E-Book, Spanisch, Band 857, 204 Seiten
Reihe: Colección Popular
Mond Los que deben morir
1. Auflage 2022
ISBN: 978-607-16-7531-6
Verlag: Fondo de Cultura Económica
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 857, 204 Seiten
Reihe: Colección Popular
ISBN: 978-607-16-7531-6
Verlag: Fondo de Cultura Económica
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Félix Mondéjar Pérez (Matanzas, 1941), mejor conocido como F. Mond, es un reconocido escritor cubano de ciencia ficción. En 1979 publicó Con perdón de los terrícolas, la primera obra de su reconocida serie sobre el planeta Korad y la Tierra. Ese mismo año obtuvo la mención en Literatura de Ciencia Ficción del Premio David. Además de novelas, también ha escrito en publicaciones periódicas. Entre sus obras destacan Krónicas koradianas (1988) y Holocausto (2000). Su más reciente obra se titula Hasta que la muerte nos una (Gente Nueva, 2017).
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II
MARÍA no puede evitarlo. Cada tarde, al ponerse el sol y quedarse sola, sus recuerdos se vuelven llanto estremecedor. Y esta tarde más que otras: víspera de su regreso a Nazaret, de donde sabía que no habría de volver. Y es como una despedida a la Ciudad Santa que había visto sus obras y oído su palabra…
La llevaron a vivir justo frente a la puerta de la muralla por la que salió de Jerusalén en su último día de vida. ¿Para qué lo hicieron? Para que ella y su pesar también formaran parte del culto en ciernes. Te llevaron y “colocaron” allí como el objeto símbolo del dolor de la madre que vio padecer al primero de sus hijos, escarnecido a salivazos por una multitud que antes lo adoró con la misma histeria que entonces lo maldecían a él y a sus doce capitanes “fieles”, aquellos que lo dejaron solo la noche de la traición… Y no podía evitar que las palabras salieran de su boca, una vez más, en amargo reproche, sin saber a ciencia cierta a quién iban dirigidas, si a sí misma, para que la acompañen en su soledad, si a la ciudad entera, si al propio Dios por haber permitido tanta crueldad…
“Y luego, aquellos que debían protegerlo, echaron a volar el rumor de su resurrección porque se halló el sepulcro vacío: revuelo escandaloso que provocó la ira de Pilato y desató la persecución contra ellos mismos, acusados de profanadores de tumbas. Sin embargo, pasado un tiempo prudencial, fueron reapareciendo para agruparse de nuevo y ponerse de acuerdo, según afirmaban, con el dictado de sus palabras, porque no sólo se limitaron a decir que lo habían visto resucitado, sino que estuvo entre ellos durante cuarenta días y hasta cenaron juntos… ¡Mentira! Y bien lo sé. Si a alguien vendría primero, trascendiendo la muerte, sería a mí, aunque nada más fuera para servirme de consuelo por un instante… Pero ni en sueños lo he vuelto a ver. Ni lo veré más; a nadie mejor que a mí le consta que está muerto. Yo sí metí mis dedos en la herida del costado para lavar con mis propias manos la sangre reseca antes que empezara a pudrirse. ¡Que no venga ahora con sus embustes ese sabihondo de Tomás! Ni quieran volverme loca pretendiendo hacerme creer que, una semana después de Pentecostés, los iluminó su espíritu y hablaron y se entendieron en extrañas lenguas judíos y gentiles conversos. ¡Todo fue una gran patraña…! Bien que se lo advertí cuando fueron a buscarlo a Nazaret para llenarle la cabeza con todas aquellas ideas locas, para proponerle liderar el grupo… “Que todo había sido muy bien preparado desde Jerusalén…”, “que simularía ser profeta…”, “que hasta aparentes contradicciones entre su palabra y los doctores de la ley encubrirían el verdadero propósito…” Y yo, tratando de convencerlo de que, no obstante los fines a alcanzar, mi instinto de madre no me dejaba tranquila y le decía que algo oscuro se ocultaba detrás de todo aquello, que no se fiara… Mil veces le rogué, hasta lo reprendí… Ya no me quedaba nada por hacer… Y llegó el día en que lo vi partir, irradiando dicha, parecía en verdad aquel de quien las Sagradas Escrituras dijeran: “Andarán las gentes a tu luz…” Miren, al pasar los años, en qué se ha convertido aquella luz: en un sucio juego con mi dolor… Y con el de todos los que en verdad creyeron en él.
”De ahí que no me reprochen haber recogido mis pocas cosas y esperar a que Jaime me lleve de vuelta a mi querida Galilea, de donde sólo salí una vez y fue para verlo padecer, clavado en una cruz, junto a un par de ladrones. Que no trate de persuadirme Simón Pedro, su segundo, “su más fiel seguidor”, el que lo negó tres veces en el patio de Caifás mientras esperaba el juicio, al calor de la misma hoguera donde se reunían los que más tarde debían desgañitarse clamando su muerte. No siento que lo traiciono si ése me dice que le vuelvo la espalda a las palabras de mi hijo, que cómo voy a abandonar la congregación, si soy ejemplo de sacrificio para todas las madres, como él lo fue para todos los hombres. No, no me dejaré engatusar: el que hoy se jacta de ser la “piedra” sobre la cual debe erigirse la hermandad de sus seguidores no es más que un burdo farsante que ni siquiera sirve para guiar a su propia familia. Y eso de la “comunidad de bienes”, amparándose en el ejemplo que diera él —fuera falso o verdadero— bien sé que dista mucho de ser cierto. Viudas, cuyos esposos, antes de morir, lo vendieron todo y lo depositaron a los pies de ellos, mendigan hoy por los portales del Templo… Y, donde al principio cada cual aportaba su trabajo en favor de todos, ahora ya se pretende que ciertas figuras dejen sus oficios…, y sean pagados de la caja común, para dedicarse a determinadas funciones…
”Me apartaré de todo esto, volveré a mi adorada Nazaret…, allí, al menos, me quedará el consuelo de sentarme bajo aquella higuera, donde tantas historias de pastores y magos urdí para él, mientras me perdía en la dulce mirada de aquel chicuelo un tanto revoltoso… Ya vienen a despedirme Ananías y Safira.”
