Laval / Dardot | El ser neoliberal | E-Book | www2.sack.de
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E-Book, Spanisch, 112 Seiten

Laval / Dardot El ser neoliberal

Edición a cargo de Enric Berenguer
1. Auflage 2018
ISBN: 978-84-16919-01-7
Verlag: Gedisa Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Edición a cargo de Enric Berenguer

E-Book, Spanisch, 112 Seiten

ISBN: 978-84-16919-01-7
Verlag: Gedisa Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Un libro brújula recomendado para quienes buscan orientarse en un mundo complejo donde las instituciones aparentemente intocables de la democracia occidental han demostrado ser frágiles, sometidas a fuerzas superiores y tal vez poco transparentes. Un mundo en el que la definición misma del sujeto, de lo político y de lo económico -así como de los respectivos límites y formas- precisa ser replanteada. Y esto es precisamente lo que hacen Laval, Dardot y Berenguer. Un sociólogo, un filósofo y un psicoanalista entablan una inédita conversación sobre la lógica del capitalismo neoliberal y digital, el transhumanismo, el fundamentalismo religioso, la salud democrática, la 'producción' de un nuevo sujeto (el individuo capital), la prolongación de la vida o biopolítica.

Christian Laval es profesor de Sociología en la Universidad de París X Nanterre y director del programa en el Collège International de Philosophie. También es miembro del Centro Bentham e investigador asociado del Instituto de la Fédération Syndicale Unitaire. Está especializado en la filosofía utilitarista de Jeremy Bentham, sobre el cual ha publicado varias obras, como La escuela no es una empresa (2004), y en el análisis de las políticas educativas de inspiración neoliberal. Actualmente participa en las revistas Revue du MAUSS y Cités et La Pensée. Entre sus trabajos recientes destacan: L'Homme économique, Essai sur les racines du néolibéralisme (2007), La nouvelle école capitaliste (2011) y Marx au combat (2012).
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Después...

Enric Berenguer

Pierre Dardot y Christian Laval son autores de algunas contribuciones muy significativas a debates importantes de nuestro tiempo. En el año 2013 publicaron su La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la racionalidad neoliberal (Gedisa), en 2015 Común. Ensayo sobre la revolución del siglo XXI (Gedisa) y en 2017 La pesadilla que no acaba nunca (Gedisa).1

En la primera de estas dos obras, llevaron a cabo un exhaustivo análisis del neoliberalismo, entendido no como una ideología, sino como una racionalidad que se impone más allá de las ideologías políticas explícitas, a través de una serie de supuestos compartidos por la mayoría de partidos con representación parlamentaria en Europa. Por otra parte, mostraron de un modo muy preciso que las bases mismas del proyecto europeo contienen premisas neoliberales desde su origen. En consecuencia, la Unión Europea se ha convertido en uno de los vectores fundamentales de la lógica neoliberal, con la complacencia de los partidos de lo que en su día constituyó la izquierda socialdemócrata. Por otra parte, basándose en buena medida en los análisis de Michel Foucault, así como en algunos elementos tomados del psicoanálisis, Laval y Dardot plantean que el modo de producción económico neoliberal es inseparable de la producción de una subjetividad de un nuevo tipo. Esto los lleva a otorgar un lugar importante al examen de los síntomas contemporáneos, efecto de la imposición de nuevas metáforas en la concepción de la vida, sin dejar de lado ningún aspecto de la intimidad.

En cuanto a la segunda de estas obras, se puede decir que aborda el examen de los intentos que, en torno a la noción de «lo común», han constituido en los últimos años los intentos más serios de responder a la revolución neoliberal con un nuevo discurso. De este último puede decirse que trata de ir más allá de ciertos callejones sin salida históricos en los que las políticas de izquierdas quedaron atrapados. Se trata de un examen que no ahorra críticas, puesto que a su modo de ver el uso de la noción de «común» se hace a menudo sin un suficiente análisis de sus condiciones para un uso propiamente político, que ellos desearían revolucionario. Por un lado, muestran de un modo esclarecedor los límites de los análisis de Negri y Hardt (en particular, su forma de concebir el «capitalismo cognitivo» y su dinámica); por otro, señalan que muchas veces la noción de lo común queda impregnada de un naturalismo que la hace confusa y que corre el riesgo de hacerla poco eficaz en muchos debates fundamentales.

Es de destacar que Dardot y Laval, filósofo el uno de formación, profesor de sociología el otro, ponen en práctica constantemente algo que constituye una característica de su forma de pensar y de su forma de concebir los temas de los que se ocupan: buscan la conversación, el debate, las aportaciones más diversas. Porque consideran que la formas académicas habituales, el encierro en campos estancos del saber, no es adecuado para pensar la complejidad de los problemas cruciales de nuestro tiempo.

La lectura de La nueva razón del mundo y, en particular, el énfasis que allí se hace en la producción de una nueva subjetividad como elemento clave de la propagación del neoliberalismo me interesó particularmente. Tanto más por la referencias breves aunque significativas a Jacques Lacan. Referencias que, por otra parte, tienen la originalidad de provenir de una lectura directa, no filtrada por la interpretación y el uso que Žižek ha hecho de algunos términos lacanianos.

