Kuster | Francisco de Asis | E-Book | www2.sack.de
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E-Book, Spanisch, 232 Seiten

Kuster Francisco de Asis

el más humano de todos los santos
1. Auflage 2015
ISBN: 978-84-254-3174-6
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

el más humano de todos los santos

E-Book, Spanisch, 232 Seiten

ISBN: 978-84-254-3174-6
Verlag: Herder Editorial
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Al 'pobrecillo' de Asís (1182-1226) debe la espiritualidad cristiana una inspiración permanente, pues su agitada vida es tan fascinante como su mensaje expresado con imágenes poéticas, por ejemplo, en el Cántico del Hermano Sol. Comenzó siendo el ambicioso hijo de un mercader de Asís y terminó en la pobreza del Evangelio, convertida en su libertad espiritual. Niklaus Kuster relata la vida de un santo extremadamente humano: su origen privilegiado, las conmociones existenciales de su juventud, el cambio radical hasta colocarse al lado de los pobres, su grupo poco convencional de hermanos, Clara como compañera extraordinaria y la dolorosa consumación con la 'Hermana Muerte'. El Evangelio, vivido hasta sus últimas consecuencias, inspirador de múltiples acciones, es el centro de la espiritualidad de Francisco: para la solidaridad con los que viven al margen de la sociedad, para una reforma de la Iglesia desde abajo, para una visión libre de la creación y las criaturas, para la alabanza poética de Dios y para una visión de la fraternidad universal. Estos impulsos continúan obrando hasta hoy en día en los movimientos franciscanos, que han redescubierto su vida y su mensaje. Niklaus Kuster sigue también estas huellas y demuesta que el 'Pobrecillo' es una figura de perenne relevancia actual.

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1.
VIDA EN ASÍS

Nos encontramos a Francisco como hijo de una región paradisíaca, como vástago de una pequeña ciudad encantadora y como retoño de una burguesía consciente de sí misma. Ambicioso y mimado por la vida, descubre sólo como mercader con éxito los aspectos sombríos de su mundo. El camino de salida de la crisis conduce, después de una búsqueda existencial durante años, a la ruptura con su gremio y su ciudad. Por último, dos años como eremita le llevan hasta la senda de una nueva vida. Aun cuando desde entonces recorra descalzo toda Italia y medio área mediterránea, seguirá siendo un hijo de Asís. La montañosa ciudad de Umbría ha marcado a Francisco. En sus años mozos, experimenta el despertar de la cultura urbana, comparte la revolución burguesa y se beneficia del capitalismo temprano, que se encuentra en el alba de la modernidad. Sin embargo, su distanciamiento de la vida como mercader no le lleva a despreciar este mundo, sino que inicia un diálogo apasionado con él: a través de la vida, a través de una carrera hacia abajo y una prédica que habla con el lenguaje de la plaza en la concreta vida cotidiana de los seres humanos.

El despertar de una pequeña ciudad antes de 1200

A pesar de que Asís fuese una ciudad pequeña en el siglo XII, disfrutaba de la simpatía y la dedicación personal del emperador de la casa Hohenstaufen. Federico I Barbarroja concedió privilegios en el año 1160 a la antigua y pequeña ciudad, situada en el límite occidental de su ducado de Espoleto, colocándola bajo su protección directa como condado. Sólo algunas décadas antes, la antigua ciudad umbriana había resurgido de la decadencia iniciada por godos y longobardos durante la invasión de los bárbaros y que había quedado sellada definitivamente con las incursiones de los carolingios. En el siglo XI, la construcción de la iglesia de San Rufino anunció el nuevo despertar de la antaño floreciente Asís. Como en toda Europa, también la población italiana crecía como consecuencia de un clima más cálido, mejores métodos de cultivo y una alimentación más equilibrada. Este impulso en el desarrollo condujo al renacimiento de la cultura urbana. En medio del mundo rural feudal de la alta Edad Media, surgieron pequeñas ciudades vitales, en las que flotaba un espíritu nuevo. El «aire urbano da libertad», porque libra a los seres humanos de la servidumbre y las relaciones feudales, los libra de la gleba y los estrechos castillos, uniéndolos en un nuevo entramado social para formar un íntimo destino común. Gremios y oficios artesanales, mercados y comercio recuperan la economía financiera. Tanto los viajes comerciales como la formación amplían un horizonte rico en perspectivas y favorecen el intercambio de ideas. Pronto, la burguesía en ciernes anhela tener parte en el poder, de acuerdo con su importancia económica. Después de las grandes ciudades, hacia finales del siglo XII, también los pequeños centros conquistaron en el centro de Italia la autonomía administrativa municipal. Nobles y obispos vieron cómo las ideas republicanas acotaban sus privilegios de soberano.

