Kohl | Una Alemania europea | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 74, 204 Seiten

Reihe: Nuevo Ensayo

Kohl Una Alemania europea

Discursos e intervenciones (1983-1998)
1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-1339-368-1
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Discursos e intervenciones (1983-1998)

E-Book, Spanisch, Band 74, 204 Seiten

Reihe: Nuevo Ensayo

ISBN: 978-84-1339-368-1
Verlag: Ediciones Encuentro
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El «Canciller de la Unidad», que logró la reunificación de Alemania solo once meses después de la caída del Muro de Berlín, fue también un entusiasta impulsor de la unidad europea desde el inicio de su mandato. Cuando en 1989 se abrió inesperadamente la posibilidad de la reunificación, el canciller logró ganarse el apoyo de sus socios en la Comunidad proponiendo que el paso de la unidad alemana fuera acompañado de otro paso en la unidad europea. En sus últimos años de canciller fue el principal valedor de la moneda única, que esperaba que hiciese casi irreversible el proceso de integración. Este libro recoge algunas de las intervenciones más significativas de su vida política, como el debate sobre la instalación de misiles norteamericanos en suelo alemán, sus palabras tras lograr el apoyo de Gorbachov a la reunificación o el emocionado discurso sobre la unidad ante la multitud de Dresde. Especial mención merece su intervención con motivo de la visita del presidente del gobierno español, el 3 de mayo de 1983. Kohl se comprometía a hacer lo posible por desbloquear la solicitud de adhesión: «Abogaremos por vuestros intereses». El canciller recordaba aquel día las palabras de ánimo que un español había dirigido a los alemanes en 1949, en el «momento más aciago» de su historia, en el que «muchos habían perdido la fe en el futuro de nuestra vieja nación». Se cumplían entonces cien años del nacimiento de Ortega y Gasset, que tanto había deseado un futuro europeo para España, y que de este modo reaparecía en escena en el momento preciso en el que, con el apoyo del canciller y tras años de negociaciones, se hacía posible la adhesión.

Helmut Kohl (1930-2017) nació en Ludwigshafen (Renania-Palatinado). Tenía quince años cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, en la que perdió a su hermano Walter. Proveniente de una familia católica y conservadora, se unió con diecisiete años a la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Tras obtener el título de Doctor en Historia, desarrolló su carrera política en el Estado federado de Renania-Palatinado, donde fue Ministro Presidente entre 1962 y 1976. Miembro del Parlamento federal desde 1976, lideró la oposición al gobierno socialdemócrata de Helmut Schmidt. Le sucedió en la cancillería en 1982 tras una moción de confianza en la que fue apoyado por el Partido Liberal, hasta ese momento aliado de los socialdemócratas. Reelegido como canciller en cuatro ocasiones (1983, 1987, 1991 y 1994), presidió la Unión Demócrata Cristiana durante veinticinco años y ocupó la cancillería durante dieciséis. Al frente del gobierno impulsó la integración europea, tanto antes como después de la caída del Muro de Berlín, y lideró el proceso de reunificación de Alemania. El 3 de octubre de 1990, apenas once meses después de la caída del Muro, se convirtió en el primer canciller de la Alemania unida. En octubre de 1998 fue derrotado en las elecciones por el socialdemócrata Gerhard Schröder, quien le sucedió en la cancillería. Falleció el 16 de junio de 2017. Su funeral se celebró, siguiendo su voluntad, en Estrasburgo, ciudad simbólica en la historia de la integración europea. Esta casa ha publicado Una Alemania Europea (2020).
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Estudio introductorio. Una Alemania europea, no una Europa alemana

Helmut Kohl fue un político pragmático con una visión1, una idea clara del lugar que Alemania debía ocupar en el mundo libre, junto a los países de Occidente, en el marco de la OTAN y de la unidad europea.

A diferencia de otros, Kohl no renunció nunca al objetivo de alcanzar la unidad alemana. Durante sus primeros años en la cancillería, insistía en la idea de que la libertad debía prevalecer sobre la unidad. En el contexto de la Guerra Fría, la doble estatalidad era inevitable. Sin embargo, para el canciller, el objetivo de la reunificación solo quedaba postergado. Algún día, esperaba, podría hacerse realidad si las circunstancias cambiaban...

