Rosell | Un olfato para todo | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 318 Seiten

Reihe: Perros

Rosell Un olfato para todo

Los perros, los amigos más útiles del hombre
1. Auflage 2018
ISBN: 978-84-9910-775-2
Verlag: Paidotribo
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Los perros, los amigos más útiles del hombre

E-Book, Spanisch, 318 Seiten

Reihe: Perros

ISBN: 978-84-9910-775-2
Verlag: Paidotribo
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



En esta obra, escrita con gran amor y un profundo conocimiento del tema, Frank Rosell nos explica todo lo que hay que saber sobre el sentido del olfato del perro. El perro tiene un olfato muchísimo más sensible que el del ser humano, lo que le convierte en nuestro amigo de cuatro patas más preciado. Los hay que nos protegen de criminales, contrabandistas y terroristas, otros encuentran a personas desaparecidas en la montaña e, incluso, algunos pueden descubrir ciertos tipos de cáncer en una etapa muy temprana. En este libro, el autor recoge anécdotas protagonizadas por perros rastreadores de castores, como Mie y Tapas, el perro detector de excrementos de la ballena asesina Tucker o el perro detector Elvis, entre otros. Nos enseña el porqué de sus comportamientos y reacciones y sus semejanzas genéticas con los lobos. Un olfato para todo es, pues, el libro ideal para los amantes de los perros. Una lectura amena, interesante e, incluso, sorprendente.

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CAPÍTULO 2

EL OLFATO DEL PERRO

Se dice que un perro que ha perdido el olfato ya no es un perro. La entrenadora de perros Torun Thomassen tuvo la oportunidad de experimentar esto en primera persona.1 Tenía un cachorro de pastor alemán, Arthur, que había nacido sin olfato. Este perro era incapaz de utilizar su nariz para algo pro-ductivo. Fue el más grande de la camada al nacer, pero, a diferencia de sus hermanos, perdió peso durante sus primeros días de vida porque era incapaz de llegar hasta las mamas de su madre usando el olfato para comer. Sin embargo, tras unos días, aprendió un método alternativo. Se tumbaba encima de otro cachorro, esperaba hasta que este soltaba la mama y entonces se enganchaba a la teta de la madre. En casa, a menudo robaba cebollas crudas y naranjas, y con el tiempo, cuando toda la camada creció lo suficiente para salir a pasear todos juntos, Arthur era siempre el único que comía algo peligroso y enfermaba, o el único al que Thomassen tenía que buscar. La primera vez que salió y topó con muchas personas (muchas piernas), se encontró con el problema de qué debía hacer cuando hubiera tantas piernas entre las que elegir o cuando algunas de las piernas desaparecían. No fue capaz de seguir el rastro de la pierna de Thomassen. Las piernas por las que se decidía resul-taban ser las equivocadas.

La primera vez que la acompañó a un paseo en bici afrontó más problemas. Arthur corría suelto mientras su madre iba atada a una correa sujeta a la bicicleta. Cuando se encontraban en lo alto de una colina, dos personas llegaron andando a la cima. Thomassen esperó sin decir nada para ver qué haría Arthur. El perro miró la bicicleta, a su madre y a Thomassen y, después, a los dos pares de piernas que se acercaban. Tras haberlo pensado varias veces, eligió las piernas y se marchó con ellas. Entonces, Thomassen lo llamó y no volvió a cometer más ese error. En lugar de olisquear a otros perros, se quedaba inmóvil como una estatua mientras lo olían. Cuando acababan, se alejaba de ellos.

Arthur no se relacionaba con perros desconocidos. No podía oler nada y, por tanto, no era capaz de comunicarse con ellos de una manera correcta. A menudo acompañaba a otros cachorros de distintas razas mientras entrena-ban en el bosque, realizando ejercicios de rastreo y búsqueda sobre el terreno. Y aunque Arthur se mostraba entusiasmado, solo encontraba trozos de salchicha si se topaba con ellos por casualidad. Sin embargo, era sumamente obediente y le encantaba que lo entrenaran. Durante las sesiones de adiestra-miento, no lo distraía ningún olor excitante. Arthur siempre fue un cachorro alegre… hasta el día en que otro perro lo atacó. Después de eso, se volvió impredecible y atacaba a su madre, por ejemplo, sin previo aviso. Empezó a abalanzarse sobre perros que deseaban olisquearlo, también perros adultos macho. Finalmente, Thomassen se vio obligada a sacrificarlo cuando tenía un año.2 Era un perro maravilloso y Thomassen le tenía mucho cariño, pero no podía arriesgarse a que hiciera daño a alguien y debía pensar también en la madre de Arthur.

