E-Book, Spanisch, 302 Seiten
Muller La tiranía de las métricas
1. Auflage 2025
ISBN: 978-607-16-8860-6
Verlag: Fondo de Cultura Económica
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
E-Book, Spanisch, 302 Seiten
ISBN: 978-607-16-8860-6
Verlag: Fondo de Cultura Económica
Format: EPUB
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Jerry Z. Muller es profesor de historia en la Universidad Católica Americana. Escribe artículos sobre historia, filosofía, capitalismo, historia social y económica e historia moderna germana y judía. Es autor de Professor of Apocalypse (2022), Capitalism and the Jews (2010), Conservatism (1997), Adam Smith in His Time and Ours (1995) y Th e Other God that Failed (1988).
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PRÓLOGO
A LA EDICIÓN DE BOLSILLO
Cuando le expuse a uno de los lectores del manuscrito original de La tiranía de las métricas que estaba escribiendo un prólogo para esta edición de bolsillo, me sugirió que adornáramos la portada con la frase “¡Ahora con más tiranía!” La propuesta se hizo en broma. Pero cuanto más pensaba en ello, más convincente me parecía. Desde la publicación original del libro he recibido un flujo constante de reacciones de personas de una variedad de profesiones y estilos de vida, todas agrupadas bajo un tema común: “La situación es incluso peor de la que presentas”. Dicen que lo que he denominado “fijación en las métricas”, es decir, la obsesión por las métricas, está más extendida, ha arraigado más profundamente y resulta más opresiva de lo que sugiere este libro.
El libro no trata sobre los males de la medición del desempeño humano o de la recompensa otorgada al rendimiento o de la transparencia. Versa sobre una “fijación por las métricas”, una perversión de éstas, basada en creencias que al principio parecen razonables, pero que en la práctica resultan irracionales. El título, La tiranía de las métricas, no pretende transmitir el mensaje de que las métricas son intrínsecamente tiránicas, sino el de que se utilizan con frecuencia de formas disfuncionales y opresivas.
La obra pretende articular en términos científico-sociales el sentimiento de frustración e insatisfacción que muchas personas tienen con las organizaciones en las que trabajan, incluso cuando —de hecho, especialmente cuando— apoyan las metas y los propósitos fundamentales de esas organizaciones. Busca dar voz a lo que muchos dicen sotto voce entre colegas, pero detestan proclamar públicamente, para que sus superiores organizativos no los identifiquen como enemigos del progreso… donde el progreso se define en términos de fijación en las métricas.
El libro es difícil de encasillar; en conversaciones con mi editor sobre cómo clasificarlo, abogamos en forma convincente en favor de colocarlo bajo el rubro de “asuntos de actualidad” (ya que trata de asuntos de políticas públicas); en el de la sociología, pues aborda las estructuras sociales; en el de la ciencia política, ya que se ocupa del poder y el control; en el de la economía, ya que trata de incentivos, y en el de comportamiento organizacional, pues explora la motivación dentro de las organizaciones. El libro también se basa en la historia y la filosofía de las ciencias sociales, puesto que gran parte de él se refiere a creencias cambiantes sobre lo que cuenta como conocimiento auténtico y no auténtico, incluida la creencia de que los números son objetivos, científicos y confiables, mientras que el juicio es sospechoso.
Asimismo, es, a su manera, un libro de gestión empresarial. Pero, como me di cuenta después de terminarlo, se trata de un libro sobre la gestión vista en buena parte desde la perspectiva de lo gestionado, lo que lo distingue de la mayoría de las publicaciones de ese género. Y, a diferencia de la mayoría de los libros de negocios —que tienden a ser optimistas y joviales, y prometen alguna técnica nueva que revolucionará la propia organización—, este libro tiene un tono más crítico y promete menos una panacea que un antídoto contra la venenosa charlatanería que se vende bajo las etiquetas de la medición, la rendición de cuentas y la transparencia.
Los capítulos de la mitad del libro exploran el uso adecuado y el uso indebido y frecuente de métricas en una variedad de campos, incluidos la educación, la medicina, la supervisión del orden público, el ejército y los negocios. Esos capítulos intentan ser ilustrativos de los procesos y problemas más amplios que anatomiza el libro. De ninguna manera pretenden ser definitivos. Una vez que los lectores informados hayan entendido los patrones generales de cualquiera de estos ámbitos, podrán agregar muchos más ejemplos propios, mientras que otros identificarán áreas adicionales en las que las consecuencias de la fijación en las métricas son graves.