Cuando el 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín, se abrió inesperadamente la posibilidad de dar un paso decisivo hacia la unidad de Alemania y de Europa. Kohl logró arrancar a las cuatro potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial su apoyo para realizar la unidad alemana en solo once meses. El día 12 de septiembre de 1990 la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana firmaban con Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y la Unión Soviética el Tratado 2+4 que allanaba el camino hacia la reunificación, que se haría realidad el día tres de octubre. Al tiempo, el canciller impulsaba la profundización en la construcción europea, haciendo casi irreversible el proceso mediante una unión monetaria que muchos alemanes miraban con escepticismo.

Helmut Kohl provenía de una familia conservadora y católica de Ludwigshafen. Fue un político de partido, que hizo carrera en el Land de Renania Palatinado, del que fue ministro presidente durante cerca de ocho años. Alejado de los círculos del poder federal y considerado por algunos en Bonn como provinciano por razón de su acento y de su aspecto, se hizo con la cancillería en 1982 sucediendo mediante una moción de confianza al socialdemócrata Helmut Schmidt. Fue reelegido como primer ministro en cuatro ocasiones, en 1983, 1987, 1991 y 1994. En suma, presidió la Unión Demócrata Cristiana durante veinticinco años y ocupó la cancillería durante dieciséis, transformando para siempre la cara de Alemania y de Europa.

Esta edición recoge dieciocho intervenciones de sus años en la cancillería, desde octubre de 1982 hasta el mismo mes de 1998, así como una intervención posterior en Madrid a modo de apéndice. A pesar de su doctorado en Historia, Kohl no fue un gran orador ni un intelectual. No obstante, sus palabras tuvieron siempre la virtud de la claridad. Se han incluido sus discursos más relevantes sobre la política europea e internacional, pero también sus intervenciones en el Parlamento y ante la prensa en los momentos que fueron decisivos. El debate sobre la Doble Decisión de la OTAN, con interrupciones de la oposición incluidas, la presentación del programa de diez puntos tras la caída del Muro, el discurso casi improvisado en Dresde frente a una multitud agitada, o la comparecencia ante la prensa tras obtener el acuerdo de Gorbachov para avanzar hacia la unidad alemana, nos trasladan la tensión de aquellos momentos y nos recuerdan, treinta años después de la reunificación de Alemania, que sin su determinación las cosas bien podrían haber sido de otro modo.

El apoyo del canciller a la adhesión de España:
«Abogaremos por vuestros intereses»

La edición en español de los discursos del canciller Helmut Kohl despierta, en primer lugar, el recuerdo de su papel en la adhesión de España a la Comunidad Europea. Este se hace presente en las páginas de este libro en su intervención del 3 de mayo de 1983, en el almuerzo ofrecido en Bonn con ocasión de la visita del presidente del gobierno Felipe González, cuyo texto hemos encontrado en el archivo de la Fundación Konrad Adenauer en Sankt Augustin2. En el pliego se recoge también una foto significativa de aquella fecha tan señalada que marcaría no solo el inicio del último tramo de las negociaciones para la adhesión, sino también de una estrecha amistad.

El camino emprendido por España hacia Europa, desde que el ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, solicitara oficialmente la apertura de las negociaciones en julio de 1977, fue largo y difícil. Como ha explicado el embajador Raimundo Bassols, que jugó un papel importante en aquellas negociaciones, los políticos de la transición entendieron y trataron esta cuestión como un asunto de Estado. Los sucesivos gobiernos de la UCD y el PSOE persiguieron el objetivo de la adhesión con igual tenacidad3 y contaron con el apoyo mayoritario de la opinión pública española.

Las reticencias de los miembros de la Comunidad, que explican la dilación del proceso, se debieron principalmente al potencial agrícola español, al tamaño de su flota y al posible impacto de la libre circulación de trabajadores. A estas dificultades se sumaba el hecho de que la solicitud española se planteaba en un momento de crisis económica, en el que se habían agravado las tensiones relativas al presupuesto comunitario. Los franceses manifestaban su preocupación por la financiación de la política agrícola, mientras que los británicos estaban insatisfechos con su contribución al presupuesto, que consideraban excesiva.

