E-Book, Spanisch, 352 Seiten
Reihe: Literatura
Sánchez Mazas Rosa Krüger
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9920-510-6
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, 352 Seiten
Reihe: Literatura
ISBN: 978-84-9920-510-6
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
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Rafael Sánchez Mazas (Coria, 18 de febrero de 1894 - Madrid, 18 de octubre de 1966); escritor español y miembro fundador de la Falange Española. Fue corresponsal de ABC en Roma (1936), ministro sin cartera (1939-1940), miembro del Consejo Nacional del Movimiento y procurador en Cortes. De su obra, muy dispersa y poco abundante, cabe citar las narraciones de Pequeñas memorias de Tarín (1915) y las novelas La vida nueva de Pedrito de Andía (1951) y Lances de boda (1952). Es autor también de ensayos y poesías (Sonetos de un verano antiguo y otros poemas, 1971). En 1940 ingresó en la Real Academia de la Lengua.
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Introducción
El proceso creador de una novela tiene siempre su pequeña o gran historia; unas veces, las más, ésta permanece en la intimidad del autor, otras, por el contrario, trasciende a los lectores. La de Rosa Krüger tiene un cierto sabor agridulce.
Rafael Sánchez Mazas escribió esta novela refugiado en la embajada de Chile en Madrid durante la guerra civil española. Sin embargo, en el relato no aparece la menor sombra de la realidad brutal de aquellos momentos. Pensada a imitación de Las mil y una noches, en la que el relato y la intriga consiguieron que Scherezade escapara a su fatal destino, o a lo Decamerón, narrado como evasión de unos refugiados de la epidemia de peste de la Florencia de mediados del siglo XIV, la novela trataba de superar las terribles circunstancias, de anular el tiempo a través de la creación de un mundo imaginario.
Así como el tío Felipet, Pepet el porronaire o Don Rodrigo, fascinantes narradores orales del Alto Pirineo, pueblan el Hostal de la Bonaygua y la mente del protagonista, Teodoro Castells, de historias fantásticas, de igual manera Sánchez Mazas ocupaba la dependencia de la embajada y la mente de los refugiados con fabulosos relatos, haciéndoles olvidar momentáneamente la contienda y las pésimas condiciones de su refugio. Sitiados por la guerra, tal como el temporal aislaba el Hostal, esperaban todas las noches con impaciencia la hora en que vendría a leerles los fragmentos que había escrito durante el día.
A pesar de la concreta localización geográfica, e incluso temporal (años veinte y treinta), la novela comienza con un impreciso «En aquel tiempo» que, acompañado de otros elementos, prepara al lector para la evasión retrospectiva. La continuación de este inicio es a su vez arcaizante (e italianizante): «fui yo a Italia por la primera vez». Es como si la novela participara de la extraterritorialidad conferida a su autor por la embajada de Chile.
El primer episodio sitúa al lector en un escenario propicio a la confidencia —una posada en los Alpes sitiada por la nieve, una cocina con un gran fuego— y distintos elementos actúan de retroceso en el tiempo y disponen al lector para el paso de la realidad a la fantasía. Teodoro Castells es comparado físicamente con el autorretrato de Durero vestido a la moda veneciana, por lo que cambian los ropajes, cambia el decorado. Y aunque en un principio se habla del Roma-Express y de autobuses, el episodio finaliza con el sonido de «los cascabeles de los negros caballos, que piafaban sobre la nieve y las voces y látigos de los postillones. Uno de ellos, silbaba al aire frío una canción de Schubert». Incluso el «vos», costumbre del país, actúa de manera arcaizante, medievalizante.
Todo ello nos prepara para escuchar las confidencias del protagonista, una historia que en realidad pudo ocurrir en cualquier tiempo. Este retroceso es necesario para iniciar un viaje espacio temporal que comienza en el mundo tenebroso, mágico y sensual del Hostal de la Bonaygua.
Se distingue así Rosa Krüger de la mayor parte de las novelas elaboradas o publicadas durante el período de la guerra civil española. Tanto en la zona nacional como en la republicana, los relatos se centraron en la realidad del conflicto. Significativo es también el hecho de que Sánchez Mazas constituya además una excepción entre los llamados «escritores refugiados», ya que un considerable número de ellos dejó cumplido testimonio de su experiencia. Jacinto Miquelarena (El otro mundo), Samuel Ros (Meses de esperanza y lentejas) o Wenceslao Fernández Florez (Una isla en el mar rojo) son ejemplos suficientes. Este tipo de relatos llegó a constituir casi un subgénero.
Del mismo modo y por las mismas razones se diferencia de otros escritores afines a él en estética e ideología (Agustín de Foxá o, de nuevo, Jacinto Miquelarena), que durante la contienda cultivaron la literatura de propaganda como arma de combate. Bien es verdad que desde Burgos o Salamanca, capitales del bando nacional, se escribía bajo la responsabilidad del «ya liberado», es decir, en otras circunstancias, con otras intenciones y para otro público. Aun así, no deja de sorprender viniendo de uno de los escritores más influyentes en José Antonio Primo de Rivera y en la Falange, inspirador y creador de su retórica y simbología.
