Quinn | Un mal comienzo | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 1, 400 Seiten

Reihe: Cane Brothers

Quinn Un mal comienzo


1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-19301-32-1
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, Band 1, 400 Seiten

Reihe: Cane Brothers

ISBN: 978-84-19301-32-1
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



«¿Cómo os conocisteis?». Es la pregunta que se hace a todas las parejas. Y la respuesta suele ser una historia maravillosa en la que se ven alcanzados de alguna forma por la flecha de Cupido. Digamos que la manera en que yo conocí a mi media naranja no es tan estupenda..., sino un poco diferente. Me encontraba paseando por un barrio rico de Beverly Hills, fantaseando con la idea de encontrar a un hombre que me permitiera hacerme pasar por su novia, ya sabéis, para poner celosa a mi ex mejor amiga y exjefa, que acababa de despedirme. Él, por su parte, doblaba la esquina, furioso, cual ogro ?un ogro muy guapo?, murmurando por lo bajo algo sobre un acuerdo comercial que le había salido mal y sobre cómo se las iba a arreglar para solucionarlo. Y fue entonces cuando literalmente nos chocamos. No hubo chispas. Ni siquiera una pizca de atracción. Pero lo siguiente que supe fue que me estaba invitando a nachos con guacamole mientras me explicaba todos sus problemas, lo que le llevó a hacerme una proposición: quería que yo fuera su Vivian Ward -ya sabéis, la chica de Pretty Woman-, salvo en la faceta más «juguetona». Estamos hablando de vivir juntos en una mansión, de salir a cenar con otras parejas y fingir que estábamos enamorados... y comprometidos. ¿Os lo podéis imaginar? Una auténtica locura. Pero es el tipo de locura que hace la gente cuando está desesperada. Y yo lo estaba. Así que accedí. Solo cometí un error, un error enorme: terminé enamorándome...

Rubia de corazón. Autora superventas del USA Today, esposa, madre adoptiva y amante de la mantequilla de cacahuete. Escritora de comedia romántica y de romance contemporáneo, Meghan Quinn da a sus lectoras la combinación perfecta de amor, humor y calor en cada uno de sus libros.
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1


Huxley

—¡Voy a asesinar a alguien, joder! —grito; lanzo la chaqueta del traje al despacho y doy un portazo.

—Parece que la reunión ha ido bien —comenta JP con ironía desde el ventanal de suelo a techo del despacho, donde está apoyado.

—Sí, parece que ha ido increíblemente bien —se ríe Breaker, tumbado en el sofá de cuero.

Ignorando el sarcasmo de mis hermanos, me tiro del pelo y me giro hacia la vista de Los Ángeles.

Es un día claro, la lluvia de la noche anterior ha eliminado parte de la nube de polución. Las palmeras se elevan hacia el cielo desde el borde de las carreteras, pero parecen pequeñas en comparación con el edificio donde se encuentra mi despacho, por encima del resto de la ciudad.

—¿Quieres hablar sobre ello? —pregunta JP, sentándose en una silla.

Me vuelvo hacia ellos; son mis hermanos, los dos idiotas que han estado a mi lado en las buenas y en las malas. Los que han soportado conmigo los altibajos de la vida. Los que lo han dejado todo para unirse a mí en esta alocada idea de liderar el mercado inmobiliario de Los Ángeles con el dinero que nos dejó nuestro padre al fallecer. Y hemos levantado este imperio juntos.

Pero las miradas de suficiencia que veo en sus rostros hacen que quiera echarlos de mi despacho.

—¿Os da la impresión de que quiero hablar de ello?

—No. —Breaker sonríe—. Pero, joder, como puedes imaginar, queremos oírlo todo.

¡Claro que sí! Porque fueron ellos los que me dijeron que no debía reunirme con Dave Toney.

Los que me dijeron que iba a ser una pérdida de tiempo.

Los que se rieron cuando les dije que tenía una reunión hoy con Toney.

Y los que se despidieron con un sarcástico «Buena suerte» cuando salí por la puerta.

