Lohfink | Las cuarenta parábolas de Jesús | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 272 Seiten

Reihe: Estudios Bíblicos

Lohfink Las cuarenta parábolas de Jesús


1. Auflage 2021
ISBN: 978-84-9073-665-4
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

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Reihe: Estudios Bíblicos

ISBN: 978-84-9073-665-4
Verlag: Editorial Verbo Divino
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Las parábolas de Jesús forman parte de la literatura universal. En estos relatos, a menudo provocadores, llegamos a conocer más de cerca el entorno de Jesús. Es un mundo variopinto, lleno de penas y alegrías, con cotidianidad y fiestas, aventuras, crímenes y profunda humanidad. Con la ayuda de este colorido material, Jesús esboza su mensaje del Reino de Dios: es decir, la buena noticia de un nuevo mundo que Dios está creando ahora, en medio de las viejas y anquilosadas relaciones de la historia humana. En este libro, el especialista en Nuevo Testamento Gerhard Lohfink se ha atrevido a interpretar todas las parábolas de forma comprensible para el público general y teniendo siempre en cuenta el estado actual de la investigación. Un libro realmente extraordinario.

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II


Las cuarenta parábolas de Jesús


En algunas referencias a las parábolas de Jesús hechas más arriba se ha mencionado ya varias veces el concepto «reino de Dios». No ha sido una mención casual. La parte principal de este libro, que aquí comenzamos, nos mostrará que todas las parábolas de Jesús hablan directa o indirectamente del reino de Dios. Dicho sea de paso, Mateo habla mayormente no del «reino de Dios», sino del «reino de los cielos». Pero es exactamente lo mismo. En el judaísmo, «los cielos», al igual que «el lugar», «el Todopoderoso», «el Eterno», o «el Nombre», son formas respetuosas de referirse a Dios.

Desde luego, en lo que sigue no utilizaré solamente el concepto de «reino de Dios», sino también el de «reinado de Dios» (o, en Mateo, el «reinado de los cielos»). La expresión que aparece en el Nuevo Testamento en griego es siempre la misma, a saber, basileía toû theoû (o, en Mateo, basileía ton ouranon), y tanto «reino de Dios» como «reinado de Dios» son traducciones correctas. No obstante, la más exacta es «reinado de Dios», pues con ella se designa un acontecimiento dinámico: Dios impone en Israel y en el mundo su reinado. Con todo, en la expresión resuena también a menudo el ámbito en el que Dios impone su reinado, razón por la cual no es erróneo traducir «reino de Dios». Utilizaré, pues, ambos conceptos porque ambos son usuales, aunque lo hago también para que se vea con claridad que se trata de una misma cosa.

Si se formula «Dios impone su reinado» se trata, evidentemente, de una forma de expresarse muy humana y, por eso, muy susceptible de malentendidos. El «reinado de Dios» difiere totalmente de toda otra forma de domino y reinado humanos. Tampoco tiene que llegar todavía desde un lugar lejano, sino que se encuentra presente ya desde siempre y abarca toda la creación y la historia. Solamente tiene que «llegar» en el sentido de que sea «anunciado» y «aceptado», a menudo contra la resistencia del acostumbramiento, del endurecimiento o de la maldad humana. La Sagrada Escritura está animada por el profundo convencimiento de que hay en el mundo realidades antidivinas, más aún, de que existe un conglomerado del poder del mal que se opone al reinado de Dios. La Escritura tiene distintos conceptos para referirse a ese potencial del mal, entre ellos, el de «demonios». Son los demonios de la sociedad, una sociedad en la que hay mucho bien y mucha verdad, pero que muchas veces está centrada solamente en sí misma, se niega a abrirse a Dios y, de ese modo, genera constantemente potenciales de ruina que son enemigos de la vida.

Jesús no solamente habló de esos demonios, sino que los combatió. Expulsó demonios y, de ese modo, creó espacio para el reinado de Dios. Dijo: «Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el reino de Dios ha llegado a ustedes» (Lc 11,20). Sin embargo, del reinado de Dios Jesús puede decir también que todavía «vendrá». Por eso pide a sus discípulos que oren diciendo «venga tu reino» (Lc 11,2). Esto significa que, con Jesús, el reinado de Dios está ya fundamentalmente presente, pero que todavía debe imponerse sobre los poderes antidivinos en todo el mundo. De ese modo, el reinado de Dios tiene un aspecto presente y un aspecto futuro.

Esta interrelación entre la llegada del reinado de Dios y la caída de la dominación de los demonios es importante y constituye el trasfondo de la primera parábola de Jesús, de la que nos ocuparemos a continuación.

1. El robo exitoso (Lc 12,39)


El texto que trataremos ahora se encuentra en Lucas1. Forma parte de un discurso más extenso dirigido a los discípulos de Jesús. Comienza en Lc 11,22 y llega hasta 12,53. En el contexto inmediato se habla de la vigilancia constante y de la espera fiel con vistas a Cristo que vuelve. Pero, como nadie sabe el día ni la hora, lo que queda es vigilar y cumplir de forma fiable en la Iglesia las tareas propias del discipulado. En medio de esa temática aparece nuestro versículo:

Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa (Lc 12,39).

