E-Book, Spanisch, 272 Seiten
Reihe: Ensayo
Rodríguez García Esplendor en la hierba
1. Auflage 2014
ISBN: 978-84-15523-75-8
Verlag: Ushuaia Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
¡Por un fútbol emocional, sin zancadillas...!
E-Book, Spanisch, 272 Seiten
Reihe: Ensayo
ISBN: 978-84-15523-75-8
Verlag: Ushuaia Ediciones
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Manuel Rodríguez García 'Futbolista en sueños y entrenador virtual' según el perfil de twitter, @marogarr. Máster en dirección de personas, desempeñó en Caja Duero durante cuarenta años para conseguir los nobles fines de aquella Institución, muchos de ellos como directivo hasta el 21 de agosto de 2006. Seis años después, la Caja fue convertida en Banco por acuerdo de un panal de políticos que libaban en la compleja colmena de la alemanización europea. Insistentemente, la mente subconsciente le interroga: ¿Quién se benefició de tanto esfuerzo y dedicación, de tantas noches de insomnio, de tantas ilusiones profesionales perdidas...? Colaborador de Esfutbol.net y autor de cinco libros anteriores a éste: 'La Ignorática y el fútbol', 'Apología del fútbol', 'Futbolandia. Ensoñaciones, realidades y virguerías del fútbol', 'Evidencias y paradojas del fútbol' y 'De fútbol y de hombres'; los tres últimos también editados por Ushuaia Ediciones. Su singular percepción del fútbol, iniciada en 'La Ignorática', sigue promoviendo pensamientos de fútbol centrados en personas y su sociología singular.
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INTRODUCCIÓN
Ken Robinson, al que acudo con frecuencia como autor de libros sobre la enseñanza, me orienta: «Hallamos nuestra auténtica fuerza creativa tanto a través de los sentimientos como a través de la razón. Es con los unos y con la otra como nos podemos relacionar mutuamente y crear los mundos complejos y cambiantes de la cultura humana». Pero, antes de esta conclusión, había plasmado otra aseveración: »Ser sensible con uno mismo y con los demás es un elemento vital del desarrollo de las cualidades personales que hoy son de tan imperiosa necesidad, en la empresa, en la comunidad y en la vida privada».
En este nuevo ensayo sobre fútbol, es el sexto, además de los enfoques típicos de mis publicaciones anteriores, quiero significar algunas reflexiones que mantengan un alto nivel con el que conseguir, a ser posible, una superación de nuestras visiones actuales del fútbol… Pero, siempre, con afán de mejora y no por presunción. Hasta llegar a ese «esplendor en la hierba» que propugno como una explosión de sentimientos de fútbol. Por supuesto, sigo apostando por un fútbol de ideas, de sentimientos, desarrollado con entusiasmo y compartido por más gentes que los participantes tradicionales. José Antonio Marina me quitó el pudor inicial que yo tenía por repetir ideas, manifestadas bien por mí mismo como por constancia de lo que otros pudieran opinar o escribir en publicaciones, ya de filosofía, sociología o de otras materias, incluso alejadas del propio fútbol. Me convencí de que las ideas deben repetirse para que se consoliden y cundan en el ideario colectivo.
Y me encontré con otra publicación, «El cambio está en ti» de Neale Donald Walsch que acabó de bendecir un estilo que, gente muy próxima a mí, critica en el sentido estricto de la palabra: «En las agencias publicitarias de Nueva York sostienen que una persona promedio no absorbe por completo todo el contenido de un mensaje sin haberlo oído entre cinco y y seis veces. No sé si es cierto, lo que sé es que muy pocas veces yo mismo capto un mensaje completo – y mucho menos sus matices y su impacto real – la primera vez que lo escucho; por ello, algunas cosas las repetiré varias veces». (…) «Ése es el estilo que elegí porque quiero estar seguro de que todo lo que quiero compartir quede claro y algunas veces la repetición me da esa seguridad. Aviso, por tanto, que esto no es un libro de líneas rectas sino más bien las ideas se van mostrando en círculo, como ese fútbol tan elaborado que practica el Barcelona, incluso la Selección española.
Sin duda el fútbol es muy competido, los logros no necesitan de zancadillas, se puede actuar con agresividad deportiva dentro de unas normas reglamentarias, condescendiente con las circunstancias de un juego viril, pero respetuoso con el contrario. Intenso porque si no el espectáculo se queda en agua de borrajas, que tenga chispa competitiva. Esforzado porque la técnica por sí sola no basta para ganar. Dinámico porque once futbolistas deben superar a otros once, aceptando con naturalidad a los árbitros que imparten justicia aplicando un Reglamento que debe respetarse, sobre todo su espíritu competitivo, liberándose de la estricta letra carcelaria. El fútbol debe ser bello, estético, no tiene por qué ser feo, sucio, torpe, los resultados mejor obtenerlos con gracia que atrae y que no repela el buen gusto. Los buenos futbolistas deben ser respetados y la norma debe actuar para dejarlos hacer, por encima de las malas mañas de los fuera de la ley. Fútbol sano, sin patadas extemporáneas, sin zancadillas traicioneras, sin teatreros que hacen simulacros y que tanto perjudican al espectáculo… Los futbolistas que respetan, serán respetados…Todavía en 1863 cuando se elaboró el primer Reglamento oficial del fútbol, se discutía sobre la validez de las agresiones al contrario. Una de las reglas más polémicas fue la tercera, cuya redacción definitiva rezaba: «Las patadas solo se dan al balón». No todos estuvieron de acuerdo. («Historia del fútbol. Enciclopedia de un deporte y crónica de una pasión». J.A.Bueno Alvarez/Miguel Angel Mateo).