Francisco nace en esta época agitada y palpitante del cambio. Poco antes de su nacimiento, la pujante y pequeña ciudad de Asís ya había emprendido un primer intento de sacudirse de encima el dominio extranjero alemán. Como consecuencia de ello, en el año 1174 Barbarroja ordenó a uno de sus jefes de ejército, el arzobispo Cristiano de Maguncia, que marchase contra la pequeña ciudad de Subasio. Después de un acoso eficaz, tuvo la inmensa suerte de eludir el destino de Espoleto, a la que hacía menos de veinte años antes habían devastado a sangre y fuego para tener que volver de nuevo bajo la férula imperial. Después de las derrotas de Barbarroja en la Lombardía, su hijo Enrique tiene que ocupar una vez más la ciudad de Perusa en el año 1186. El duque Conrado I de Espoleto, un partidario del Emperador proveniente de la ciudad suabia de Urslingen (la actual Irslingen bei Rottweil), asumió como duque de Asís la vigilancia de una burguesía cada vez más consciente de sí misma. Incluso el Duque residió por temporadas en la Rocca imperial, por encima de la ciudad de Subasio, de clima más agradable. El traslado de la vida económica, social y cultural del campo a la ciudad obligó también a la nobleza local a mudarse de sus residencias rurales a las casas-torre. Los clanes aristocráticos poblaron la parte alta de la pequeña ciudad de Asís. Como sus latifundios les parecían una señal de la bendición celestial, dieron por llamarse boni homines (buenos hombres), que estaban como maiores por encima de los ciudadanos. Éstos, como minores y homines populi (gente del pueblo), tenían que limitarse a la parte baja de la ciudad. «¡El orden es lo primero!» Y mientras un duque alemán vele por la ciudad, ésta seguirá siendo dominada por los nobles, al menos políticamente.

El ambicioso hijo de un mercader

Francisco llega al mundo en la parte baja de la ciudad. Su familia se encuentra entre las más ricas de Asís. Su padre forma parte del gremio de mercaderes. Con la producción de su propio paño de lana, el comercio con artículos de lujo, pero también con el préstamo de dinero, su familia ha adquirido un patrimonio considerable. Pedro de Bernardone tiene en propiedad, al menos, cinco casas, así como terrenos en las inmediaciones. Sólo en la tradición oral posterior se dice que su mujer procede del sur de Francia, lo cual sigue siendo dudoso, pues otra tradición afirma que Pedro la conoció en Lucca. El origen de la madre de Francisco se puede demostrar tan poco como que su nombre fue Pica, del que se dio testimonio sólo más tarde. En 1182, nace el primer hijo del matrimonio. El hecho de que la madre hiciese bautizar al pequeño Juan inmediatamente después del nacimiento, aunque no con el nombre del padre ni el del abuelo Bernardone, sugiere que la fecha de nacimiento fue el 24 de junio, día de San Juan. En esos momentos, Pedro está de viaje por Francia. La importación de tejidos costosos desde el sur de Francia y su venta en los mercados del valle de Espoleto contribuye de manera esencial a la prosperidad de la casa comercial. Regresa como padre feliz y sostiene por vez primera a su hijito en brazos, pero le cambia el nombre por el de Francisco. Los codiciados tejidos franceses se llaman panni franceschi. El nuevo nombre recuerda un paño costoso y sugiere riqueza, elegancia y negocios prósperos. Pero, en aquel entonces, también son «franceses» la nueva poesía, la cultura cortesana y las canciones de trovador, admiradas por los comerciantes italianos. El pequeño Francisco oirá hablar de la legendaria mesa redonda del rey Arturo y, siendo adolescente, se ejercitará en el comportamiento caballeresco. Incluso ya adulto, cuando rompe con la mentalidad capitalista temprana de su gremio, se lleva con él la hidalguía y el arte trovadoresco a una vida completamente distinta. Sin embargo, hasta entonces tendrán que transcurrir muchos años llenos de sol y acontecimientos.

Con prudencia, Pedro prepara a su primer hijo para la profesión de mercader. En la iglesia parroquial de San Jorge, Francisco recibe una educación básica rudimentaria. Dentro del círculo de hijos privilegiados, aprende a leer, escribir y calcular, además de adquirir conocimientos elementales de latín. Por entonces, los notarios escriben en latín, pero también los acuerdos comerciales y los contratos de compra-venta se redactan en este idioma. Además, la baja latinidad sirve para el entendimiento internacional. Francisco también aprende de su padre el provenzal, la lengua de los contactos comerciales más importantes con la Francia meridional. Con todo ello, la formación del joven respondía por completo a las necesidades del estamento burgués dirigente. No obstante, según sus propias palabras, Francisco se quedó iletrado e ignorante: «idiota et ignorans» (Test, CtaO).

A los catorce años, el hijo del mercader llega a la mayoría de edad. Por tanto, en 1196, tiene que jurar por primera vez ante la nobleza de Asís y ante el duque alemán su obligación de servidumbre personal en la Rocca. Al mismo tiempo, ingresa en el gremio de su padre, que dirige todos los demás gremios, pues está por encima de los gremios artesanales de zapateros, tejedores, sastres, herreros, picapedreros, carreteros, panaderos y carniceros. En su gremio, Francisco se convierte en un hábil mayorista. Ángel, su hermano menor, es menos trabajador. Por eso, las esperanzas de los padres están puestas en su primogénito, que promete continuar con talento la floreciente casa comercial de Pedro de Bernardone. Quizás el padre llevó a su hijo también a los viajes de comercio por los centros de la producción textil en el sur de Francia. La alegría con la que Francisco habla «francés» de manera espontánea o cómo canta una melodía trovadoresca del Languedoc se explica mejor con estos contactos directos. A la vez que el vástago sigue con éxito y ambición el ejemplo de su padre en el negocio, en sus horas de ocio se muestra mucho más voluptuoso y liberal que Pedro. La Leyenda de los Tres Compañeros, una de las colecciones de originales más fiables, perfectamente familiarizada con la vida cotidiana de Asís, recuerda: «… dado a juegos y cantares, de ronda noche y día por las calles de Asís con un grupo de compañeros; era tan pródigo en gastar, que cuanto podía tener y ganar lo empleaba en comilonas y otras cosas» (TC 2).

A los padres no les disgustaba la prodigalidad de su primogénito:...



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