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E-Book, Spanisch, Band 617, 155 Seiten

Reihe: Historia

varios Proceso de José Rizal


1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-9816-912-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, Band 617, 155 Seiten

Reihe: Historia

ISBN: 978-84-9816-912-6
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
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Esta edición del Proceso de José Rizal recoge los documentos relacionados con el enjuiciamiento y ejecución de este prócer filipino. En 1896, en Filipinas comenzó una revolución liderada por el Katipunan, un partido abiertamente independentista fundado por Andrés Bonifacio, y a José Rizal se le acusó de estar involucrado en él. Andrés Bonifacio y de Castro escapó de las autoridades españolas. A Rizal, lo detuvieron y le hicieron un juicio sin garantías para su defensa. Mientras esperaba el juicio, intentó detener la rebelión escribiendo del Katipunan con su «Manifiesto para ciertos filipinos». Lo fusilaron de espaldas, como traidor a la Patria, en la mañana del 30 de diciembre de 1896. Las últimas palabras de Rizal fueron: «Perdono a todo el mundo y muero sin tener el más pequeño remordimiento contra nadie» dice a uno de los jesuitas que le acompañan en sus últimos momentos. Luego se dirige a los soldados indígenas que forman el piquete de ejecución y les hace un ruego: «No me disparéis a la cabeza porque he estudiado mucho.» Tras su muerte se convirtió en un verdadero icono del independentismo y de la libertad filipina. La presente edición contiene los documentos procesales del enjuiciamiento de José Rizal y varios anexos con documentos. Entre otros, los: - Estatutos de la Liga filipina - y las Disposiciones generales de Rizal.

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Notas bibliográficas


El proceso, los apéndices y las ilustraciones son de suyo tan elocuentes que huelga ciertamente todo comentario. Algunas notas bibliográficas, sin embargo, informatorias de la procedencia de los mismos y que los autentiquen son necesarias para la información de los profesionales, de los filipinistas y de los filipinólogos.

«Para facilitar aún más la tramitación de los procesos, dispuse, escribe el General Blanco, por providencia autorizada, la división de esas grandes causas en piezas que, distribuidas a jueces distintos, pudiesen terminarse y fallarse con la rapidez conveniente a la pronta y saludable ejemplaridad de la pena.» La causa fundamental del Katipunan, según el Auditor, acusaba mil quinientas diez fojas, distribuidas en siete piezas, y los encartados excedían de cuatrocientos cincuenta. De aquí que se descartase lo referente al Dr. Rizal, formándose la pieza separada que hoy publicamos.

Según la nota de la página tres, el proceso de Rizal procedió del Archivo de Segovia y fue a parar en el del Ministerio de la Guerra de Madrid, España, donde Retana, por encargo nuestro, sacó copia. Esta copia es prácticamente íntegra, El testimonio de los cargos que le resultan al Dr. Rizal y las citas de las declaraciones prestadas por Pío Valenzuela y otros (folios 12 al 19) que se omiten, podrá verlos el lector en el resumen del Juez Instructor (folios 33 al 38). Ciertas diligencias sólo se indican, cuando son de mera fórmula. Avaloran esta copia notas y observaciones del Sr. Retana que importan a todo investigador.

Los Estatutos de la Liga Filipina [Apéndice A], son copia del original que obra en poder de D. Mariano Ponce. En el ángulo superior derecho de la primera página del original de Estatutos dibujó el Dr. Rizal un monograma a modo de insignia, pero que no llegó a adoptarse. El extracto impreso, bilingüe, de los Estatutos es todavía más importante, porque es lo que realmente usaron los afiliados a la Liga, especialmente el texto tagalo, antes de afiliarse. Aunque el pie de imprenta dice London, realmente, como todos los que llevan el mismo pie de imprenta, se estampó en Hong-Kong. Retana en su Vida de Rizal (página 236 al 241), trae únicamente el texto castellano, y lo mismo la versión inglesa hecha por James A. Robertson en The Philippine Islands 1493–1898 [LII, páginas 217 al 226], que vierte únicamente el texto castellano.

Las Diligencias [Apéndice B] instruidas contra Pablo Mercado proceden directamente del General Blanco quien las remitió a Retana, que sacó la copia que publicamos, y a las que se refiere en su carta siguiente, cuya parte subrayada, hace el facsímil N.o 1, Madrid, 14 Eno. 1906.

Sr. Dn. Wenceslao E. Retana

Muy Sr. mío y estimado amigo: la circunstancia de venir su grata de V. de 30 de Nov. e, dentro del tomito de «La venganza de Fajardo» q. tardé muchos días en hojear pr. hallarme enfermo, ha sido causa de que no me haya enterado de ella ni la haya por consiguiente contestado, rogando a V. me dispense esta involuntaria falta.

Mucho me satisface el que haya V. encontrado curiosos e interesantes los documentos q. le he enviado. Tengo más; pero entre el océano de papeles q. he ido guardando durante tantos años no me entiendo ya y no encuentro los q. busco, porque tampoco ayuda la cabeza que no me permite como en otro tiempo trabajar mentalmente mucho tiempo: ya V. lo ve.

De todos modos yo quisiera conservar mientras viva los que poseo y pueda poseer; pero V. podrá sacar copia de todos los q. quiera devolviéndome los originales tomándose para este trabajo de copia el tiempo que necesite y autorizándole también para citarlos públicamente como míos si le conviene.

