Moreto Y Cabaña | Santa Rosa del Perú | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 301, 142 Seiten

Reihe: Teatro

Moreto Y Cabaña Santa Rosa del Perú


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-823-0
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 301, 142 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-823-0
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En esta pieza Agustín Moreto y Cabaña relata la historia de Santa Rosa del Perú, quien vistió en 1606 el hábito de Terciaria Dominica y se recluyó en una cabaña. Llevaba sobre la cabeza una cinta de plata, cuyo interior era una corona de espinas. Su amor a Dios era tan ardiente que, cuando hablaba de Él, cambiaba el tono de su voz y su rostro se encendía. Durante quince años sufrió la persecución de sus amigos y conocidos, mientras su alma se sumía en la más profunda desolación espiritual. El demonio la molestaba con violentas tentaciones y el único consejo que supieron darle aquellos a quienes consultó fue que comiese y descansase. Más tarde, una comisión de sacerdotes y médicos la examinó y dictaminó que sus experiencias eran sobrenaturales. Rosa pasó los tres últimos años de su vida en la casa de don Gonzalo de Massa, cuya esposa le tenía particular cariño. Durante la enfermedad que precedió a su muerte, rezaba: 'Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor'. Murió el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años de edad.

Agustín Moreto y Cabaña nació en Madrid, 9 de abril de 1618 y murió en Toledo, 28 de octubre de 1669. España. Dramaturgo y religioso español. Su nombre completo es Agustín de Moreto y Cavaña. Estudia en Alcalá de Henares y se ordena sacerdote en 1643. Capellán del Hospital de los Pobres de Toledo. Fernando IV lo nombra 'poeta de la corte'. De su abundante producción literaria se conservan actualmente sesenta y siete comedias y treinta y dos piezas cortas entre entremeses, bailes, etc. Muy influido por la técnica escénica de Lope de Vega. Como muchos dramaturgos de su época, reelaboró comedias anteriores suprimiendo los defectos que iba encontrando.
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Jornada segunda


(Sale don Juan.)

JuanYa el fuego que me abrasa,

ladrán cruel de mi feliz sosiego,

a desesperación violenta pasa,

dejándome más ciego,

con lo imposible de enmendar mi daño,

no pudiendo encontrar el desengaño.

Los pasos de aquel hombre cauteloso,

que de Rosa galán, tuvo osadía

para salir a defender brioso,

a sus umbrales sigo noche, y día,

sin poder el valor, ni el artificio,

de este galán fantasma darme indicio.

El tiempo, y la paciencia

pierde mi amor, que crece con los celos,

y ellos con no llegar a su presencia.

¿Quién será este hombre, cielos,

tan osado, y cobarde?

(Sale el demonio.)

Demonio Todo cabe

en mi malicia, que juntarlos sabe,

mas en vano lo intenta mi desvelo,

pues tengo contra mí el favor del cielo.

Ya Rosa ha conseguido.

que hayan del casamiento desistido,

y que de Dios la dejen ser esposa,

y lo que más enciende mi cuidado,

y con furia rabiosa

estorbar he intentado,

es que de Siena el cielo la destina

a ser imitación de Catalina.

Pues como ella a sus padres ha sufrido,

por no querer hacer el casamiento,

tantos castigos, que los ha rendido

a su dictamen, con el sufrimiento,

pues ya de castigarla se han cansado,

y a Don Juan con su queja le han dejado.

Y aunque por mil caminos lo he emprendido,

estorbar no he podido

que el hábito tomase de Tercera

de Domingo, porque esta es la carrera

a que la tiene el cielo destinada,

y es mi pena doblada,

porque esta religián me hace más guerra,

que todo lo excelente de la tierra.

A tanto extremo pasa

de esta flaca mujer la fe valiente,

que en su huerto labró una celda escasa,

donde está penitente,

a todo humano trato tan negada,

que aun de sí misma vive retirada.

Allá de Dios está tan asistida,

que a las plantas, las aves, y las flores,

cada día a alabar a Dios convida,

y todas dicen rústicos amores,

y aun hasta los mosquitos con el ruido

hacen su consonancia de zumbido.

Mas su mismo retiro

ha de valerme para su caída,

pues con los celos de su amante aspiro

a verla tan perdida,

que escándalo ha de ser aun del profundo,

la que hoy admiración del Nuevo Mundo.

Éste es su amante, introducirme quiero

con él, porque se logre de mi cuidado.

JuanEsto es de desesperar.

Demonio Ah, caballero.

Juan¿Quién llama? Extraño asombro me ha causado

la voz de este hombre. ¿Si será este acaso

el que causa el incendio en que me abraso?

