Milosz | Miguel Mañara: Edición comentada | E-Book | www2.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 60, 216 Seiten

Reihe: 100xUNO

Milosz Miguel Mañara: Edición comentada


1. Auflage 2021
ISBN: 978-84-9055-995-6
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 60, 216 Seiten

Reihe: 100xUNO

ISBN: 978-84-9055-995-6
Verlag: Ediciones Encuentro
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Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Don Miguel Mañara de Leca, noble sevillano del siglo XVII, dotado de gran 'don de gentes', fortuna y atractivo, adquiere una gran fama en la ciudad por sus innumerables conquistas y aventuras amorosas. Pero, a pesar de tener a su disposición todas las mujeres que quiere, está insatisfecho. Será a partir de su encuentro con Jerónima Carrillo, una joven doncella, cuando descubrirá lo que su corazón realmente quiere, se case con ella y comience una nueva vida. Sin embargo, al poco tiempo, Jerónima muere, y la experiencia del dolor obliga a Miguel a llegar hasta el fondo de su deseo. De este modo, se acabará haciendo fraile y morirá en olor de santidad.Al igual que sucede con La Divina Comedia, la relación de Franco Nembrini con el Miguel Mañara de Milosz, obra basada en el personaje histórico que inspiró el mito de don Juan, viene de lejos. Desde hace casi cuarenta años Nembrini ha usado este texto como referencia en sus clases de religión de bachillerato. Lejos de una aproximación al mismo de carácter estético o académico, Nembrini nos introduce en él de forma apasionada, mostrando cómo en los distintos acontecimientos de la vida de Mañara se representa el drama de todo hombre.

Oscar Vladislav Milosz (Czereïa, 1887 - Fontainebleau, 1939), poeta y escritor lituano, abordó en sus obras cuestiones de metafísica, política, arqueología, etnografía y exégesis bíblica. En 1889, coincidiendo con la Exposición Universal, su familia se traslada a París. A pesar de que su formación estuvo marcada por la cultura francesa secular de la época, poco a poco se fue acercando a la experiencia religiosa hasta abrazar el catolicismo. Entre sus principales obras figuran Miguel Mañara (1912) y Saulo de Tarso (1914). Franco Nembrini (Trescore Balneario, Bérgamo, 1955), licenciado en Pedagogía en la Universidad Católica de Milán, es profesor de secundaria de Lengua y Literatura italiana y de Historia. En 1984 funda junto con un grupo de padres la escuela libre La Traccia, en Calcinate, a pocos kilómetros de Bérgamo, que ha dirigido durante décadas. Ha formado parte del Consejo nacional de enseñanza católica en Italia y de la Comisión para la paridad escolar del Ministerio de Educación. Ha publicado con Ediciones Encuentro El arte de educar. De padres a hijos (2013) y Dante, poeta del deseo. Conversaciones sobre la Divina Comedia. Volumen I, Infierno (2014), Volumen II, Purgatorio (2016) y Volumen III, Paraíso (2017), traducidos también al ruso.
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¡Ay!, ¿Cómo colmar este abismo de la vida?

Primer cuadro

Es realmente una tarea ardua para mí leer en público este texto, porque el Miguel Mañara es el libro que, junto con las obras de Dante, tengo en mi mesilla de noche desde hace una vida. Tanto es así que, si me dijesen que acabaría en una isla desierta y solo puedo llevarme dos libros, el primero sería sin duda la Divina Comedia, pero como segunda opción me vería en apuros a la hora de elegir entre la Biblia y el Miguel Mañara. Al final, elegiría la Biblia, pero quizás solo porque el que nos ocupa me lo sé de memoria, y podría rescribirlo sin problemas. Y dado que es una lectura que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida, cada palabra para mí se ha hecho literalmente carne, lágrimas y sangre. Así que me cuesta mucho hablar sobre ello, porque supone poner delante de vosotros todo lo que soy, poner al descubierto toda la trama de relaciones, acontecimientos y experiencias que me han ido conformando.