Pero quería demostrarles que estaban equivocados.

Quería demostrarles que podía convencer a Dave Toney de que debía trabajar con Cane Enterprises.

(Spoiler: no lo he convencido).

Capitulo ante las miradas de mis hermanos, tomo asiento también y suelto un largo suspiro.

—Joder… —murmuro.

—Déjame adivinar: ¿no lo has encandilado con tu encanto? —pregunta Breaker—. Con lo agradable y simpático que eres…

—Toda esa mierda no debería tener importancia. —Doy un golpecito con el dedo en el reposabrazos de mi sillón de cuero—. Esto es un negocio, no un puto desfile de amistades y aduladores.

—Creo que este se perdió algunas clases en la universidad —le dice JP a Breaker—. ¿Fomentar las relaciones comerciales no abarcaba un curso entero? —Su sarcasmo me pone de los nervios.

—Creo que sí —responde Breaker.

—He ido y le he besado el culo, ¿qué más quieres?

—¿Te has puesto pintalabios? Estoy seguro de que a su novia no le hará gracia encontrar la huella de otros labios en su trasero. —Breaker sonríe.

—En este momento te odio. Te odio de verdad, joder.

—No nos gusta decirlo, pero te lo advertimos, hermanito —se regodea JP, mientras que Breaker suelta una carcajada—. Dave Toney no trabaja con cualquiera. Es un mundo aparte en esta ciudad. Son muchos los que han tratado de gestionar la gran cantidad de bienes raíces que posee, y todos han fracasado. ¿Por qué has pensado que tú serías diferente?

—¡Porque represento a Cane Enterprises! —grito—. Todo el mundo quiere trabajar con nosotros. Porque tenemos la mayor cartera inmobiliaria de Los Ángeles. Porque podemos convertir un edificio en ruinas en un negocio millonario en solo un año. Sabemos lo que hacemos, y Dave Toney, aunque tenga éxito, es propietario de unos terrenos muertos que están perjudicando el sector. Él lo sabe, yo lo sé, y quiero arrancarle esos terrenos de las manos.

JP se lleva los dedos a la barbilla, pensativo.

—¿Qué le has dicho exactamente? —pregunta—. Espero que no haya sido eso. Porque, aunque tu pequeño discurso me haya puesto los pezones duros, dudo que él agradeciera tu tono.

Pongo los ojos en blanco.

—He dicho algo parecido.

—Eres consciente de que Dave Toney es un hombre orgulloso, ¿verdad? —interviene Breaker—. Si vas por ahí insultándolo, no va a querer trabajar contigo.

—¡No lo he insultado! —grito—. Intentaba establecer una igualdad de condiciones, ya sabéis, que viera que soy un tipo bastante normal.

Mis dos hermanos hacen gestos burlones.

—Soy un tipo normal.

JP y Breaker intercambian miradas y se echan hacia delante, y sé lo que viene a continuación: el típico sermón que están deseando soltar. Les gusta hacerlo de vez en cuando.

—Sabes que te queremos, ¿verdad? —pregunta Breaker. Y así comienzan…

—Estamos aquí para apoyarte siempre que nos necesites —añade JP.

Me paso la mano por la cara.

—Dejad de joderme la vida…

—No eres normal. Eres cualquier cosa menos normal. Ninguno de nosotros lo es. Vivimos en Beverly Hills, nos invitan constantemente a estrenos y a fiestas de famosos, y hemos salido muchas veces en los titulares de Page Six. No hay nada normal en nosotros. Dave Toney, sí… Él es normal.

—¿Por qué cojones él sí lo es? —pregunto—. ¿Porque no lo invitan a fiestas de famosos?

Breaker niega con la cabeza.

—No, porque tiene los pies en la tierra. Porque es accesible. Podrías tomarte una cerveza con él en un bar sin sentirte intimidado. Tú eres todo lo contrario. Resultas llamativo.

—No soy llamativo.

JP señala mi reloj.

—Bonito Movado, ¿es nuevo?