Y termino esta ya larga misiva felicitando a V. pr. su propósito de imprimir un libro, que aunque ya a destiempo, puede servir de enseñanza y escarmiento a los que no saben o no quieren convencerse de que no es pr. el castigo y la violencia como se gobiernan los pueblos en el siglo XX: con el Canal de Suez llegaron a Filipinas auras de libertad y de progreso que en vano quisimos contener, en lugar de encauzarlas y dirigirlas: y la marmita reventó, naturalmente pr. una Ley física, imposible de contrarrestar.

Perdóneme estas filosofías y sabe puede mandar a su atento amigo affmo. s. s.

q. b. s. m.

Ramón Blanco

Hé aquí la carta autógrafa de Luis Taviel de Andrade, cuya parte subrayada hace el facsímil N.o 1.

9 Dbre. 1905.

Sr. Don W. E. Retana

Mi distinguido amigo. Mil gracias por su felicitación y crea que lo mismo le deseo en el venidero año que promete ser pródigo en disturbios a juzgar por el principio; allá veremos.

V. no me molesta jamás y puede hacerme cuantas preguntas quiera, que puede tener la seguridad que le serán contestadas con prontitud y completa sinceridad.

Mis respuestas a sus últimas son las siguientes:

Rizal jamás creyó fuese sentenciado a la última pena, y su asombro se comprobó ante el Consejo: después de esto en mi opinión si no dejó de concebir esperanzas (pues ¿quien no las tiene?) de indulto, creo que eran casi borradas, pues se hizo cargo de su verdadera situación y se preparó a bien morir. Insisto que aparte de la poca esperanza que pudiera tener murió como un bravo, cayendo boca arriba, de donde fue recogido después de visto por todos los concurrentes (que fueron muchos) en un coche mortuorio, disponiendo el Gobernador Civil (Manuel Luengo) su traslación. Se ignora (creo que fue la fosa común) el sitio, para que durmiera el sueño de los justos en el mayor olvido de sus compatriotas. A muchos vi que con iguales motivos era preciso cogerlos a puñados para ponerlos en el sitio del suplicio.

Las gestiones que para su indulto hicieron creo que pocas o ninguna pues en aquella época de terror era indispensable mucha sangre para aplacar los ánimos (estos comentarios los hago con toda reserva pues no debo ser yo quien juzgue la conducta de aquellos prohombres). Sí le diré que el General Blanco se opuso con toda su energía al fusilamiento y que no lo llevó a efecto a pesar de las reiteradas órdenes del Gobierno: su sucesor se encargó de lo demás.

Le indicaré al auditor general Peña que podrá ilustrarle ese punto que desea saber pues se encontraba a la sazón, por aquel entonces desempeñando el cargo de auditor general. Creo que se encuentra en esa y le será fácil ponerse al habla con él.

Disponga de su affmo. amigo s. s. q. s. m. b.

Luis Taviel de Andrade.

La carta, autógrafa de Fr. Matías Gómez, interesantísima y que no tiene precio para todo investigador de cuestiones filipinas, se la debemos a la generosa bizarría del P. Aglipay, que la halló entre los papeles del que fue Cura Párroco de Malasiqui, Pangasinán, en 1898.

El apéndice C., o sea la Memoria dirigida al Ministerio de Ultramar (21 Abril 1898) por los «Superiores de las Corporaciones de Agustinos, Franciscanos, Recoletos, Dominicos y Jesuitas establecidas en Filipinas»... es reproducción de un ejemplar impreso, igual al descrito bajo el núm. 3991 en el Aparato de Retana (III, página 1399). Nuestro ejemplar es primera reproducción del impreso hecho en Manila; un ejemplar de este último posee hoy la Philippine Library de Manila. La segunda, se describe bajo el núm. 1862 en la Biblioteca Filipina de Vindel. Una versión inglesa de esta Memoria hallará el lector en The Philippine Islands 1493–1898 (LII, páginas 227 al 286). Después de las firmas, léese al pie de esta versión la siguiente advertencia:

Notice. Because of the impossibility, due to the length of this exposition, of drawing up the copies necessary for the archives of each corporation, it has been agreed by the respective superiors to print an edition of fifty copies, ten for each corporation, which are destined for the purpose stated above.

Collated faithfully with its original, and to be considered throughout as an authentic text. In affirmation of which, as secretary of my corporation and by the order of my prelate, I sign and seal the present copy in Manila, April 21, 1898.

Fr. Francisco Sadaba del Carmen,

secretary-provincial of the Recollects.

There is a Seal that says: «Provincialate of the Recollects.

Antes de esta versión inglesa, hízose otra, parcial e inadecuada, por Ambrose Colman, O. P., publicada en Rosary Magazine, 1900. James A. Robertson dice que esta memoria «is one by those who are fighting for life, and who see dimly ahead the fate that may overtake them (obra citada, página 25), James A. LeRoy, refiriéndose a esta versión de Robertson, dice lo siguiente:

The chronological record of Spanish rule is very appropriately closed with a document of the religious orders, which had from the first been at the forefront in this history; it is the memorial signed by the four Philippine orders that had figured in the political controversy and by the Jesuits and addressed to the Colonial Minister at Madrid (but never formally presented) on the eve of the outlook of war in 1898 and just before Dewey’s ships sailed from Hong-kong. Those who believe that the friars’ mission in the Philippines was over will find confirmation of that view in the arrogant tone and intolerant viewpoint of this message, a veritable gauntlet of defiance flung down before the Liberal administration at Madrid. But it is an eloquent defense of the friars’ record in the Philippines, nevertheless, and a fine piece of rhetoric. Though the translation is faulty in places, it makes available a document practically unknown heretofore [The American Historical Review, núm. de Oct.,...



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