De hecho, algunos lectores del libro me han hecho ver su relevancia para los deportes y la publicidad. Los lectores que eran seguidores concienzudos del béisbol profesional o amantes aficionados del deporte me escribieron sobre la transformación del béisbol de las grandes ligas ocasionada por el creciente dominio de la fijación en las métricas. Durante mucho tiempo las métricas han desempeñado un lugar en la gestión y entrenamiento del deporte, pero su uso se ha vuelto cada vez más predominante en los últimos años. La función de la “sabermetría” fue narrada por Michael Lewis en su libro Moneyball (2003), que relata la forma en que la dirección del equipo de béisbol Oakland Athletics utilizó las métricas para mejorar el estatus de la agrupación. Desde entonces se determinó, por razón de análisis métrico, que los equipos tenían más probabilidades de anotar por medio de jonrones que mediante una serie de hits de base. Instruidos por analistas educados en métricas, ahora se enseña a los bateadores a concentrarse en los “ángulos de lanzamiento” que tienen más probabilidades de producir un jonrón, en lugar de en una serie de hits de base, y están dispuestos a aceptar más eliminaciones por strike. El resultado ha sido la racionalización métrica del béisbol profesional. El juego es mucho más regular: hay menos hits de base, por lo tanto, menos corredores de base a base y menos bases robadas. Sin embargo, eran los elementos irregulares del juego los que proporcionaban gran parte de su emoción: esos hombres corriendo por las bases y el suspenso de si llegarían a la última base. El resultado es un juego que es más aburrido de ver, lo que reduce su audiencia. Como señaló Alan Jacobs en una reseña de mi libro, un aficionado informado, pero ahora desilusionado del deporte, el béisbol de las grandes ligas proporciona un ejemplo revelador de la tendencia de la fijación en las métricas a dirigir “nuestras preguntas, pensamientos e inquietudes en la dirección de las técnicas existentes de medición y evaluación”.1
En la publicidad contemporánea las tendencias ilustran el fenómeno del “sesgo de mensurabilidad”, la inclinación a preferir opciones sólo porque pueden medirse más fácilmente. En lugar de involucrarse en el desarrollo de la marca mediante la publicidad en una amplia gama de medios, por ejemplo, las empresas prefieren cada vez más anunciarse sólo en lugares que brindan una “respuesta directa”, haciendo clic en enlaces, con el argumento de que éstos pueden medirse, mientras que no es posible medir el efecto de vallas publicitarias, anuncios de televisión o en periódicos. Con base en la lógica de que sólo vale la pena hacer lo que es medible, las empresas están trasladando sus gastos publicitarios a plataformas en línea como Google y Facebook, que controlan el seguimiento de anuncios en Internet. Eso, a su vez, ha llevado a un fraude publicitario masivo, en forma de “bots” que engañan a los anunciantes al crear sitios falsos en línea que generan clics y, por lo tanto, ingresos publicitarios.2
Asimismo, el sesgo de mensurabilidad es cada vez más prominente en la ayuda exterior, donde, como en tantas áreas, conduce a centrarse en los resultados a corto plazo sobre los beneficios a largo plazo. Tomemos el caso del desarrollo de los recursos hídricos, un tema urgente en muchas naciones. En una época, el apoyo estadunidense para el desarrollo se centró en ayudar a establecer sistemas de gestión del agua, actividades complejas necesarias para proporcionar un suministro continuo de agua sostenible en países donde poblaciones urbanas en rápido crecimiento plantean demandas crecientes. Éstas incluyeron el desarrollo de presas y sistemas de riego, así como de políticas que incentivaran la conservación y desalentaran el acaparamiento, la contaminación y el cultivo de productos que sobrecargan los suministros de agua. Pero, bajo la presión del Congreso para obtener resultados mensurables y ciclos de financiamiento basados en el desempeño, la Agencia Estadunidense para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés: U. S. Agency for International Development) se enfocó aún más en lo cuantificable en lugar de hacerlo en lo importante. En vez de financiar actividades complejas de gestión del agua a largo plazo, el Departamento de Estado se centró con más frecuencia en proyectos de saneamiento (grifos e inodoros), que se cuentan con facilidad.3
Los efectos distorsionadores de la presión por resultados cuantificables también son evidentes en el ámbito de la filantropía, a la que se dedica un breve capítulo de este libro, pero sobre la que hay mucho más que decir. La filantropía está cada vez más dominada e influenciada por instituciones como la Fundación Bill y Melinda Gates. Una vez que las preferencias han quedado establecidas por aquellos que han hecho su fortuna en tecnología y finanzas (campos en los que el desempeño medido es la moneda oficial), los fundadores las transfieren a sus organizaciones filantrópicas, poniendo énfasis en los resultados cuantificables. Se pretende apuntar principalmente a lo que puede medirse con mayor facilidad, a expensas de mejoras difíciles de medir o que sólo son influyentes a largo plazo. Estos gigantes filantrópicos, a su vez, marcan la pauta no sólo para las organizaciones filantrópicas más pequeñas, sino también para las agencias gubernamentales...