Por eso, os pido que afrontéis esta labor que empieza hoy con la misma valentía que me exige a mí proponérosla. Porque este es realmente un texto que, si uno no es de piedra, no le deja como antes; no saldremos de aquí igual que cuando entramos. Para ello es preciso tener una gran apertura, una verdadera disponibilidad, ganas de entender, una curiosidad viva y, sobre todo, ternura por uno mismo. Esto es, una profunda ternura por uno mismo es lo que necesitamos para abordar una tarea como esta.

En primer lugar, ¿qué clase de obra es el Miguel Mañara? Es un texto teatral del escritor lituano Oscar Vladislav Milosz que, tomando pretexto de la historia de don Miguel Mañara Vicentelo de Leca, noble español que vivió en Sevilla en el siglo XVI3, la «contamina» de alguna manera con la figura de don Juan, uno de los arquetipos más célebres de toda la literatura europea4. Es una obra teatral, más bien breve, creada para ser interpretada en un par de horas. Bastaría una velada para leerlo entero, pero estoy encantado de repartir su lectura en seis encuentros para poder disfrutarlo con calma, explorando una serie de nexos de esta obra con otros autores para mí muy queridos, por ejemplo, Leopardi y Dante…

Seis encuentros, uno por cada uno de los seis cuadros que componen la obra. Seis cuadros que recorren la historia de una conversión, seis etapas de la vida particular de don Miguel, aunque su drama es el mismo que cada uno de nosotros, por el mismo hecho de vivir, debe afrontar cada día. Lo que quiero decir es que uno, después de haber leído el libro, no queda con un amigo y le pregunta: «¿Por dónde andas tú? ¿En qué punto estás? Yo, más o menos, he superado el primero; ya queda atrás el primer cuadro; he armado muchos líos, pero ahora he sentado cabeza, tengo novia y ya voy por el segundo cuadro…». «Pues yo voy por delante. Me he casado, mi mujer aún no ha muerto, pero vamos a ver quién de los dos muere primero…». No, no funciona así.

El pasaje que vamos a leer representa algo que se juega a diario, porque para un cristiano la vida es un recorrido que se juega momento por momento. Toda la intensidad de nuestra pregunta humana, la intensidad dramática de la existencia y las preguntas que surgen de los infortunios de la vida, de las heridas de la vida, de nuestros errores y pecados, en fin, de todo el mal y de todo el bien que tenemos delante, acrecienta la súplica a Cristo: «¡Sálvame!». Nuestra vida necesita ser salvada momento por momento, tiene que ser rescatada del sepulcro, debe abrirse una y otra vez ante el presentimiento del bien, debe ir aclarándose dentro de una relación misteriosa para gozar de la belleza y de la santidad posibles en esta vida. La vida cristiana tiene que responder a su fin último y esto se juega en cada instante, día tras día.

Es cierto que cada cual puede ver reflejada con mayor intensidad su historia personal en una u otra de estas páginas, porque una obra responde a las preguntas que le hacemos; y las preguntas que yo hago con cincuenta y nueve años no serán las mismas que las de un adolescente o un joven. Cada uno reescribe de alguna manera este texto con su propia vida. Este es el prodigio, la magia, el descubrimiento que acontece con cada obra de arte que sea verdadera, que diga algo verdadero: de algún modo, siempre la reescribimos con nuestra vida y nuestras palabras. Lo cual no quiere decir que en un momento dado las cuestiones que se plantean en el primer cuadro estén resueltas de una vez por todas; que se queden atrás, porque uno se encuentra en una circunstancia similar a las del segundo o tercer cuadro. En distinta forma y medida, todas estas cuestiones nos acompañan a lo largo de nuestra vida, todas nos piden que decidamos de nuevo, día tras día.