El texto está presuponiendo que se trata de una casa relativamente grande en la que no se escucha de inmediato la perforación de las paredes con la que quiere entrar el ladrón. El verbo griego que aquí se traduce por «perforar» significa en nuestro texto literalmente «entrar excavando o perforando» y se utilizaba en aquel tiempo para designar el robo con fractura. La utilización de este verbo provenía de que las casas tenían a menudo paredes de barro. No hacía falta romper cerraduras, se agujereaba simplemente la pared, se entraba perforándola.

Como indica el contexto, para el evangelista Lucas nuestro texto habla de la segunda venida de Cristo. El Hijo del hombre llegará como un ladrón en la noche. ¿Cuál es el punto de comparación? Desde luego, no se está designando al Hijo del hombre como ladrón, no se trata de presentarlo como un maleante que se apropia de lo ajeno. El punto de comparación, en cambio, es la impredecibilidad con la que llega.

En la Iglesia primitiva se hablaba siempre de nuevo sobre ese «día del Señor» que llega como un ladrón. Basta consultar para ello 1 Tes 5,2-4; 2 Pe 3,10 y Ap 3,3 y 16,15. Se trataba de una comparación frecuente, constante, que pretendía hacer consciente del carácter repentino de la parusía, lo impredecible de la segunda venida de Cristo. La «situación vital» (Sitz im Leben) en la que se insertaba la comparación era la experiencia de que la venida definitiva de Cristo seguía sin producirse, de que el tiempo se estiraba y de que también los desórdenes en la vida de la Iglesia se estaban extendiendo. Justamente por eso se insiste en la consigna de vigilancia constante, de espera incesante. En la «vida doméstica» de la Iglesia son especialmente los responsables los que tienen que demostrar ser siervos fieles y vigilantes.

Con ello queda claro que en esta parábola nos encontramos en el tiempo pospascual. Pero esto no se aplica necesariamente a los diferentes elementos constructivos de la composición de Lucas, sobre todo no a la frase de la que aquí se trata. Esa frase proviene de Jesús. En efecto, la imagen del «ladrón en la noche» delata aquella audacia que encontraremos siempre de nuevo en las parábolas de Jesús. La Iglesia primitiva no inventó la imagen del «ladrón en la noche». Demasiado osada era la imagen para ello. Por el contrario, tiene que remontarse a una parábola de Jesús. Pero ¿cuál era la intención originaria de esa parábola? Aquí nos resulta de ayuda arrojar una mirada a la gramática.

La forma verbal que se utiliza en la frase «si el dueño de casa supiera» puede traducirse no solamente como irrealis del presente, sino también como irrealis del pasado. La gramática griega permite esto sin problema alguno. En tal caso, la frase diría:

Si el dueño de casa hubiese sabido a qué hora iba a llegar el ladrón, no habría dejado perforar las paredes de su casa.

Así pues, la frase puede formularse en tiempo pasado. En tal caso, la parábola no advertiría del peligro de un robo con fractura que podría ocurrir en el futuro, sino que volvería la mirada hacia un robo tal ocurrido ya en el pasado. Al mismo tiempo, a modo de prueba se puede sacar la frase de su contexto y, así, separarla de su «aplicación». Entonces nos queda el fragmento de una parábola que habla de un robo exitoso. Y, de acuerdo con la temática fundamental de las parábolas de Jesús, ese robo exitoso sería la llegada del reinado de Dios. De modo que el texto terminaría diciendo: el reinado de Dios ya ha llegado, ya está presente, ya ha ocurrido.

Una reconstrucción semejante no es en modo alguno un juego que recurre a un truco. Veamos las razones. En primer lugar, hemos constatado una posibilidad real de traducción. En segundo lugar, la aplicación de la parábola al Hijo del hombre que vendrá es contradictoria en sí misma. En efecto, según la parábola, el dueño de casa no puede vigilar porque no tiene idea de cuándo se producirá el robo. Y, aunque los discípulos tampoco saben cuándo llegará el Hijo del hombre, deben, sin embargo, permanecer vigilantes. De modo que la aplicación no es apropiada a la parábola. En tercer lugar, hay paralelos convincentes para la afirmación de la parábola hipotética. Entre esos paralelos ya he mencionado uno: la frase de Lc 11,20 que dice: «Si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el reino de Dios ha llegado a ustedes». Jesús dice, entonces: «El reinado de Dios ya está aquí. Y ha llegado a través mío, en el hecho de que expulso los demonios». Vista desde esta perspectiva, la parábola en la que se basa Lc 12,39 podría haber tenido originalmente la siguiente formulación:

¿Con qué podré comparar el reino de Dios? Con el reino de Dios sucede como con un robo que no podía evitarse. Si el dueño de casa hubiese sabido a qué hora iba a llegar el ladrón, no habría dejado perforar las paredes de su casa. Fue así como el ladrón entró en su casa.

Si esta reconstrucción es correcta, nos encontramos ante una verdadera parábola. Y esta parábola nos revelaría una consciencia inconcebible, casi aterradora, del hablante: Jesús –y con él el reinado de Dios– ha penetrado en los ambientes de la...



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