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E-Book

E-Book, Spanisch, 200 Seiten

Ortuño Mundanía


1. Auflage 2025
ISBN: 978-84-19805-83-6
Verlag: Ediciones Oblicuas
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, 200 Seiten

ISBN: 978-84-19805-83-6
Verlag: Ediciones Oblicuas
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



En esta antología de relatos, personajes en apariencia no vulnerables, atados a costumbres mundanas y con una mueca de deferencia hacia el cambio, van en búsqueda de una identidad que los construya. La Mundanía que se ofrece en estas historias tiene como objeto una catarsis de las personas anónimas que pueblan la sociedad actual, ya ronca con las palabras, casi huérfana de esperanza y rastrera por su propia naturaleza. En la vida no faltan momentos, ni circunstancias, nos gusten o no, que marcan la consecución de los siguientes pasos que encaramos. Y así, los diferentes personajes que pululan en las páginas de este libro transitan su propia andadura por recovecos que se van transformando y que nunca saben a dónde los llevarán.

El autor ha vivido la mayor parte de su vida por medio mundo. Ha obtenido diversos premios, ha sido finalista en certámenes literarios y ha publicado siete libros de narrativa breve y varios relatos en páginas y blogs, así como en más de setenta antologías con otros autores. Actualmente, reside entre Costa Rica y España dedicado a la consultoría en gestión de proyectos de cooperación internacional. Más info en aortunoc.wixsite.com/antusas
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Desde ambos lados


Busca trabajo en lo que fuere, y si tiene que desplazarse mucho desde el poblado no importa, hay que sacar algunos billetes para comprar comida para toda la familia, que no es pequeña, formada por sus ancianos padres, dos jóvenes hermanas con sus hijos y la suya propia de tres hijas con su compañera, que las cuida mientras él se va desde muy temprano y siempre regresa cansado bien entrada la noche. Es una rutina que se va haciendo crónica, sacrificio diario, dramático cuando no consigue echar unos jornales en ningún lugar.

Casi todos sus amigos habían desaparecido de la zona, y el motivo estaba a muchos kilómetros de distancia. De los que no ha tenido noticias dicen que desaparecieron del mapa durante el trayecto, o bien tragados por el mar o asesinados por bandidos sin piedad. Todos pagando además otro alto precio en dinero, que las ya instaladas mafias dueñas de la costa, desde la que se hace el último trayecto, exigen y es prácticamente imposible evitar.

Llevaba días rondándole por la cabeza que ya tenía que llegar su turno. La mayoría de la gente de su país seguía sufriendo situaciones extremas: las grandes temporadas de sequía que aumentaban la grave pobreza ya existente, y la corrupción de los que ostentan los gobiernos a todos los niveles, empezando por el omnipresente rey que vive en palacios de ensueño y para el que no presenta problema que sus vasallos huyan del país, por lo menos así mandarán remesas y no tendrá que hacerse cargo de ellos. Con todo ello, no encontraba otra alternativa que la de marcharse.

Se siente fuerte y dispuesto, quiere llegar al otro lado donde la vida es bien distinta, hay oportunidades, lo ha escuchado de mucha gente y lo ha visto en la televisión en el pequeño bar del poblado al que acude los feriados después del rezo. Su familia lo entenderá, y reunirá dinero de todos, entre los vecinos, amigos, hasta del viejo prestamista del lugar, a los que devolverá con intereses. No faltará mes en el que no dejará de mandarlo, y tan pronto pueda y se establezca en un buen lugar, volverá para llevarse consigo al menos a su compañera esposa e hijas, para que allí tengan una buena educación y prosperen.

Con ese pensamiento volvía caminando, ya de noche, tras un largo y caluroso día en el que apenas había conseguido dinero para comprar alimento suficiente para todos. La tierra que tienen alrededor de la casita apenas produce, pues la sequía no cesa y el agua es muy escasa, apenas da para el aseo personal y la comida. El pozo más cercano queda a varios cientos de metros y hay que aguardar una larga fila, cuando no pagar algo de dinero al que dice ser dueño del lugar en el que está.

Cuando regresó ya todos estaban durmiendo, salvo ella, que entre bostezos tenía preparada una sopa de mandioca con leche de la cabra, que junto a unas pocas esqueléticas gallinas forman a su manera también parte de la familia que vive en la choza.

Después, no pudo pegar ojo en toda la noche pensando en la decisión que tenía que tomar, cómo decírselo a los demás y si podría conseguir el dinero que necesitaría. No pensó en ningún momento en el otro tipo de dificultades que la propia decisión de irse conllevaría, no dudaba en que él podría acometer el largo viaje y los peligros no se le presentarían en ningún momento, porque era muy fuerte y tendría además especial cuidado con todo.

Antes del amanecer vuelta a empezar, pero hoy tenía que dedicar ya tiempo a preparar el viaje. Su compañera esposa ya sospechaba algo, lo conocía muy bien y sabía que algo estaba tramando, lo peor es que imaginaba lo que era. Aguantaría hasta la noche para confirmar su presentimiento.

Lo primero que hizo fue visitar al único que conoce de la zona que ha vuelto después de bastante tiempo de estar al otro lado, como lo llaman en su lengua local. No le pintó las cosas muy fáciles y sobre todo le hizo hincapié en las dificultades antes de llegar que convertía el viaje en algo muy peligroso, especialmente por las bandas y las mafias que engañan a todo el mundo.

