Perez / Pérez | El Arcangel Pegaso | E-Book | www2.sack.de
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E-Book, Spanisch, 331 Seiten

Perez / Pérez El Arcangel Pegaso

La piedra del fin
1. Auflage 2013
ISBN: 978-980-12-6610-5
Verlag: Pedro Perez
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

La piedra del fin

E-Book, Spanisch, 331 Seiten

ISBN: 978-980-12-6610-5
Verlag: Pedro Perez
Format: EPUB
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Una aventura donde los épicos ángeles de una poderosa civilización son los protagonistas de la siempre existente guerra entre el bien y el mal. La luz ha de redimirse y los sueños de un joven ángel entrarán el conflicto con su destino. Místicos secretos y aterradoras criaturas aguardan en esta épica historia.

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Capítulo 1: Presentando al príncipe.
Más allá de las nubes, invisible para los humanos tanto en el día como en la noche, protegida por un manto mágico existe una ciudadela que viaja por el firmamento; majestuosa, celestial y pacífica como ninguna, la tierra de Arcadia. Un pueblo cuya arquitectura asemejaba la romana, sus pilares rodeados por el oro más puro, las calles de mármol pulido lindadas por verdes jardines cuidados diariamente de los cuales el rocío nunca desaparecía. La espuma que saltaba de las fuentes por el chocar del agua se confundía con la blancura de las nubes, sobrepasando los conceptos de cualquier manantial terrenal. La parte más importante de la ciudad era la plaza situada en el centro de la misma; no por las flores azules que crecían en ella; aunque parecen talladas en vidrio; no se comparaban con la enorme gema de color rojo carmesí que flotaba delicadamente en el centro de dicha plaza. Tal utopía jamás fue vista por ojos humanos, esta paradisíaca nación era el hogar de los arcanianos. Seres puros, correctos, honorables y poderosos; mejor conocidos como ángeles entre los mortales. Estos existían en el universo antes de que el sol comenzara a arder, decidieron apartarse del mundo de abajo construyendo Arcadia para así vivir lejos de los humanos y sus conflictos, puesto que ellos tenían un reto mayor que enfrentar. Ya que los arcanianos fueron creados en el núcleo de la luz para luchar contra la más grande manifestación de la oscuridad, El clan de la sangre negra. Según su ley, cada década las familias arcanianas preparaban a un miembro para representarles en su ejército; la academia real arcaniana. Llamado así debido a que la mayoría de los integrantes del mismo no sobrepasaban los 20 años, esto se debía a que se creía que entre los 15 y 20 años un arcaniano alcanzaba las capacidades óptimas para entrenarse en las diversas y crudas artes del combate. Todo núcleo familiar estaba en la obligación de cumplir tal mandato; la única excepción era la sangre real, la estirpe Pegaso, los fundadores de Arcadia. Para entonces, el rey era Exilon Pegaso; un arcángel de alas rojas como fuego, piel clara, pelo corto de color negro brillante, quién a pesar de tener más de los años que su rostro aparentaba; jamás una cana había brotado en su pelo. Sus ojos de tono gris azulado; casi plateado. Un estrato muy raro inclusive entre los ángeles de sangre más pura. Su esposa, la reina de Arcadia; llevaba por nombre Rasiel Mercurius: una serafina muy hermosa, con el cabello liso y tan rubio que parecía hilo dorado. Ver sus ojos y observar al bosque resultaba igual debido al vivo verde que estos irradiaban. Su piel tenía tono claro y suave como la arena del lecho marino y cuando hablaba parecía cantar por su suave y melodiosa voz. Al igual que su esposo; ella poseía alas, pero como la mayoría de los arcanianos con tales extremidades estas permanecían ocultas mágicamente en su espalda, pero listas para desplegarse ante cualquier emergencia. Exilon tampoco las tenía extendidas todo el tiempo, pero era más frecuente verlo con las alas abiertas que a su esposa puesto que, el color rojo de estas era un símbolo marcial y una marca de autoridad. La pareja tenía tres hijos: Galaxy, la hija menor, heredó casi todo el aspecto físico de su madre, a excepción de los ojos y la forma del peinado. Este era ondulado y largo, esparciéndose a nivel del cuello como una hermosa y dorada cortina. Sus ojos eran grandes, redondeados y azules. Curiosamente se podía observar la majestuosidad del planeta tierra al mirarle por tan solo un par de segundos, pues cada maravilla del mundo se reflejaba en su cuerpo. Nexus; el hermano del medio, tenía la piel pálida, el cabello ligeramente largo y un poco alborotado, de color negro y brillante como su padre, con los ojos azules también como los de su hermana. Finalmente; el hermano mayor; Millenium. De pelo rubio que bajaba por los lados hasta la cien, con algunos mechones más cortos dispersos por la frente, de una estatura que superaba levemente la usual a su edad, con la piel de su madre y los mismos ojos prodigiosos de su padre. Ninguno de ellos poseía alas desarrolladas al igual que muchos jóvenes arcanianos debido a la falta de experiencia. Para proteger a los hijos de la pareja real de cualquier amenaza, en su infancia temprana fueron