la SSS y ya he fallado la prueba porque he mencionado la habitación 209 y el Scrabble y…? Madre mía, qué gran fracaso.
Sin saber muy bien qué hacer, me balanceo en el sitio y retuerzo las manos mientras observo al enjambre de personas. ¿Qué es lo que está pasando aquí? Es el pasillo de una residencia de estudiantes, no una cafetería. ¿Adónde va toda esta gente? Creo que tengo que dejar tirado al tío del granizado. Ya sabe demasiado. Y no pienso poner en peligro mi posición en la SSS. Me he esforzado demasiado para recibir la invitación.
—¿Sabes? Ha sido un placer hablar contigo, pero creo que iré a buscar la habitación yo sola. Gracias.
Me doy la vuelta y me dirijo hacia un pasillo oscuro, pero entonces me llama.
—Por ahí no vas a encontrar la habitación doscientos nueve.
Miro por encima del hombro y le veo sorber el granizado con una sonrisa, observando mi expresión de fastidio con diversión.
—No iba a ir por ahí —respondo, indignada.
—A mí me parece que sí.
—Te estaba engañando.
—¿De verdad? —pregunta, y su sonrisa se hace más amplia—. ¿Por qué querías engañarme?
Me giro para enfrentarme a él y levanto la barbilla.
—Porque entre ese bigote espeso y escandaloso y el pelo revuelto pareces un depredador. ¿Cómo puedo estar segura de que no estás intentando secuestrarme?
Arquea las cejas y se mesa el bigote.
—¿Sabes? Eres la tercera persona que ha dicho que este bigote me sienta mal. Yo pensaba que me quedaba muy bien.
Este tipo necesita un espejo que funcione mejor.
—Tu bigote es ofensivo. Estoy segura de que dejaría secas a las mujeres más cachondas. —Las palabras me salen de la boca antes de que pueda detenerlas. La ausencia de filtro será mi destrucción.
Hago una mueca cuando los ojos casi se le salen de las órbitas. Sí, yo también me he sorprendido, tío.
—Eeeh… No sé…
Antes de terminar de decirle que no sé de qué esquina recóndita de mi mente ha salido ese insulto, se agarra el estómago, se echa hacia delante y suelta una larga carcajada mientras el granizado le tiembla en la mano.
Bueno, al menos no lo he ofendido. Eso que me llevo.
Sea como sea, no tengo tiempo para esto.
Paso a su lado y comienzo a caminar por la derecha del pasillo, donde encuentro una puerta sin señalar. Al principio, cuando empecé a buscar, pensé que era un armario de limpieza, pero al mirar la puerta con más detenimiento, me parece que hay una ligera marca de un número en la pared. A lo mejor… es posible que… sea lo que estoy buscando.
Esperanzada, respiro hondo, llamo tres veces y luego doy una patada en la parte baja de la puerta como me han dicho, y entonces noto que una figura alta se me acerca por detrás.
—¿Sabes? Ninguna chica me ha dicho antes que poseo la asombrosa habilidad de deshidratar las partes bajas de la raza femenina solo con mi vello facial.
Contengo una sonrisa.
—Pues alégrate de que haya sido sincera.
La puerta se abre un poco y un solo ojo se asoma.
—Contraseña.
—Walla-walla-bing-bang —contesto, y el chico que tengo detrás se asoma por encima de mi hombro.
—Te ha faltado lo de «ching-chang» —dice.
—¿Qué? No, no es verdad.
—Tiene razón —añade el ojo—. Lo siento, no tienes permiso para entrar.
—Espera, no —digo, evitando que el ojo cierre la puerta. Me saco la invitación del bolsillo antes de volver a hablar—. Tengo la invitación… Eeeh… A ver… —Joder, qué tonta, Lia. Se supone que no tenías que enseñar la invitación. Doy marcha atrás—. La verdad es que… —Me vuelvo a meter la invitación en el bolsillo y junto las manos—. No hay invitación, y no tengo ni idea de qué hay detrás de esta puerta. Solo sé que tengo que estar aquí a las diez y veintitrés, y lo estoy, así que creo que me merezco entrar.
—Pero se te ha olvidado el «ching-chang» —insiste el tipo del granizado, sorbiendo por la pajita.
—No había «ching-chang» —replico, exasperada—. Ponía claramente que tenía que llamar tres veces, dar una patada y luego decir «Walla-walla-bing-bang». Lo sé porque he leído la… eso veintisiete veces, para ser exactos. Así que o bien me he equivocado de puerta, o vosotros dos no habéis leído las instrucciones, en cuyo caso exijo hablar con un humano con autoridad.
—¿Un humano con autoridad? —pregunta el tipo del granizado—. ¿Es ese un término profesional?
—Lo he simplificado para ti —contesto, con sarcasmo—. Ya sabes, por tu aspecto.
—¿Qué aspecto? —inquiere.
—De faltarte inteligencia. —Llámalo nervios o irritación, o simplemente es que soy incapaz de aguantarme nada, pero los insultos me salen solos.
Por suerte, esa sonrisa vuelve a asomarle por las comisuras de los labios, y entonces mira al ojo.
—Está bien, tío. Déjala pasar.
—¿Qué? —pregunto, tan confundida que empiezo a cuestionarme si todo esto merece la pena para entrar en la SSS.
Pero entonces se abre la puerta para revelar una sala enorme, más grande que el resto de los dormitorios de la residencia, y es el paraíso de todas las cosas que me gustan. A la derecha hay una cama en alto con un escritorio debajo sobre el que hay tres pantallas de ordenador, altavoces, un teclado enorme junto a un ratón gigante y una almohadilla debajo que ocupa toda la superficie del escritorio… con decoración de El señor de los anillos. De las paredes de color beis cuelgan pósteres, banderas y cuadros con temática de La guerra de las galaxias y de juegos de mesa, y del techo cuelga un avión teledirigido de color amarillo y azul. A la izquierda hay un sofá tipo futón con una mesita de centro y palés con cojines por todas las esquinas. En el centro está el tablero de Scrabble colocado sobre una mesa giratoria muy chula.
Podría pasarme una hora estudiando las frikadas de esta habitación.
Hay una colección completa de los libros de Harry Potter en la estantería, y parecen los originales. Empiezo a salivar.
Encima del sofá cuelga un poster de Adam West como Batman, con él de pie delante de la palabra «Kerpow» dibujada en letras de cómic.
Y bajo una televisión pequeña, en un mueble de aspecto un poco endeble, parece haber una consola Atari original. Si el dueño de este sitio tiene el Pitfall, seré su mejor amiga para siempre.
—Guau, qué habitación más chula —digo. Esta decoración tan fantástica me ha llegado a mi corazoncito friki. Y la distribución de todas las cosas, desde las carpetas etiquetadas que hay en la estantería, al lado del escritorio, hasta los zapatos apilados en el zapatero es otro...