Terminada la guerra, Sánchez Mazas pensó varias veces en rehacer esta novela, revisó y reescribió algunos capítulos, incluso llegó a publicar alguno en revistas, pero nunca llevó a cabo su definitiva corrección y publicación. «Su melodía no sería escuchada en nuestro ronco tiempo», solía excusarse ante los amigos que en diversas ocasiones escucharon al autor la lectura de varios episodios. De esta manera se convirtió en la novela secreta de Sánchez Mazas, que, aunque inédita e inacabada, era citada con frecuencia como obra maestra.
En los años cincuenta, abandonada ya su activa vida política y refugiado en su tarea de escritor («Me quise reservar para este momento la gran vida de la imaginación»), escribió y publicó otros relatos, de parecida melodía, pero nunca volvió sobre Rosa Krüger.
La novela vio por fin la luz en 1984 —pasados dieciocho años de la muerte del autor y casi medio siglo después de que fuera escrita— gracias a la generosidad de Liliana Ferlosio, su mujer, y al empeño de Andrés Trapiello, en cuya editorial Trieste fue publicada. En 1996 sería reeditada por Ediciones del Bronce, sello editorial de Barcelona para una novela de exaltados elogios a los catalanes y verdaderamente apreciada y elogiada por un buen número de escritores del país (Juan Perucho, Pere Gimferrer, Carlos Pujol...).
Es curioso el hecho de que Rafael Sánchez Mazas, después de su refugio en la embajada de Chile, acabara encarcelado precisamente en Cataluña, uno de los principales lugares hacia los que gravita la novela, y casi fusilado en la frontera francesa en una peripecia más truculenta y novelesca que cualquiera de las del relato, ya que consiguió escapar y esconderse en un bosque cercano hasta la llegada de las tropas nacionales. Estos hechos son hoy de sobra conocidos al haber sido recreados literariamente en la novela Soldados de Salamina (2001), de Javier Cercas, llevada al cine por David Trueba en 2003.
Rosa Krüger es una historia de amor, la de Teodoro Castells, un joven catalán del Valle de Arán que en su camino hacia la aventura europea reconoce en una muchacha alsaciana al amor ideal. Es por lo tanto la historia de un encuentro, fugaz pero trascendental, que cambiará el sentido de su vida (Rosa Krüger se convierte en la medida de todas las cosas), y de un deslumbramiento, deslumbramiento ante la visión del amor cristiano que hace mejor al hombre. Es también la historia de una búsqueda (de la búsqueda de lo que sólo una vez hemos visto o entrevisto pero nos ha seducido) y de un reencuentro que sólo es posible tras el aprendizaje y el perfeccionamiento. Y es la historia de un recorrido, de una travesía de amor y crecimiento. Teodoro es un peregrino de amor («O voi che por la via d’amor passate», escribe Dante transformando las palabras del profeta Jeremías) que, loco de amor (es la historia de una locura), dedica su vida a una ilusión tan sólo atisbada.
Rosa Krüger es también la novela de la fe: fe en el amor ideal, encarnado en una muchacha jubilosa y católica, norte y guía del protagonista. Y en consecuencia, se produce el reencuentro feliz, como no podía ser de otro modo, porque Rosa Krüger relata el cumplimiento de un destino, la consecución de lo que era ya un impulso natural por ascender. Teodoro es un hombre predispuesto.
Y tras haber completado su destino, Teodoro Castells, en primera persona, como testigo de su propia vida, como discípulo, apóstol del amor ideal, transmite su personal evangelio. Él mismo desentraña el sentido de su vida revelando las claves que permiten al lector moverse a través del laberinto narrativo y entender la coherencia estética y alegórica de la obra: «Una ilusión demasiado fuerte había ya prendido en mí y a ella he dedicado mi vida entera. Sobre todas las cosas esta pura y fuerte ilusión estuvo en mí y por ella fui algo y fui mejor. Parecerá que por ella yo viví como fuera de la realidad y cometí algunos errores. Mi vida no fue ya hasta hoy más que como una vida simbólica en peregrinación hacia este nombre: Rosa Krüger».
En realidad, Rosa Krüger es en muchos de sus aspectos una moderna novela bizantina. En ella el ímpetu creativo del autor se ha ceñido al modelo de la novela helenística, es decir, al modelo clásico de epopeya amorosa en prosa. Y a esta estructura va incorporando múltiples temas y motivos de la historia de la literatura amorosa, convirtiendo Rosa Krüger en una novela de una gran riqueza intertextual, en un sugestivo diálogo con la tradición literaria.
La estructura y el argumento de la novela bizantina o novela amorosa de aventuras responde a un esquema común: conocimiento de los amantes-separación-reencuentro. Dos jóvenes amantes, que desean casarse, encuentran graves obstáculos que se lo impiden y se ven forzados a la separación. Tras un largo viaje salpicado de numerosas aventuras, se produce el reencuentro y la realización de sus anhelos tras comprobar que su amor se ha visto fortalecido a través de tantas pruebas.
El amor espiritualizado como...




