Sicre Díaz | El evangelio de Mateo | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 496 Seiten

Reihe: Estudios Bíblicos

Sicre Díaz El evangelio de Mateo

Un drama con final feliz
1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-9073-562-6
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Un drama con final feliz

E-Book, Spanisch, 496 Seiten

Reihe: Estudios Bíblicos

ISBN: 978-84-9073-562-6
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Las lecturas dominicales del ciclo A, aunque estén tomadas del evangelio de Mateo, son imposibles de compaginar con el proceso dramático del mismo. Pero el hecho de que el primer ciclo se dedique preferentemente a este evangelio anima a conocerlo mejor. La intención de este comentario es ayudar a descubrir el proceso que llevó a Jesús hasta la muerte, acompañándolo, a veces sin entender mucho, como los discípulos; escandalizándonos en ciertos momentos, como los fariseos; desconcertados, como las mujeres ante la tumba; cumpliendo, entre dudas y entusiasmo, la misión final que nos encarga, convencidos de que él está con nosotros hasta el fin del mundo.

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Introducción

Al comenzar la lectura de un libro escrito hace casi dos mil años es útil disponer de una introducción, sobre todo si se trata de unos libros tan mal conocidos como los evangelios. Libros que, más que leídos con su dinamismo propio, atendiendo al drama personal que desarrollan, han sido utilizados para sermones, homilías, meditaciones, e incluso citas traídas por los pelos. La intención de esta introducción, aparte de ofrecer algunos datos útiles sobre el autor y la obra, es crear interés por leer el evangelio de principio a fin, sin saltar pasajes o capítulos, compartiendo el drama que se desarrolla desde el nacimiento hasta la despedida de Jesús.

1. Autor

1.1. Un autor anónimo al que llamamos Mateo

De todos los libros del Antiguo Testamento, solo de uno conocemos a su autor con seguridad: el Eclesiástico, escrito por Jesús ben Sirá. Los demás son anónimos, aunque la tradición se preocupó de buscarles autor: Moisés para el Pentateuco; Josué para Josué; Samuel para los dos libros de Samuel; Jeremías para los libros de los Reyes; Salomón para el Cantar, Proverbios y Sabiduría, etc.

Conviene recordar esto para no extrañarse de que algunos escritos del Nuevo Testamento sean también de autor desconocido y les hayamos buscado un personaje famoso al que atribuírselos. Según la ciencia bíblica moderna, este es el caso del primer evangelio. La tradición lo atribuyó al recaudador de impuestos llamado Mateo o Leví. La idea no era descabellada. Sabemos que en el grupo de los Doce cuatro eran pescadores y uno recaudador de impuestos. Los recaudadores tenían muy mala fama, pero sabían contar, leer y escribir. Puestos a atribuir un evangelio a uno de los Once (Judas no cuenta), Mateo tenía todas las papeletas. No quiero decir que lo escribiese, sino que era lógico atribuírselo. Este dato está atestiguado desde mediados del siglo ii. El testimonio más antiguo es el de Papías (nacido hacia el año 70), y lo siguieron san Ireneo, Orígenes, Eusebio de Cesarea, san Efrén, san Cirilo de Jerusalén, san Jerónimo, san Juan Crisóstomo, san Epifanio. Demasiado importantes para ponerlo en duda. Incluso hoy día, Pérez Millos sigue esta opinión.

Sin embargo, la mayoría de los autores de los dos últimos siglos ponen en duda esta atribución del evangelio a Mateo. Los argumentos que aduce Guijarro son: a) Mateo no tiene un protagonismo especial en el evangelio, como cabría esperar si fuera el autor; b) las preocupaciones del evangelio y la situación comunitaria que refleja, sobre todo su relación con el judaísmo fariseo, hacen presuponer que se escribió en una fecha relativamente tardía; c) algunos pasajes presuponen que la destrucción del templo de Jerusalén ya había tenido lugar (22,7); d)el evangelio establece una distinción entre sus sinagogas (4,23; 9,35) y la iglesia (16,18); refleja fuertes tensiones con otros grupos judíos y una situación que solo se generalizó después del año 70.

Aparte de estos argumentos, hay otro que me parece importante: el evangelio demuestra un conocimiento de las Escrituras que es fácil imaginar en un escriba cristiano o un buen catequista, no en un recaudador de impuestos. En definitiva, no sabemos quién escribió el primer evangelio, pero todos aceptan seguir llamándolo Mateo.

1.2. Un autor desconocido del que quizá sabemos mucho

Georges-Louis Leclerc, conde de Buffon, escribió la famosa frase: «El estilo es el hombre». En el caso del primer evangelio, la obra revela mucho de quien la escribió. Reconozco que es un ejercicio de ficción, pero no me parece descabellado. Partiendo del supuesto bastante aceptado de que el autor escribe entre los años 80-90 en Antioquía de Siria, y que el evangelio ha sido escrito por una persona madura, con gran experiencia catequética, indicaría lo siguiente:

1. Mateo debió de nacer entre los años 25-35, en una familia judía. Desde muy joven se sintió atraído por las Escrituras y es posible que se preparase para ser escriba. Las palabras «todo escriba experto en el Reinado de Dios se parece a un padre de familia que saca de su arcón cosas nuevas y antiguas» (13,52), se le pueden aplicar perfectamente.

