E-Book, Spanisch, 408 Seiten
Leff El conflicto de la vida
1. Auflage 2021
ISBN: 978-607-03-1110-9
Verlag: Siglo XXI Editores México
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
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Enrique Leff. Es investigador titular del Instituto de Investigaciones Sociales y profesor de la Facultad de Ciencias Poli?ticas y Sociales de la Universidad Nacional Auto?noma de Me?xico. Fue Coordinador de la Red de Formacio?n Ambiental para Ame?rica Latina y el Caribe en el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (1986-2008). Es autor pionero en los campos del ecomarxismo, la ecologi?a poli?tica, la sociologi?a ambiental y la educacio?n ambiental. Es considerado como uno de los principales exponentes del Pensamiento Ambiental Latinoamericano. Fue galardonado con el Premio Nacional a la Investigacio?n Socio-Humanitaria por la Universidad Auto?noma de San Luis Potosi?, en 2015; el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Auto?noma del Estado de Me?xico en 2016; y el Premio Universidad Nacional de Investigacio?n en Ciencias Sociales (UNAM), en 2016.
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1. INTRODUCCIÓN: EL CONFLICTO Y LOS DESTINOS DE LA VIDA
LA ONTOLOGÍA DEL SER, LA CRISIS AMBIENTAL DEL PLANETA Y EL DEVENIR DE LA VIDA
Hace 3 800 millones de años ocurrió un acontecimiento insólito en el Universo: en la Galaxia donde arde el fuego del astro que gobierna nuestro sistema solar, surgió la vida en el planeta Tierra. A partir de ese remoto tiempo, la vida ha evolucionado movilizada por la reducción de gradientes termodinámicos, gracias a la fotosíntesis, a través de la “simbiogénesis de la vida” (Margulis y Sagan, 1995), de una “ecología sintiente” (Ingold, 2000) en el laberinto de la creatividad complejizante de la vida. En el largo proceso evolutivo de las formas de la vida en la biosfera se erigió en el reino animal el que habitó el planeta a lo largo del Pleistoceno, hace unos 1.8 millones de años. En la conjugación (Leroi-Gourhan, 1964-1965) ocurrió otro acontecimiento, aún más enigmático: del Humus de la Tierra y en la Evolución de la Vida se fue configurando el Orden Simbólico de la Vida Humana: emerge el , el Ser Humano pensante constituido por el : por la palabra y la técnica; por el lenguaje y la razón.
Muchos miles de años después se grabarían en piedra las primeras inscripciones simbólicas, de las que son emblemáticas las representaciones del arte rupestre paleolítico de Lascaux en Francia y de las Cuevas de Altamira en el norte de España, de hace aproximadamente unos 18 000 años. Se estima que la escritura jeroglífica se comenzó a utilizar hacia 3300 a.C., aproximadamente en la misma época en la que surgió la escritura cuneiforme en Mesopotamia. La escritura marca la diferncia originaria, la disyunción de lo Real de donde emerge el orden Simbólico (Derrida, 1971; 1989). Los primeros textos bíblicos de la Torá del Viejo Testamento, datan de 9000 años a.C. Pero fue hasta apenas hace unos 2500 años, en la cumbre de la civilización de la antigua Grecia, que el pensamiento, el lenguaje y la palabra se articularon en el , en una intuición-intelección de las cosas del mundo atraídas por el pensamiento del ser. Fue el “primer comienzo” del pensamiento filosófico occidental, de la ontología que, como pensamiento del ser, habría de marcar la historia de la metafísica y los destinos de la historia humana. Parménides (nacido c. 515 a.C.) acuñó el pensamiento humano en la unidad del Ser y el Pensar. En una intuición tan deslumbrante como el Fuego de la Vida, Heráclito (c. 535 – 475 a.C.) pensó como la potencia emergencial y la evolución creativa de la vida; pero, al mismo tiempo, comprendió la manera como el , en su forma de aprehender la diversidad de lo múltiple, en su recolección de la , la redujo al concepto genérico y universal de lo Uno. Quedó allí sembrado el germen de la destinación del Ser en el devenir diversificador de la Vida hacia la unidad del Concepto, a la representación de la Idea, a la medida de la , al dominio de la Razón. Los destinos de la vida serían intervenidos y constreñidos por el pensamiento humano como las represas contienen y desvían el libre curso natural de las aguas de los ríos. La Ontología del Ser que alcanzaría su momento culminante con el Iluminismo de la Razón en la Modernidad, en la larga odisea de más de dos mil años de la historia de la metafísica, habría deslumbrado y proyectado sus propias sombras en la comprensión de la vida.