Lo miro.

—Lo compré la semana pasada… —Levanto los ojos para encontrarme con las miradas cómplices de mis hermanos—. ¿No se me permite gastarme el dinero ganado honradamente con el sudor de mi frente?

—Claro que sí —me tranquiliza JP—. La forma en que vives tu vida es completamente aceptable. La casa, el coche, el reloj…, te lo has ganado todo y con creces, pero si quieres conectar con Dave Toney, vas a tener que ponerte a otro nivel. Y eso no significa que te reprimas, porque él ya te tiene calado. Ya sabe que eres un tipo llamativo, pero tiene que verte bajo una luz diferente.

—Ohhh, me gusta cómo suena eso —apostilla Breaker—. Una luz diferente. Eso es lo que necesitas. —Se da un golpecito en la barbilla—. Pero ¿cuál será esa luz?

Irritado, me levanto de la silla y recojo la chaqueta del traje del lugar donde la he tirado.

—Mientras vosotros dos, idiotas, pensáis qué puedo hacer al respecto, yo voy a comer.

—Ojalá Toney pudiera ser testigo de este momento, en el que Huxley Cane no le pide a su asistente que le traiga el almuerzo, sino que, como un hombre cualquiera, recorre las calles de Los Ángeles en busca de su propia comida… —elucubra JP.

Me pongo la chaqueta, a pesar del calor que hace fuera, e, ignorándolos, voy hacia la puerta.

—¿Podrías traerme algo? —me pide Breaker.

—Mándame un mensaje con lo que quieras —digo sin darme la vuelta.

—Con pepinillos. ¡Con muchos pepinillos! —grita JP mientras me acerco al ascensor por el pasillo de las oficinas. Por suerte, las puertas se abren ante mí, así que entro, pulso el botón del vestíbulo y me apoyo en la pared, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón.

Vas a tener que ponerte a otro nivel.

Ni siquiera sé qué significa eso. Soy un buen ejecutivo; he hecho tratos con mucha gente con la que me he llevado bien, pero también he negociado con personas que desprecio hasta el fondo de mi alma. La diferencia entre Dave Toney y yo es que me importa un carajo quién acepta mi dinero o de quién lo acepto yo. Los negocios son negocios, y si un trato es bueno, lo acepto y punto.

Hoy le he propuesto a Dave un negocio muy interesante; para ser sincero, mejor de lo que se merece. Y en lugar de estrecharme la mano y aceptarlo, se ha quedado sentado en el sillón de su oficina, rascándose la mejilla. «No lo sé. Voy a tener que meditarlo», me ha dicho después de un rato.

Meditarlo.

Que tiene que meditar mi puta propuesta.

Nadie tiene que meditar los tratos que les ofrezco; los aceptan, y agradecen al mismísimo Jesucristo poder hacer negocios con Cane Enterprises.

Atravieso las puertas del ascensor, me abro paso por el ajetreado vestíbulo y salgo del edificio de oficinas en dirección al delicatessen que está al final de la calle, a dos manzanas. No suelo enviar a mi ayudante, Karla, a que me traiga comida, porque me hace sentir como un gilipollas —a pesar de lo que la gente pueda pensar de mí—, y así disfruto del tiempo que me lleva salir para respirar aire fresco. Bueno, estamos en Los Ángeles, así que hablar de «aire fresco» es una exageración, pero me da un segundo para relajarme antes de volver a sentarme detrás del escritorio, donde controlo operaciones de miles de millones de dólares con el teclado.

Suena el teléfono en mi bolsillo y no me molesto en mirarlo, porque sé que son los pedidos de JP y Breaker. Ni siquiera sé por qué les he dicho que me envíen un mensaje, porque siempre toman lo mismo. Igual que yo. Un Philly cheesesteak con extra de champiñones. Y, por supuesto, con pepinillos. Es nuestro sándwich favorito. No lo comemos a menudo, pero, cuando vamos al deli, lo pedimos de forma habitual.

La acera está más transitada de lo normal. Es verano en...



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