Ken Robinson nos dice que se suele distinguir entre el arte culto y la cultura popular. Queriendo clasificar mínimamente al fútbol, encontrar un encuadramiento razonable en esa línea, nos llamarían exagerados si lo incluyéramos en el «arte culto», parece que en dicha denominación solo se contempla la ópera, la música clásica, el ballet, la danza contemporánea, las bellas artes, la literatura seria y el cine. Así que nos encaminaremos hacia la otra rama de la «cultura popular». A este respecto, nos informan que aquí estarían agrupadas la música comercial, el cine popular, la televisión, la moda, el diseño y la ficción popular, así como otras formas que atraen a las masas. Al parecer, es el significado de cultura al que normalmente se refieren los economistas cuando hablan de la industria cultural. Y no contiene la denominación específica para el fútbol. Quizás sea un desfase conceptual…
Pero, es verdad, que el fútbol «atrae las masas» por lo que estaría catalogado como «cultura popular». Pero a mi me daría lo mismo, al fin y al cabo busco otras influencias del fútbol. La reflexión de Robinson es muy apropiada: «… la inteligencia humana es diversa, dinámica y distintiva. También lo son las culturas humanas. Todas estas características son fundamentales para comprender la íntima relación entre la creatividad y la cultura». Fuera de clasificaciones diversas, a mí el fútbol siempre me parecerá el «Esplendor en la hierba», por encima de otras consideraciones. Y ya tengo superados aquellos conceptos antiguos de si el fútbol era deporte, negocio, industria, cultura, etcétera. Sigo insistiendo que, a mí, me interesa el fútbol como hecho deportivo, su estética, su socialización, su ludismo, su fuente de formación tanto a futbolistas como a espectadores…
Nicolás Alberto González Varela, filósofo argentino, residente en Sevilla (España), firma estas reflexiones tan bonitas: «Gramsci había afirmado, a pesar de reconocer que la esencia del calcio estaba permanentemente pervertida por la lógica del capitalismo, que «El fútbol es un reino de la libertad humana ejercido al aire libre.» El ensayista y poeta, premio Nobel de Literatura de 1975, Eugenio Montale soñó una utopía feliz, un campeonato mundial sin redes en los arcos, donde el resultado ya no fuera una falsa necesidad estadística: «Sogno che un giorno nessuno farà più gol in tutto il mondo», («Sueño que un día nadie hará más goles en todo el Mundo...»). El nietzscheano Umberto Saba, gran poeta del neohermetismo de la posguerra, apasionado por la experimentación con las formas y las palabras, escribió muchos poemas sobre fútbol, entre ellos su «5 poesie sul gioco del calcio». Su poema más futbolero, titulado «Goal» (Gol) describe las emociones discordantes y extremas de dos porteros en el momento decisivo del gol y que sintetiza el momento mágico en el juego, en el que se puede ver cómo se consume, bajo el mismo cielo, tanto el amor extremo como el odio acérrimo: «Pochi momenti come questo belli/ a quanti l’odio consuma e l’amore/ è dato, sotto il cielo/ di vedere» («Pocos momentos como éste tan bello, en el cual el odio consuma el amor, nos es dado, bajo el cielo, de poder ver…»). ¿Alquien duda del esplendor del fúbol y de su expresión culta?
Alguna vez leí a José Ramón de la Morena en la web de la Cadena Ser: «El calendario (de fútbol) es un poco trepidante, no sé si dará tiempo a metabolizar las emociones, los desencantos, las ilusiones y quizás sea mejor así, porque mientras nuestro cerebro masca las alegrías y los desencantos del fútbol, según suban o bajen por los toboganes del destino, nuestras preocupaciones por el paro y la economía estarán anestesiadas o al menos narcotizadas. A mí el fútbol me gusta apasionadamente, pero como todas las pasiones, me gustan un poco más espaciadas, necesito necesitarlas. Todo lo justifican con un calendario apretado y la falta de fechas para que la Selección pueda entrenarse. En otras circunstancias los más puretas y humanistas pondrían el grito en el cielo ante esta cascada de partidos de fútbol a diario, pero en estos tiempos cualquier analgésico del alma se agradece, y el fútbol ahora es eso: un analgésico para las preocupaciones». Sin duda, es un enfoque muy acertado, realista, sintético, compartido, acorde con las realidades sociales a finales de 2012, mes de setiembre.
Aunque el fútbol es meramente práctico, aunque deseablemente bello, está sujeto a múltiples problemas que requieren variadas soluciones. Un pensador futurista como H.G. Wells observó que «La historia es cada vez más una carrera entre la educación y la catástrofe», curiosamente Wells vio dicho potencial en 1895, fechas por las que el fútbol empezaba a regularse en sus actuales leyes. Y, una vez más, leo en «Inteligencia práctica» de Karl Albrecht que el «Coeficiente Intelectual (CI)» utilizado en la medición de la inteligencia no aportó demasiados valores positivos. Seguramente, como pasó con los maestros, los entrenadores de fútbol pensaron que los futbolistas eran unos simples receptores de información táctica y con ello resolverían los partidos de una competición. O sea, metafóricamente desenroscaban el tapón de la cabeza de un chaval, le echaban algo de historia, chascarrillos de viejo zorro, cantinelas de «vamos a ganar» y, si algo fallaba, añadían frases contundentes y malsonantes: «¡Vamos a ganar por cojones…!»; o también ésta otra: »Si no ganais os vais todos a la puta calle…». ¿Era un mensaje motivador, científico e ilusionante? ¡Pues,...