La que afecta las condiciones de la vida en el planeta es el efecto histórico más contundente de la intervención del en el devenir de la , de la imposición del y el dominio de la racionalidad de la modernidad sobre las condiciones de la vida. Empero, la Vida en la Tierra siguió transformándose, en una co-evolución de la naturaleza y de las culturas, junto con la organización de las diversas comunidades humanas que han habitado el planeta. El lenguaje humano se multiplicó en la Torre de Babel dando lugar a una diversidad de los saberes del mundo y de modos de significación de la vida (Steiner, 2001). Pero las lenguas forjadoras de los muchos mundos de vida de los Pueblos de la Tierra fueron intervenidas por el y sometidas por la Conquista a través de la Colonia a los designios de la Razón, sujetas al dominio de la Racionalidad de la Modernidad. Sólo volverían a renacer en el , en la emancipación de la vida de la jaula de hierro de la razón y de los modos como la “voluntad de poder”, los impulsos hacia el dominio sobre la vida, la naturaleza y el mundo, se han enclavado en el alma humana, en las pulsiones del deseo inconsciente.
En ese sentido, Murray Bookchin pensó la emancipación de la vida como “una emergencia libidinal de las personas, como una revuelta del inconsciente social que viene desde […] las luchas más tempranas de la humanidad contra la dominación y la autoridad”. De esta manera, su eco-anarquismo “vincula la reconstrucción de la sociedad con la reconstrucción de la ” (Bookchin, 1990:21).1 Mas quizá el antecedente más significativo de las relaciones de las pulsiones del inconsciente y la vida política, sea de Herbert Marcuse (1963). Buscando trascender el de Sigmund Freud (1930), Marcuse quiso revertir la teoría freudiana que establece que la civilización se apoya sobre la opresión y la prohibición permanente de los instintos humanos, en que la libido sufre una sublimación represiva impuesta por la cultura canalizando las energías hacia actividades útiles, para proponer una desublimación libidinal del erotismo humano. pretendió sentar alternativas teóricas que orientaran las luchas libertarias para revolucionar la vida social. Desde un pretendido enfoque histórico, Marcuse confrontó la teoría freudiana sobre las tendencias históricas de la civilización que subyugan los instintos a los controles represivos de la civilización como una imposición social y no como el modo de constitución del orden simbólico en el inconsciente humano. En ese propósito de desentrañar las raíces de los impulsos que gobiernan al mundo, Gilles Deleuze y Félix Guattari escribieron , en el que el capitalismo aparece como el régimen ontológico al cual quedan subordinados los deseos a través de una economía axiomática basada en la reducción de los entes al valor unitario del dinero y a la organización abstracta de la razón Deleuze y Guattari (1985). El subtítulo de ese libro –que es el que enmarca el gran programa de su colaboración–, expresa ya la intención de desentrañar las “intensidades”, los “impulsos” instituidos en las “razones” del Capital que vienen a dislocar la subjetividad humana, a desencadenar la esquizofrenia de nuestro mundo, en el que las pulsiones inconscientes son movilizadas por la intervención forzada del régimen tecno-económico que invade los cuerpos humanos. Tal expropiación de la subjetividad humana por el es confrontada por los imaginarios de los pueblos, por el espíritu de emancipación que anima a los movimientos emergentes de resistencia hacia la rexistencia de sus mundos de vida, afianzada en sus derechos de ser-en-el-mundo. En esos laberintos de la vida, en el entramado de la historia y del inconsciente humano, se configura el que conduce los destinos de la humanidad hacia la sustentabilidad de la vida en el campo de la ecología política.
Hace medio siglo, las declaraciones emitidas el en abril de 1970, y por la , celebrada en Estocolmo en julio de 1972, convocaron a la humanidad a una reflexión sobre las condiciones de la vida en el planeta vivo que habitamos. Esta reflexión nace de un acontecimiento inédito e imprevisto en la historia de la humanidad: la crisis ambiental planetaria. Esta reflexión ha insuflado las velas de la nave que ha embarcado a la humanidad en la odisea civilizatoria que ha naufragado en el colapso ecológico, para circunnavegar de vuelta los siete mares; para a deconstruir todos los paradigmas del conocimiento, generando una miríada de miradas que buscan comprender la naturaleza del proceso de globalización que ha invadido y afectado la vida en el planeta; para desencubrir sus causas metafísicas y epistemológicas; para desarticular las estrategias y los dispositivos de poder que han operado el dominio y la degradación de la vida en el planeta; sobre todo para motivar y reconducir las acciones humanas hacia una transformación civilizatoria capaz de darle sustentabilidad a la vida; para aprender a habitar el planeta en las condiciones de la vida.
La crisis ambiental es una crisis civilizatoria, un acontecimiento de la historia en cuanto a lo inédito, lo impredecible de su “llegada”, ante las oscuras motivaciones que yacen ocultas al entendimiento humano.2 El avance de las emisiones de gases de efecto invernadero, la erosión de la biodiversidad, la deforestación y, en general, la degradación ecológica de la biosfera expresan en la crisis ecológica planetaria el síntoma de una falla radical del proceso civilizatorio de la humanidad. Ésta manifiesta su signo más elocuente en el cambio climático: la elevación de las temperaturas medias del planeta, la alteración de los regímenes climáticos y pluviales, de desertificación y de sequía, la crisis hídrica, dan visos de realidad y hacen visible la premonición...