Por dos veces las negociaciones chocaron con las trabas impuestas por Francia, que temía en particular los efectos de la competencia española en los agricultores del Midi. En junio de 1980 el presidente Valéry Giscard d’Estaign detenía las negociaciones señalando la necesidad de consolidar la primera ampliación antes de proceder a una nueva ronda. Dos años después, el presidente François Mitterrand imponía una nueva pausa argumentando que no se podían negociar los capítulos de agricultura, pesca y recursos propios mientras no se resolviesen los problemas internos que la Comunidad sufría en estos sectores.

La cumbre de Stuttgart, en junio de 1983, fue crucial para levantar las reticencias de Francia y posibilitar la negociación de los últimos capítulos pendientes. Alemania, que ejercía en aquel semestre la presidencia del Consejo, propuso aumentar los recursos del presupuesto europeo, asumiendo nuevos gastos para apoyar la agricultura de los países del Sur y facilitando, al satisfacer los intereses de Francia, la adhesión de España y Portugal.

Unas semanas antes, el presidente González había viajado a Alemania para reunirse con el canciller, que apoyaba la adhesión por motivos políticos y económicos. Ambos estaban al inicio de su mandato y coincidirían en el poder durante cerca de catorce años. El 3 de mayo, en el citado almuerzo, Kohl pronunciaba el breve discurso que recogemos en este libro4, en el que reiteraba su compromiso a favor de la adhesión de España: «haremos todo lo que sea posible», «abogaremos por vuestros intereses».

En sus palabras, el canciller se refería también al apoyo de González a la Doble Decisión de la OTAN: «Ambos hemos reiterado hoy a nuestros países que apoyamos la Doble Decisión». Frente a la amenaza nuclear que la reciente instalación de misiles de la Unión Soviética en suelo europeo constituía para los países de Europa occidental, la Doble Decisión, que había sido promovida por Helmut Schmidt en 1979, preveía el establecimiento de los misiles americanos Pershing en suelo alemán si antes de 1983 no se lograba negociar con Moscú un acuerdo que renunciase a los misiles de alcance medio. La Doble Decisión trataba así de combinar la disuasión con el desarme, con el fin de corregir el desequilibrio de fuerzas con los soviéticos. Como señalaba el canciller, obligaría a la Unión Soviética bien a aceptar la misma amenaza nuclear que sufría Europa occidental o bien acceder al desarme.

El respaldo del presidente español, a pesar de las sensibilidades del PSOE sobre la OTAN y de que su programa electoral había demandado la retirada de Europa de misiles de alcance medio, era importante para el canciller, que afrontaba una dura oposición. Esta era una cuestión muy delicada, que poco antes le había costado a Helmut Schmidt el apoyo de su propio partido (el Partido Socialdemócrata Alemán, SPD) y la cancillería. En esta edición se recoge también el debate que Helmut Kohl mantendría más tarde en el Parlamento sobre la Doble Decisión.

Como ha escrito Charles Powell, el gesto de González en apoyo de la Doble Decisión explica en parte por qué Kohl habló con tal determinación en el Consejo Europeo de Stuttgart, vinculando explícitamente la exitosa resolución de la crisis presupuestaria a la adhesión de España y Portugal:

A partir de entonces quedaba claro que, en lo que respectaba a Bonn, Francia no obtendría el aumento de los fondos comunitarios necesarios para reformar la política agrícola comunitaria, de la que se beneficiaba más que ningún otro Estado miembro, hasta que se hubiese producido la ampliación ibérica5.

La adhesión de España aún había de requerir tres Consejos Europeos: Atenas, en diciembre de 1983, Bruselas, en marzo de 1984 y Fontainebleau en junio del mismo año. Solo entonces la puerta a Europa se abriría definitivamente. Pero aquel encuentro en Bonn el 3 de mayo fue transcendental.

Las palabras pronunciadas ese día por Kohl tuvieron también un valor simbólico. En aquel almuerzo, celebrado en honor de González, el canciller recordó las palabras de un español que, en el «momento más aciago» de la...



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