¿A qué viene una conversación entre un psicoanalista, un sociólogo y un filósofo? Y una conversación, además, en la que cada uno se permite hablar de cosas que supuestamente corresponden al ámbito de los otros. Como el lector podrá comprobar, el terreno que se explora en este diálogo cruza incesantemente las fronteras entre las disciplinas, porque las disciplinas, académicas o no, son incapaces de captar adecuadamente la gran complejidad del mundo actual, de toda una serie de fenómenos que van desde los detalles más aparentemente insignificantes de lo cotidiano hasta las catástrofes que de vez en cuando nos hacen despertar —aunque sólo sea un rato—. En efecto, el mundo se ha vuelto mucho más complejo e impredecible, y muchos de los dogmas que durante años parecían inconmovibles han quedado desmentidos, a veces en un abrir y cerrar de ojos.

Hoy en día, los hombres y las mujeres de Europa y América viven en una alerta constante. Y muchas de las preocupaciones más abiertamente manifestadas se refieren a la esfera de lo económico y lo político. Esto es así, en gran parte, porque estos dos ámbitos de la vida en común se encuentran entre aquellos en los que muchos conocimientos, predicciones, teorías que se amparaban en pretensiones supuestamente evidentes y muy científicas, se han visto desmentidas como lo que eran: ilusiones, creencias.

Y una de las constataciones que se va imponiendo a todo aquel que trata de orientarse en un mundo declaradamente confuso es que la definición misma de lo político y de lo económico, de sus límites y de sus formas, debe ser replanteada. Las instituciones que parecían intocables de la democracia occidental han demostrado ser frágiles, sometidas a fuerzas muy superiores, que son además fuerzas oscuras, resurgidas de una historia de la humanidad que parecía superada para siempre.

En esta búsqueda de una redefinición de lo político, en particular de una extensión de su ámbito, Christian Laval y Pierre Dardot han planteado cosas que necesariamente llaman la atención de un psicoanalista. En particular, la importancia que dan en sus análisis del neoliberalismo a lo que consideran la «producción» de un nuevo sujeto. Esto significa que los cambios subjetivos que podemos verificar en los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, cambios en nuestras formas de vivir, pero también en nuestras formas de sufrir, no son meras consecuencias o efectos secundarios de un sistema. Por el contrario, la producción de esta subjetividad es un elemento fundamental en la reproducción y en la extensión del mismo. Para decirlo brevemente, el nuevo sujeto asume en sí y por sí mismo los objetivos y los funcionamientos del sistema, se convierte en uno de los agentes principales de su extensión.

Desde esta perspectiva, no se trata de pensar que hay un modo de producción, por decirlo en términos marxistas, que tiene sus consecuencias en formas de consciencia más o menos alienadas. Sino de que un modo de subjetividad, un modo de vida, es lo esencial del modo de producción, así como la clave de que se imponga a nivel planetario.

En sus trabajos, Laval y Dardot hacen un uso intensivo de referencias intelectuales que no son siempre nuevas, pero que siguen siendo novedosas, porque revelan ahora todo su potencial de predicción, y que ya en su momento habían mostrado que lo político y la subjetividad eran campos inseparables, aportando además a este respecto elementos de análisis que siguen siendo plenamente operativos a día de hoy. Terreno éste de un diálogo peculiar, con muy pocas referencias explícitas, entre Foucault y Lacan, al que se han ido sumando luego, sabiéndolo o sin saberlo, toda una cohorte de pensadores que nos son contemporáneos. Diálogo que prosiguen también a su manera, por particular intensidad, estos dos lectores atentos, Dardot y Laval, que son además excelentes lectores de Marx. Es decir, que leen a Marx en serio, al pie de la letra, atravesando con éxito el velo de las interpretaciones sesgadas de su obra, acumuladas a lo largo de décadas de malentendidos, unos más interesados que otros. Y que, en este sentido, no dudan en formular críticas agudas y fuertes contra ciertos aspectos del pensamiento de Marx, planteando así condiciones para una verdadera actualización. No se trata de «abandonar el marxismo» o «seguir siendo marxista», como si de fidelidades o identidades se tratara, sino de decir claramente en qué consiste lo uno o lo otro.

En el fondo del debate, resuena algo que define a nuestra época: el desenmascaramiento de toda una serie de malos usos de una ideología cientificista, que no es lo mismo que la ciencia. Así como de una larga retahíla de promesas que han acabado mostrando ser, o puramente falsas o puras ilusiones. Finalmente, ahora queda claro para cualquiera que quiera verlo, que eran y siguen siendo otros tantos elementos de un dispositivo productor de conformidad y de sometimiento a una forma de vida que se plantea siempre como la única posible. Esto nos permite denunciar las partes esenciales de un sistema de gobernanza en el que ciertas burocracias de Estado han impuesto, en alianza con fuertes poderes supranacionales, sus formas de control y segregación, que alcanzan a esferas de la vida que hasta hace poco escapaban a la lógica destructiva del mercado. Lo que se llama Salud Mental, por ejemplo, es entonces una zona importante de la extensión del campo de batalla —parafraseando aquí a Houllebecq—. Pero hay muchas otras.

En la lucha contra las nuevas formas de dominación, que se disfrazan hábilmente para adoptar apariencias benignas, son bienvenidas nuevas alianzas, que son necesarias porque los frentes de esta lucha política son complejos, inesperados, a veces se expresan en cosas que al observador inatento le pueden parecer secundarias. Por ejemplo: las normativas férreas que se quieren imponer en la supuesta lucha contra el TEA (autismo) o...



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