aislados de todo el pueblo hasta cumplir cierta edad. Aunque Millenium había cumplido dicha edad; 16 años, sus padres decidieron dejar pasar dos años más para presentar al futuro rey de Arcadia junto con sus dos hermanos menores. El día de la presentación, toda Arcadia estaba concentrada al frente del palacio de la familia Pegaso a la espera de los pocos minutos antes de que el sol iluminara la plataforma y anunciara la nueva mañana. Había un enorme telón dorado desplegado en frente de la entrada principal. Todos aguardaban la presentación del futuro soberano, incluso su propia familia estaba esperando por él, ya que se encontraba retrasado. Normalmente en eventos especiales; los varones de la familia real vestían un traje de mangas largas y color azul oscuro, guantes de cuero marrón al igual que las botas, los pantalones largos, anchos y de color blanco, acompañado de una larga capa azul. Las mujeres; guantes de seda y vestidos completos con faldas largas y ostentosas de colores pasteles cuyas mangas se abrían con la gracia de una orquídea y formaban pétalos ondulados que regresaban a las muñecas sin tocarlas. Los pistilos se entrelazaban con el guante haciendo que pareciera una sola pieza al llegar al inicio de los dedos. El pecho del vestido tenía la forma de un pétalo de rosa, grueso en la parte superior y desgastando su ancho conforme bajaba a la cintura hasta plegarse al final de esta, con formas de flores de loto en las abultadas hombreras. Según estaba planeado toda la familia se mostraría ante los arcanianos apenas el sol resplandeciera sobre Arcadia. Exilon, Rasiel, Nexus y Galaxy aguardaban el llegar de tan anhelado momento con los nervios a flote. La reina sostenía una corona de oro en sus manos con la cual coronaría a su hijo mayor, jugueteaba de forma preocupada con esta al ver que él no llegaba. De repente, un soldado que estaba del lado de afuera del telón lo atravesó para hablar con el rey. -General…- Dijo a su majestad mientras le saludaba de forma marcial. -En 10 minutos el alba arribará, el comité quiere asegurarse de que estén listos.- Añadió de forma respetuosa. Exilon; que no había quitado la vista de su reloj de bolsillo hasta entonces, tomó aire para disimular su molestia ante la demora de Millenium y elevando la vista al soldado respondió. -Gracias soldado… dígale al comité que estamos preparados.- Luego volvió a ver su enigmático artefacto. Un peculiar reloj hecho de jade, con las manecillas de cobre al igual que los engranajes, con números romanos tallados sobre el jade y rellenos de oro. El soldado golpeó el suelo con su talón izquierdo. Tal movimiento era la señal de saludo de los soldados de Arcadia. Finalmente se retiró. Rasiel; que seguía inspeccionando la corona con sus manos en desesperación y preocupación preguntó para sí en voz alta. -¿Qué habrá pasado con Millenium? Ya casi es hora.- -Es un príncipe no una doncella.- Dijo Exilon en respuesta. -¿Qué acaso se está polveando la nariz?- Agregó sarcásticamente con ganas de subir la voz por la falta de respeto por parte de su hijo. -¡Disculpen la tardanza!- Se escuchó detrás del podio donde estaban. La voz era acompañada por pasos apresurados que cada vez se escuchaban más cerca. -¿Millenium?- Preguntó Nexus volteando la mirada y parte del torso hacia atrás. -¡Hermano!- Exclamó con tono exaltado Galaxy al reconocer la voz de su hermano mayor. Exilon finalmente guardó su reloj al escuchar a su primogénito venir, se volteó hacia el origen de los pasos con la mano en el bolsillo donde había puesto el objeto aun sosteniéndolo y dijo con tono acelerado al saber que el tiempo de la presentación estaba cada vez más cerca. -Ya era hora ¿tienes idea de lo mucho que…?- El rey arcaniano quedó atónito y no pudo completar la pregunta al ver que después de atravesar la parte trasera del telón, se apreciaba que su hijo mayor vestía una armadura de soldado arcaniano como el que había entrado hace poco y los que estaban apostados a los costados del telón haciendo de guardias. -¿Qué…qué haces con esa armadura?- Preguntó entre tartamudeos mientras lo veía de forma despectiva y exagerada de arriba a abajo varias veces. Millenium sonrió con calma mientras se colocaba el casco y respondía con paciencia. -Vamos padre, no es para tanto, ¿tan mal me veo?- Al oír esto Galaxy y Nexus se vieron entre sí solo rotando los ojos, soltando una pequeña y disimulada carcajada que fue interrumpida por su madre, estaba algo apenada con Exilon quien detestaba ser contradicho. -Hijo, hoy es el día en el que los presentaremos ante toda Arcadia, ¿quieres que conozcan al nuevo príncipe vestido así?- Preguntó Rasiel intentando hacer entrar en razón a su hijo. Pero este estiró los brazos por sobre su cuello mientras respondía. -No me tienen que presentar, no quiero ser príncipe.- Otra corta carcajada se escapó de sus hermanos menores a diferencia de la reacción del rey, quien enojado frunció el ceño; sacó la mano del bolsillo dejando el reloj dentro y le reclamó a Millenium diciendo. -¡¿Qué no quieres ser príncipe?! ¡¿Qué te has creído para tomar esa decisión tan a la ligera?!...



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