2. Después de la muerte de san Esteban, algunos cristianos llegan huyendo a Antioquía (¿entre 35-40?). Se relacionan con la abundante comunidad judía de la ciudad. La diferencia principal es que los recién llegados hablan de Jesús como el Mesías anunciado en las Escrituras. Mateo decide unirse a ellos en una fecha imposible de datar, aunque es probable que lo hiciera bastante pronto.

3. A los miembros del grupo comienzan a llamarlos «cristianos», no sabemos si en tono despectivo o irónico. Se les añaden pocos judíos, pero bastantes paganos. A todos ellos es preciso catequizarlos. La catequesis inicial consistiría en la misma que recibió Pablo: «Que el Mesías murió por nuestros pecados, como lo anunciaban las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, como lo anunciaban las Escrituras; que se apareció a Pedro y más tarde a los Doce...» (1Cor15,3-7). Es probable que se enriqueciese con recuerdos personales de los que habían conocido a Jesús o a los apóstoles. La visita de Pedro a Antioquía, que conocemos por la carta a los Gálatas, puede enriquecer mucho esos datos.

4. Hacia el año 60 llega a Antioquía un documento que contiene los Dichos de Jesús. Es una obra esencial para la formación de la comunidad y para la catequesis. Mateo, al que supongo catequista, la usa hasta sabérsela de memoria.

5. Durante esos últimos años han crecido las tensiones entre los «cristianos» y el resto de los judíos, especialmente con los dirigentes fariseos. La tensión alcanzará su punto culminante después del año 70, cuando la caída de Jerusalén en poder de los romanos es interpretada por los cristianos como castigo por haber rechazado al Mesías.

6. Si aceptamos que el evangelio de Marcos fue escrito entre los años 70-751, algún tiempo después llegaría a Antioquía. Es muy distinto del documento Q, presenta la vida de Jesús al estilo de las biografías griegas. Mateo lo usa como una contribución esencial para sus catequesis.

7. Poco a poco le viene la idea de unir ambos documentos. No es fácil, dada la diferencia entre ellos. Pero años de enseñanza le ayudan a ir elaborando un esquema en el que los Dichos de Jesús queden integrados en la «biografía».

2. Fuentes usadas por Mateo

2.1. Los Dichos de Jesús (Q)

Eran conocidos hasta hace unos años como la «fuente Q» (Q por Quelle, «fuente» en alemán). Este documento se perdió hace siglos, no está oculto en las mazmorras del Vaticano por miedo a que sea publicado. Se dedujo su existencia en el siglo xix, como única forma de explicar las coincidencias entre los evangelios de Mateo y Lucas. ¿De dónde podían venir? De una «fuente» (Quelle) que, por desgracia, se ha perdido. Una fuente centrada en dichos pronunciados por Jesús, con rarísimos relatos. Esos dichos han sido estudiados hasta lo inimaginable, y algunos han llegado a la conclusión de que es más lógico considerarlo «documento», porque no es una colección amorfa sino una presentación muy elaborada de la enseñanza de Jesús. Se admite que el documento tuvo diversas ediciones, y es posible que los manuscritos usados por Mateo y Lucas fueran algo distintos. El interesado dispone de la obra de Santiago Guijarro, Los dichos de Jesús. Introducción al Documento Q (Salamanca: Sígueme, 2014), que ofrece también su traducción. Comparar el evangelio de Mateo con Q no es tarea fácil, y siempre supone un margen de subjetividad, ya que nos basamos en una reconstrucción; he seguido la que ofrece la edición crítica2.

2.2. Evangelio de Marcos

Nadie duda actualmente que esta es la fuente principal usada por Mateo (digo «actualmente», porque siglos atrás se pensó que Marcos era un resumen del evangelio de Mateo). En lo que no existe tanto acuerdo es si la copia que usó Mateo era exactamente la misma que ha llegado a nosotros. En cualquier caso, no sería muy distinta. Y las diferencias podrían deberse en ocasiones a que Mateo lo cita de memoria; cosa lógica después de años usándolo en la catequesis; la memoria se presta a pequeños fallos. En la traducción del texto del evangelio he marcado en negrita las palabras o frases que Mateo añade a Marcos. Ayuda a ver de inmediato lo típico de Mateo y a comprender mejor el comentario.

Las diferencias, sin ser exhaustivo, podemos agruparlas en cuatro apartados:

a) Pasajes que añade Mateo a Marcos. Las narraciones nuevas no son muchas, pero sí famosas: la infancia (1-2), Pedro caminando sobre el mar (14,28-31), primado de Pedro (16,17-19), muerte de Judas, informe de los soldados que vigilaban la tumba, misión de los Once. En cuanto a palabras y enseñanzas de Jesús, lo más famoso es el Sermón del Monte (5-7) y el duro ataque a los escribas y fariseos (c. 23). También encontramos parábolas muy conocidas, como las diez muchachas y los dos hijos, y el famoso relato del Juicio Final («porque tuve hambre y me disteis de comer...»).

b) Pasajes y detalles de Marcos que omite Mateo. La parábola de la semilla que crece por sí sola (Mc 4,26-29); probablemente porque puede provocar la impresión de que no es precisa la colaboración humana, y Mateo insiste en que el cristiano debe practicar las buenas obras. Las explicaciones de costumbres judías, innecesarias para sus lectores (comparar Mt 15,1-2 con Mc 7,1-5). La curación del sordomudo (Mc 7,32-37) y del ciego de Betsaida (Mc 8,22-26), porque pueden interpretarse como si Jesús...



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