Aclarado esto, quiero introducir la lectura del primer cuadro del Miguel Mañara con una poesía de Leopardi. Se titula Al conde Carlo Pepoli5 y, normalmente, no aparece en las antologías escolásticas italianas. Si alguien no tiene una edición completa de los Cantos de Leopardi, normalmente, no la encuentra. Sin embargo, yo empiezo mis clases en el colegio partiendo siempre de allí; antes de hablar de Leopardi, leo esta poesía suya; después empezamos a ver quién es Leopardi y por qué escribe lo que escribe. He pensado que también puede ser útil leerla esta noche porque creo que nos puede ayudar, porque el lenguaje de Milosz es complejo, utiliza imágenes y metáforas que es necesario saber interpretar, mientras que aquí Leopardi expresa de una manera muy clara, lúcida y detallada, la misma cuestión que aparece en el primer cuadro del Miguel Mañara. El drama es el mismo y la pregunta que se plantea la misma. Pero mirarlos desde el punto de vista de la compostura del lirismo de Leopardi ayuda mucho a entrar más tarde en el lenguaje de Milosz, tan lleno de imágenes y de efectos teatrales.

En este poema Leopardi plantea en términos absolutamente claros una pregunta: amigo mío, «¿en qué esperanzas vas sustentando tu corazón?». El autor la escribe con ocasión del cumpleaños de un amigo. Leopardi acude a la fiesta —en el primer cuadro, Miguel, el protagonista, celebra su fiesta de cumpleaños— llevando consigo como regalo este poema epistolar, con el que se dirige al amigo en estos términos:

Este afanoso y trabajado sueño

que nosotros llamamos vida, ¿cómo lo soportas

Pepoli mío? ¿De qué esperanzas el corazón

vas sustentando?

Amigo mío, ¿qué es lo que de verdad te mantiene vivo? ¿Cómo puedes llevar el peso de la vida y del tiempo que pasa? «¿Cómo se puede vivir de verdad?», podríamos decir con una expresión sintética de don Giussani, que tantas veces nos ha recordado6 Julián Carrón en estos tiempos.

¿En qué pensamientos, en qué obras

o agradables o molestas ocupas

el ocio que te dejaron los abuelos remotos,

grave y fatigosa herencia?

¿Cómo aprovechas el tiempo tu vida? Este importante y fatigoso legado que tus padres te han dejado en herencia, el tiempo de tu vida, ¿cómo lo ocupas? ¿Con qué tareas, ya sean «agradables o molestas», lo llenas? ¿Qué haces todo el día? Porque

Es toda,

en cualquier estado humano, ocio la vida,

si aquel obrar, aquel afanarse que a digno

objeto no conduce, o que a lo pretendido

llegar no puede nunca, bien merece

llamarse ocio.

Si es justo llamar ocioso al tiempo cuando carece de un ideal o tiene un ideal inalcanzable; si es justo llamar «ocio» a nuestro afán cotidiano cuando carece de un objetivo; si el tiempo es ocioso cuando no tiene un ideal y todo nuestro quehacer cotidiano es incapaz de alcanzar su objetivo —y en este sentido es tiempo desperdiciado, tiempo perdido, tiempo inútil—, entonces la vida «es toda, en cualquier estado humano, ocio».

Después Leopardi explica que

La hueste laboriosa

que cavar tierra o cuidar grey y plantas

ve la aurora apacible y ve el ocaso,

si ociosa la llamaras, pues su vida

es por salvar la vida, y en sí misma

la vida para el hombre nada vale,

hablarás con verdad.

En este sentido, si llamásemos ociosa la jornada de los campesinos que trabajan de sol a sol, diríamos bien porque su vida es un ir tirando, sin una meta más allá del pasar de los días.

A continuación, enumera una serie de trabajos en los que uno emplea verdaderamente toda su energía, su tiempo, sus fatigas y sudores; pero todo es inútil.

Noches y días

pasa en ocio el marino; ocio el perenne

sudar [del obrero] en el taller, ocio las guardias

son del guerrero [del soldado], el peligrar del arma;

y el mercader avaro en ocio vive:

pues nunca para sí ni para otro

la bella dicha que solo anhela [este «solo» es gigantesco]

la natura mortal, nadie consigue

por desvelo o sudor, guardia o peligro.

¿Por qué...



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