E-Book, Spanisch, Band 371, 158 Seiten
Reihe: Teatro
Rivas La morisca de Alajuar
1. Auflage 2013
ISBN: 978-84-9953-233-2
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 371, 158 Seiten
Reihe: Teatro
ISBN: 978-84-9953-233-2
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Ángel Saavedra. Duque de Rivas (Córdoba, 1791-Madrid, 1865). España. Luchó contra los franceses en la guerra de independencia y más tarde contra el absolutismo de Fernando VII, por lo que tuvo que exiliarse a Malta en 1823. Durante su exilio leyó obras de William Shakespeare, Walter Scott y Lord Byron y se adscribió a la corriente romántica con los poemas El desterrado y El sueño del proscrito (1824), y El faro de Malta (1828). Regresó a España tras la muerte de Fernando VII heredando títulos y fortuna. Fue, además, embajador en Nápoles y Francia.
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Jornada segunda
Escena I
Representa una habitación interior del antiguo castillo de Alajuar; tendrá una ventana practicable que da al monte. A un lado se verán armas y municiones: al otro, un lecho de damasco, varios sillones antiguos y un bufete, Aparece María, sentada y pensativa
María¡Cielos!..., Felisa no viene,
y al verme en esta mansión
tan sola, mi corazón
un monte sobre sí tiene.
(Se levanta y se asoma a la ventana, y dice desde ella:)
Nada veo, no oigo nada.
Nadie descubro en la sierra.
Sin duda alguna la guerra,
¡plegue a Dios!, está acabada.
(Se retira de la ventana, vuelve al centro de la escena y se pasea inquieta.)
En tan ciego desconcierto,
en tan borrascoso mar,
¿dónde puedo luz hallar?
¿Dónde se me ofrece un puerto?
Sólo desastres advierto,
hallo sólo confusión
cuando quiere mi razón
anhelosa descubrir
el probable porvenir
de tan dura situación.
Si han los moriscos triunfado
en su intento criminal,
yo cristiana, yo leal,
¿puedo quedar a su lado?
¿A mi padre coronado
veré, y ser restaurador
de la impiedad, del error,
siendo fiel..., siendo cristiana...?
Dadme, ¡oh Virgen soberana!,
en tal conflicto favor.
Y si la justicia santa
de Dios prepara el castigo
a este bando, ¿qué enemigo
contra su ley se levanta?
Si confunde audacia tanta,
y en cadalso inicuo y vil
paga la raza gentil
el crimen de rebelión,
¿yo... a mi padre...? El corazón
se me hace pedazos mil.
(Pausa.)Aunque morisca, abrigando
tan noble sangre, podía
esperar ser algún día
la esposa de don Fernando.
Mas ya..., ¡infeliz!... ¿Cómo o cuándo
de un musulmán, de un traidor,
o vencido o vencedor,
pudiera esperar la hija
que para esposa la elija
un castellano señor?
¡Ay!... Al conseguir mi anhelo,
en el venturoso instante
en que tornaba mi amante
a coronar mi desvelo,
la hermosa luz de aquel cielo
negra nube me robó,
y esta borrasca tronó,
que del solio del Sol mismo
en tan espantoso abismo
mis dichas precipitó.
¡Mísera!... ¡Desventurada!
¡Con qué instinto tan certero
tuve por de infausto agüero
de mi amante la llegada!
Ya seré de él detestada.
Sí; su conciencia, su honor
le harán mirar con horror
mi raza; y ha de anhelar,
combatiéndola, expiar
haberme tenido amor.
Sólo un camino me queda
en tan angustioso apuro,
y lo seguiré, lo juro,
en cuanto seguirlo pueda.
Dios piadoso me conceda
su favor, y buscaré
un claustro, donde hundiré
esta vida sin ventura,
y en donde conserve pura
mi lealtad, mi honra y mi fe.
(Queda en profundo abatimiento, del que la saca repentino y lejano rumor de tiros y de cajas.)
¿Qué escucho...? ¿Nuevo rumor...?