—Adiós, Safira. Y tú, amigo Ananías, bien que hiciste en reservar para ti una parte de la venta de tu tierra… “Ayúdate a ti mismo y yo te ayudaré…”, dicen que solía repetir…
Safira posó sus manos sobre los hombros de María y la miró a los ojos…
—Retén tus lágrimas, ya lo lloraste aún estando vivo. Ciñe tus brazos con las ajorcas que una vez te regaló al recibir su primera paga, cuando ganaba el pan con el sudor de sus hombros. Deja atrás amargos recuerdos, angustias y penas; ya no hay remedio y de nada valdrían lamentaciones. Llévate a tu hijo en el cáliz en que bebió el último vino; guarda bien esa copa que aún conserva el calor de su aliento… Y cúbrete con una delgada toca de lino. El viaje será largo y penoso. No tomes el camino de Emaús: tendrías que bordear el Gólgota y sería inevitable que tus ojos se volvieran hacia el sitio donde te dijo sus últimas palabras, quizá postreros desvaríos de moribundo… Ve por Jericó… Y que el canto de la brisa en los olivos sea para ti su último adiós…
—Se marchó, señor, iba con uno de sus hijos, aunque rumbo a Jericó, creo va de regreso a Galilea.
Saulo de Tarso desató cuidadosamente el que envolvía su abultada cabeza y demoró un poco en responder al joven convertido ya en su principal consejero. Hacía calor hasta en la sombreada terraza, bajo los naranjales en flor, cuyo perfume, aunque lo intentaba, tampoco conseguía refrescar ni un ápice aquella tarde bochornosa. Una sonrisa burlona acompañó su respuesta:
—Tanto mejor, querido amigo… Pero, siéntate, hombre, y bebamos algo —hizo un leve gesto con la mano a algún solícito criado—. Debe haberse percatado de que la utilizaban con fines proselitistas, que iba cayendo casi en la idolatría. O se convenció de que el tan cacareado retorno de su hijo demoraba más de la cuenta y no era otra cosa que una sarta de pamplinas. ¿No dijeron que se le esperaba el mismo año de su resurrección? Bien, han transcurrido casi diez… y nada. Se puede engañar a una masa de fanáticos postergando un suceso esperanzador, una redención, por ejemplo; pero es injusto y hasta ruin jugar con la angustia de la madre cuyas manos amortajaron el cuerpo de su hijo, haciéndola creer que volverá del viaje sin retorno. Bien convencida debe estar de que no regresará.
—Existen grandes divergencias internas en la secta, señor Saulo…
—No te detengas, continúa, mi fiel amigo. El criado que nos sirve es sordomudo, no temas. Di todo lo que hayas averiguado en estos dos meses, luego del exitoso cierre del caso Judas Iscariote… A propósito, nuestros queridos partidarios del profeta galileo han dicho que se despeñó por un barranco y reventó, castigado por aquel a quien había delatado. A todo quieren sacarle partido, hasta a los reveses.
—Para todo tienen una explicación bien condimentada y dispuesta a ser digerida por estómagos incautos; siempre encuentran el modo de desviar la atención de aquello que no les conviene.
Moshe Gezer bebió un sorbo del agridulce zumo de cidra. Sabía que su jefe esperaba un informe minucioso acerca de las actividades de Simón Pedro, conocido por . Y no lo demoró más, pero esta vez no desplegó pergaminos: todo lo traía en su prodigiosa memoria.
—Creo que a Simón Bar Jona, ése es su nombre original, la conducción de la secta se le va de las manos poco a poco. Si hubiese tenido junto a sí a Esteban, la sagacidad de éste hubiese compensado sus exabruptos… Además, el joven lapidado era del grupo de los helénicos, más avezados, más cultos y, en consecuencia, más inteligentes. Lo verdaderamente significativo y a lo que pudiera sacarse partido, si nos proponemos hacer un trabajo limpio y escrupuloso, está relacionado con ciertos acápites de su propia organización…
Saulo sonrió abiertamente en lo que parecía más una mueca que una muestra de complacencia. Se arrellanó, satisfecho por haber encontrado un “asesor” tan eficiente.
El Gezer se explayó en su discurso con toda calma.
—Hace unos años, estos “cristianos” instituyeron como requisito para formar parte de la hermandad que quien tuviese bienes los vendiera y aportara íntegramente el producto para beneficio por igual de todos y en especial de aquellos que no poseían nada. Bien, según se supo, cada vez eran menos aquellos que lo entregaban todo: había reservas. Por otra...