El desarrollo del olfato

Los seres humanos tenemos el olfato mucho menos desarrollado que los perros. Esto hace que nos resulte más difícil comprender y apreciar el fantástico olfato del perro. No podemos entender los olores. El olfato del perro ha evolucionado a lo largo de muchos miles de años de selección natural, garanti-zando que este se adapte lo mejor posible al entorno en el que vive. El olfato del perro es importante para encontrar el alimento, la reproducción, el reconocimiento de los parientes y la identificación de situaciones peligrosas. Los perros con el mejor olfato han transmitido sus genes durante generaciones. El resultado es un sistema olfativo sumamente bien desarrollado que es capaz de descubrir (o detectar) y distinguir entre diferentes olores. El perro tiene un olfato increíblemente agudo, que le permite percibir una gran variedad de información basada en el olor.3 La nariz del perro está mucho mejor desarrollada para detectar olores que la nuestra. Cuando la nariz de un perro está mojada y fría, debido a unas glándulas que producen un fluido oleoso,4 les resulta más fácil detectar olores.

Si su nariz está seca, el perro la humedecerá con la lengua, como Shib hace aquí. El perro está entonces listo para trabajar con el olfato. Fotografía: Frank Rosell.

Para comprender cómo el perro logra llevar a cabo distintos tipos de tareas, se debe entender el funcionamiento de su nariz. Los perros cuentan con dos órganos olfativos importantes: el sistema olfativo y el sistema vomeronasal.5

La nariz y el sistema olfativo del perro

Las fosas nasales del perro tienen una estructura compleja y muchas funciones importantes. Además de ser un órgano para el olfato, las fosas nasales también contribuyen a moderar, filtrar y humidificar el aire que se inhala y baja hasta los pulmones. Las fosas nasales de los perros y los seres humanos sirven para respirar y oler. Las de los perros están muy bien organizadas y mucho más avanzadas que las nuestras.6

Cuando el perro respira por la nariz, el aire recorre la región respiratoria en el largo morro del perro y a continuación entra directamente en los pulmones. Cuando un perro olfatea, el aire sigue una ruta lateral, entrando en lo que llamamos la cavidad olfatoria, que se encuentra en la parte más posterior de las fosas nasales. Los mamíferos microsmáticos, como los humanos y los primates, tienen una configuración diferente; carecen de esta cavidad olfatoria. El perro cuenta con fosas nasales ágiles que se dilatan cuando está oliendo, y este movimiento abre un conducto superior que envía el aire directamente a la parte de la cavidad olfatoria más al fondo. El aire se filtra despacio a través del aparato sensorial antes de diri-girse hasta los pulmones.7 El profesor Gary S. Settles, de la Universidad Estatal de Pensilvania, afirmó que todo este sistema le recordaba al filtro del aceite en un vehículo de motor. El filtro del aceite se encuentra detrás del motor, al igual que la cavidad olfatoria. El aceite se desplaza directamente a la parte del filtro del aceite más posterior y luego regresa despacio al motor a través del filtro.9

Cuando un perro inhala, el aire se canaliza a lo largo de rutas distintas. La rápida corriente de aire (flechas grises) viaja hasta el epitelio olfatorio (la membrana mucosa olfatoria), mientras que la corriente de aire más lenta (flechas negras) se traslada hasta los pulmones. Un pliegue de tejido justo en el interior de la nariz ayuda a canalizar las dos corrientes de aire diferentes.8 Fuente: Brent Craven.

En el fondo de la fosa nasal, también hay un epitelio olfatorio (la membrana mucosa olfatoria), que contiene genes para los receptores olfatorios (cada uno de ellos es una proteína producida por un gen específico) y las células receptoras olfatorias que absorben las sustancias odorantes. La membrana mucosa olfatoria se extiende en un laberinto de estructuras óseas llamadas cornetes nasales (turbinas) y está cubierta por millones de pelos diminutos llamados cilios (o pelos olfatorios), que son los que captan las sustancias odorantes. Cuando las sustancias odorantes gaseosas entran en contacto con la membrana olfativa, se disuelven en la capa de mucosa. Las sustancias odorantes deben disolverse en agua o grasa para atravesar el líquido en el que se encuentran los cilios y las células receptoras olfatorias reciben las sustancias odorantes en un estado disuelto.10 Las sustancias odorantes que se disuelven fácilmente, como el dinitrotolueno (DNT) o dinitro, se liberan en la parte frontal de la cavidad olfatoria, mientras que las sustancias odorantes moderadamente solubles o insolubles se distribuyen más homogéneamente en toda la cavidad olfatoria. Por tanto, el modo en que las sustancias odorantes se depositan influye en el reconocimiento de los componentes. Por consiguiente, la nariz del perro no parece que sea óptima para la detección de sustancias fácilmente solubles (como los explosivos), puesto que se absorben rápidamente al entrar en la fosa nasal.13

Las sustancias odorantes recorren la nariz y su estructura de tal forma que el perro dispone de un olfato sumamente efectivo. Cómo entran las sustancias odorantes en las fosas nasales y la existencia de la cavidad olfatoria en el perro, ubicada más al fondo de la fosa nasal, son dos factores importantes para su agudo olfato. La cavidad olfatoria más grande seguramente también aumenta la corriente de aire tanto para la inhalación como para la exhalación.11 La cavidad olfatoria está cubierta por un epitelio olfatorio (membrana mucosa olfatoria) que contiene receptores olfatorios.12 Fuente: Gary S. Settles.

La composición de las sustancias odorantes determina si atraviesan los receptores olfatorios en...



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