Todo estaba hace un momento
tranquilo.
(Corre a la ventana y continúa desde ella mirando a una parte y otra.)
Gran movimiento
observo ya en rededor.
Crece el estruendo a lo lejos,
y de armados escuadrones
los yelmos y los pendones
deslumbran con sus reflejos.
Van por aquella ladera
tropas... ¡De mi padre son!
¡Cielos!... Nueva confusión
de mi pecho se apodera.
Mas ¿qué miro...? De la villa
nubes espesas de humo
se levantan a lo sumo:
espantoso incendio brilla.
A este castillo, azoradas,
las mujeres, que han bajado
al lugar abandonado,
regresan precipitadas.
Y mi buen ama Felisa...
Allí viene; sí, ella es.
(Agitando un pañuelo y en alta voz:)
Ama mía, corre, pues.
Yo te aguardo..., date prisa.
(Se retira de la ventana. Entra Felisa, muy fatigada y despavorida con una gran cesta llena de ropa y la pone sobre el bufete.)
María (Abrazándola.)¡Ama mía!
Felisa ¡Hija del alma,
hija mía, vengo muerta!
El retirarse las tropas
fue, sin duda, estratagema,
para coger en celada
a los moriscos dispuesta.
Y Dios sabe los peligros,
los afanes y las penas,
que a nosotras, infelices,
su cólera nos reserva
por mantenernos con ellos
en tan inicua revuelta.
MaríaPero ¿qué es esto?
Felisa María,
mis labios a hablar no aciertan,
que de terror y cansancio
vengo que respiro apenas.
Después de tan largos días
de afanes y de miserias,
de zozobras y de angustias,
al ver hoy a la primera
luz que las cristianas tropas
se retiraban con priesa,
abandonando la villa,
fui, cual viste, con diversas
personas a ver si acaso
de nuestras casas desiertas
algo aun salvarse podía,
trayendo a esta fortaleza
los víveres necesarios,
y que ya tanto escasean.
Llegar logré a nuestra casa,
desmantelada y abierta,
donde sólo hallé destrozos,
propios de tan cruda guerra.
Bajé, sin embargo, sola
con una luz a la cueva,
y el depósito hallé intacto
de ropas y de preseas,
que al abandonar la villa
escondimos en la tierra,
y de él traigo cuanto pude
recoger en esta cesta.
Entré a ver si algo quedaba
en la robada despensa,
cuando estruendo repentino
de cajas y de trompetas
me asaltó. Salgo a la calle
y cruzar miro por ella
a todas cuantas mujeres
como yo a dar una vuelta
a sus casas habían ido,
gritando: «¡Traición! ¡Sorpresa!
Y todas, como rebaño
que huye de voraces fieras,
corrimos a refugiarnos
a estas murallas, y apenas
tuvimos tiempo. Las tropas
del rey en la villa entran
de nuevo, y. según he visto
desde esas cercanas cuestas
dando a su justa venganza
atroz principio, la incendian.
María¿Y dónde mi padre...?
Felisa Estaba
con los suyos allí cerca,
y voló como valiente...
(Rumor lejano de cajas y de tiros.)
Y empeñada la pelea...,
sin duda... ¿No escuchas?...
María (Asustada.) ¡Ama!
Felisa¡Hija del alma! Si hubieras,
cual te aconsejé, dejado
a esta canalla perversa
y fugádote conmigo a un convento,
donde conmigo...
María (Afligida.) Ama, cesa;
no me destroces el alma.
¿En desgracia tan horrenda
abandonar yo a mi padre...?
Felisa (Desconcertada.)¿A tu padre...? Me atraviesas
el corazón..., ¡desdichada!
¡Tu padre!...
(Suena un cañonazo a lo lejos.)
María (Aterrada.) ¿Oyes...?
Felisa Sí.
María Se acerca
el estruendo de las armas.
(Corre a la ventana.)¡Ay Dios!... Ya vuela en pavesas
la villa toda... A esta parte
es la espantosa pelea...;
mas sus horrores me ocultan
esas...