DemonioDe haberos visto aquí tan asistente,

inquieto, descompuesto, y receloso,

me he atrevido a pensar, que vos valiente

buscáis un enemigo cauteloso,

que se os esconde, y le buscáis en vano,

porque no le ha de ver desvelo humano.

Juan¿Pues quién es, que es de hallar tan imposible?

DemonioEs el mismo inventor de la cautela.

JuanSea quien fuere, ¿acaso es invisible?

DemonioHaced cuenta que sí, pues os desvela

también que en esta casa su osadía,

entra, y sale, sin verle cada día.

Juan¿Cómo es posible, cuando yo velando

noches, y días, a buscarle asisto,

y cuanto sale, y entra, registrando,

de hallarle señas, ni esperanza he visto?

DemonioÉsa es la maña, porque sale, y entra

por delante de vos, y no os encuentra.

Juan¡Viven los Cielos, que eso es increíble!

DemonioPues por eso el hallarle es imposible.

Juan¿Quién sois vos, que tenéis tanta noticia

de sus cautelas, y de mi cuidado?

DemonioYo no quiero encubriros mi malicia,

porque de él más que vos soy agraviado,

y en materia más alta, que en amores,

pues sin honra me tienen sus rigores.

Mas si queréis que os logre la venganza,

de poneros con él, y ver logrado

vuestro amor, y de Rosa la mudanza,

os habéis de fiar de mi cuidado,

sin saber queréis de mis secretos,

que lo que os descubrieren los efectos.

JuanSólo os he de pedir una licencia

de preguntaros, pues habláis de Rosa,

¿qué estado tiene la correspondencia

de ese que tuvo suerte tan dichosa?

Porque a la Rosa todo el mundo estima,

y su virtud venera toda Lima.

DemonioEsa virtud es toda hipocresía,

y con ella disfraza el fuego ardiente

del amor que a su amante sólo fía,

por él se ha puesto en traje penitente,

y tanto de su amor es el delirio,

que su vida por él es un martirio.

Es tan cruel su amante, y tan tirano,

que no quiere que a nadie bien parezca,

y la obliga a un amor tan inhumano,

que hace que aun a sí misma se aborrezca,

y el día que su amor la comunica,

ningún alivio a su sustento aplica.

En contemplar en su tirano dueño

pasa días, y noches, solamente

le hurta dos horas, que le paga al sueño,

y aun soñando también está presente,

y es su amor a su amante tan atento,

que no respira, sino con su aliento.

Cuando le espera, y se halla desvelada,

de su dolor haciendo la defensa,

la madeja del pelo a un clavo atada

en el aire se deja estar suspensa,

con las puntas del pie tocando el suelo,

que tan costoso es de su amor el vuelo.

La cama en que descansa las dos horas

es de unos leños desiguales secos,

que de cascos, y puntas cortadoras,

en vez de lana están llenos los huecos,

adonde para no hacer pesado el sueño,

su mismo cuerpo trata como al leño.

De amargas hieles hace la bebida,

y de yerbas silvestres el sustento.

Cuando es muy regalada su comida,

es pan hervido en agua solamente,

y a veces sólo come su osadía,

cinco pepitas de naranja al día.

No habrá lengua que explique los rigores

con que se aflige, y a su amante agrada,

dando a entender, que en solo sus amores

con tantas penas vive consolada,

que su amante crúel en tantos duelos,

de qualquier gusto suyo tiene celos.

En este estado está el amor de Rosa,

pasando con rigor tan increíble,

una vida que es muerte dolorosa.

(Aparte.)(¡Ah, pesar de mi rabia! ¿Que es posible,

que cuando es deshonrarla mi desvelo,

a contar su virtud me obliga el Cielo?)

JuanAbsorto estoy de oír amor tan raro,

y resistir la pena no pudiera,

a no tener la duda por reparo;

¿Ese amante cruel es hombre, o fiera?

DemonioHombre es, tan hombre, para que os asombre,

que todo mi rencor es, porque es hombre.

Juan¿Pues cómo cabe en corazón humano

tan bárbaro, y sangriento desatino?

DemonioComo tiene un amor tan soberano,

que se trata con fueros de divino,

mas vos lo habéis de ver.

Juan Tened, que viene

un hombre que ocultárselo conviene.

(Sale don Gonzalo.)

Gonzalo Mucho me alegro, don Juan,

de veros en esta casa,

si ya obedeciendo al cielo,

de vuestro enojo es templanza.

Juan (Aparte.)(Disimular me conviene

hasta lograr mi venganza.)

Don Gonzalo, las pasiones

dándoles tiempo se...



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