Le contó que él tuvo mucha suerte, a pesar de todas las adversidades y de alcanzar la orilla sin fuerzas cuando la barca se rompió antes de alcanzarla. Vio a mucha gente pasarlo francamente mal y hasta morir. Una vez que alcanzó el otro lado la suerte le sonrió porque logró dar con gente buena que lo ayudó, tanto de otros países como locales, pero que no siempre es así, pues conocía de muchos casos que lo pasaban increíblemente mal.

Más animado que nunca se atrevió a pedirle algo de dinero al experimentado inmigrante, pero este se negó porque no quería ser parte si algo le sucediera, aunque también le indicó que tenía que saldar las deudas con aquellos que le habían prestado dinero cuando salió la primera vez. Lo necesitaría igualmente para volver, pues su deseo no era quedarse y quería llevarse consigo al menos a sus dos hijos y esposa que tanto lo habían esperado.

La historia comenzaba en ese momento, no le será fácil recolectar dinero y estar listo para partir. Sabía que tenía que pasar por ahí, no había otra salida, puesto que si lo intentaba por su cuenta ya le habían advertido que la dificultad sería todavía mucho mayor. Su nuevo amigo lo había confirmado, debía de pasar por las manos de los que se están aprovechando de este ya negocio, tanto funcionarios de distinto rango y garantes de las fronteras, como de bandidos sin escrúpulos y grupos de mafias que con sus pequeños barcos de madera a rebosar se llenan los bolsillos con el dinero de gentes que sueñan que llegarán al paraíso.

En ese paraíso se vive otro sueño, el de la abundancia y moderna prosperidad, que empieza a ver tambalear sus estructuras. Vieja tierra de territorios, con una larga historia siempre regada de sangre propia y ajena, producto de veleidades de odio por sobresalir unos sobre los demás. Encerrada en sí misma, aunque pretenda tener la puerta medio abierta y ser acogedora de ajenos.

La juventud vive como nunca su sueño virtual, el futuro parece ser vivir inconscientemente el presente, el pasado no lo conoce. No hace falta adoctrinarla, ya nace y se acostumbra con beneplácitos favores. Mientras sus padres y abuelos en el pasado, no tan lejano, cuidaban de sol a sol de los campos y hacían los trabajos duros en las ciudades, hoy día apenas los pisan y en la ciudad son meros espectadores. Se está acostumbrando a vivir de la teta de los padres y del estado benefactor, pegada a maquinitas robot como la droga de moda.

Hoy se levantó tarde como de costumbre, le espera un largo día en el que dejará pasar el tiempo hasta que llegue la noche para pasarla nuevamente con la pandilla. Mientras tanto, discurrirán minutos, las horas, en las que en lo cotidiano se ha instalado ya parte de la solución para salvar los campos y hacer los trabajos que nadie quiere ni desea, y todo a pesar de una gran tasa de desempleo y en especial entre la juventud. Contradicción.

Es una paradoja de la que no tienen culpa los que llegan a cumplir en su mayoría un sueño. No todos de este lado ven esta situación de la misma manera, y ello está contribuyendo al ya cierto desequilibrio en la normalidad placentera en la que en gran parte del continente ha venido estando por décadas.

Se le irá el día, las semanas… y en su boca es posible que ponga alguna crítica funesta o baladí a la situación, echando la culpa a los gobernantes, al sistema, a lo que sea menos a él mismo, pero apenas le faltará lo necesario para vivir de una manera ciertamente cómoda.

Al otro lado, en el país subdesarrollado como suelen etiquetarlo marcando de entrada diferencias, el joven emprendedor ya va camino de su larga aventura. Los primeros días ya son apenas un anticipo de lo que le espera. Noches durmiendo a la intemperie, con un ojo abierto y agarrado a sus pocas pertenencias, incluido el dinero recaudado, en previsión de bandidos o animales salvajes.

El trayecto lo viene haciendo como puede entre largas caminatas y en transporte cuando consigue el de algún samaritano. Es consciente de que no es el único que emprende la aventura, y a la menor oportunidad de encontrar a alguien como él tratará de convencerle para que la emprendan juntos.

Quedan por delante semanas de sacrificio, y tiene que intentar llegar al lugar desde donde pretende tomar un barco antes de la entrada del invierno. Va contrarreloj, y en las fronteras del camino que no tiene más remedio que tomar no se lo están poniendo nada fácil.

El día a día de dos continentes frente a frente, convulsionados por la arrogancia y la insensatez humana, atrapados en sus propias cajas de pandora, que ciertamente no son tan diferentes como pareciera. Ambos ven pasar el futuro de generaciones paralelas, y en los que guardando siempre las distancias distan mucho de coincidir o chocar con la perpendicularidad. El sacrificio y la dificultad son reales, aunque de un lado la burbuja siga flotando alta.

Exhausto, sin dinero y apenas pertenencias, vomitando lo que no tiene en el estómago, se retuerce de dolor y miedo. En la vieja barca no cabe un alfiler, aunque alguno ya la ha abandonado. La madre naturaleza no entiende de favores ni oraciones, y la tormenta en el mar se encargará de hacer el último trayecto, uno hermanado con la muerte.

Se divisa finalmente a pocos cientos de metros las luces de una ciudad, y el encargado de la barca ordena con enfurecidos gritos a echarse al agua a los que todavía sobreviven, y de ahí seguir nadando hasta la playa, aunque ninguno sabe nadar. La suerte, quizá la única en todo el trayecto desde que salió, apareció en forma de...



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