Johnson | La controversia constructiva | E-Book | www2.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 14, 222 Seiten

Reihe: Biblioteca Innovación Educativa

Johnson La controversia constructiva

Argumentación, escucha y toma de decisiones razonada
1. Auflage 2016
ISBN: 978-84-675-9029-6
Verlag: Ediciones SM España
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Argumentación, escucha y toma de decisiones razonada

E-Book, Spanisch, Band 14, 222 Seiten

Reihe: Biblioteca Innovación Educativa

ISBN: 978-84-675-9029-6
Verlag: Ediciones SM España
Format: EPUB
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¿Por qué muchas veces se toman decisiones desde una perspectiva individual, sin tener en cuenta otros puntos de vista? ¿Las diferencias de opinión potencian u obstruyen el pensamiento crítico? ¿Es aconsejable buscar personas con una opinión diferente a la nuestra y atender las objeciones que encuentren a nuestra postura? El presente libro analiza la naturaleza del desacuerdo entre distintos miembros de un grupo al que corresponde decidir sobre un tema, y la aplicación de la controversia constructiva, uno de los métodos más eficaces que existen para potenciar la creatividad, la innovación y la toma de decisiones. Si los docentes aplican con frecuencia la controversia constructiva, dejarán impresa en los alumnos la huella de la investigación intelectual, que consiste, entre otras cosas, en construir argumentos coherentes, ser persuasivo en la presentación de los datos, analizar de forma crítica las posturas de los otros, rebatir el cuestionamiento de los demás, contemplar los problemas desde diversas perspectivas y llegar a una decisión razonada.

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Prólogo


Es habitual tener una visión negativa de los conflictos, imagen muy posiblemente basada en la idea de que siempre van acompañados de violencia y destrucción, con daños a veces irreparables. De hecho, a las guerras las denominamos con frecuencia “conflictos armados”. Ahora bien, como este mismo nombre indica, no está fundamentado pasar de un subgrupo de los conflictos, los armados, a la totalidad de los conflictos: este conjunto abarca muchas modalidades, una de las cuales es el conflicto armado, es decir, la guerra, pero no es el único tipo de conflicto, ni posiblemente el más frecuente, aunque pueda ser el más importante por los enormes daños que ocasiona.

Este es el hilo conductor del presente libro de David Johnson: es necesario abordar los conflictos que se dan entre los seres humanos desde otra perspectiva, la que ofrece considerarlos como controversias constructivas. Los conflictos forman parte de la vida de los seres humanos, quienes, a pesar de esa visión negativa, suelen implicarse en conflictos con frecuencia y les gusta hacerlo, pues perciben de hecho que, lejos de ser situaciones negativas, son retos que hacen que aflore lo mejor de nosotros mismos para poder afrontarlos y resolverlos.

Por eso es muy importante tener en cuenta que David Johnson se centra especialmente en los conflictos que se dan «cuando las ideas, la información, las conclusiones, las teorías y las opiniones de una persona son incompatibles con las de otra persona, y ambas intentan llegar a un acuerdo razonado» (p. 37). Es cierto que, con esa definición, puede hablar de conflictos que se dan en ámbitos muy diferentes, incluyendo aquellos en los que existe la posibilidad muy real de transformarse en un conflicto armado, y eso es lo que constituye una de las propuestas fundamentales de esta obra: exponer un modelo de tratamiento de los conflictos que los transforme en controversias constructivas. Estas se convierten en paradigma de referencia para abordar las situaciones en las que los seres humanos se enfrentan a problemas con intereses divergentes, opuestos e incluso algunos, en principio, contradictorios.

El paso fundamental para lograr ese cambio es destacar que la práctica habitual en las relaciones de los seres humanos es la cooperación, no la competición. Cita muy al inicio de su libro la obra de Kropotkin, quien ya en el siglo XIX se opuso claramente a una interpretación sesgada de la teoría de la evolución de Darwin, que ponía como eje del proceso evolutivo la lucha por la vida y el triunfo de los más fuertes. No negaba el pensador ruso la importancia que podía tener en situaciones específicas la competición, pero, apoyado en abundante evidencia empírica, destacaba que las especies a las que mejor les iba la adaptación al medioambiente eran las que cooperaban, no las que competían. No tuvo mucho éxito en un primer momento, pero hoy día son ya numerosos los estudios sobre la evolución que insisten en la cooperación como factor de la evolución y son también muchos los estudios que avalan la teoría de que la especie humana es una de las más cooperativas, por no decir la más cooperativa.

Todo indica, si nos fijamos en la historia de la especie humana, que esa capacidad de cooperación le ha dado un buen resultado en la resolución de los problemas que le surgían en su relación con el medioambiente y su propia supervivencia. Por descontado que siempre han existido guerras, muchas de ellas especialmente destructivas, pero el balance general es que ha dominado una resolución constructiva de los conflictos, primero en el ámbito de los grupos pequeños y con menos frecuencia quizá en el caso de conflictos entre grandes grupos.

Para Johnson, la clave está en la forma de abordar los conflictos. El modo en que se estructura el conflicto en cada situación determina la manera en que los individuos interactúan entre sí, lo que a su vez determina la calidad de los resultados. El requisito crucial está en establecer situaciones de cooperación, pues es en ellas en las que se pueden alcanzar resultados más positivos para todas las personas y grupos sociales implicados.

Apoyada en la teoría de campos de Kurt Lewin, la teoría de estructura-proceso-resultado propone que la estructura de la situación determina el proceso de interacción y este a su vez determina el resultado, como pueden ser las actitudes y conductas de los individuos implicados. Ahora bien, no basta con la cooperación; también es necesaria la presencia de conflictos y de competición, pues sin ellos no se estimularían las capacidades creativas de los seres humanos y no se lograrían las mejores soluciones. Deben, sin duda, según el autor, predominar los elementos cooperativos sobre los elementos competitivos, pero sin estos tampoco se establecen situaciones favorables.

Si queremos lograr una adecuada comprensión de la mejor manera de abordar los conflictos, es importante partir de una adecuada teoría de la cooperación como estrategia de la organización de la vida de los seres humanos. David Johnson parte de la teoría de la interacción social desarrollada por él mismo y por otros autores, teoría apoyada en un ingente trabajo de investigación aplicada que ha permitido validar las hipótesis fundamentales que defiende. Este es, sin duda, uno de los valores del libro que su autor destaca: «En este libro se presenta la teoría de la controversia constructiva, se revisa la investigación aceptada y se discuten las aplicaciones prácticas de la teoría. Teoría, investigación y práctica interactúan entre sí y se potencian mutuamente» (p. 27). Una teoría profunda, como la que desarrolla, permite comprender mejor la realidad social y personal, diseñar investigaciones que permitan verificar y contrastar la teoría, abriendo además nuevos aspectos y dimensiones de la misma, y diseñar estrategias que permitan aplicar los hallazgos de la teoría a la práctica concreta.

En este sentido, el libro es modélico, puesto que son muy abundantes las referencias a estudios en los que queda claro que no se está especulando, sino tan solo aportando propuestas que están sólidamente contrastadas. Todo el capítulo sexto se dedica a mostrar un apretado resumen de investigaciones rigurosas en las que se muestra que la aplicación de la controversia constructiva tiene impacto positivo en ámbitos tan diferentes como el rendimiento académico o la productividad en el mundo de la empresa, incluyendo resultados favorables en desarrollo moral o creatividad, entre otros. El impacto se deriva de algo que es propio de este enfoque: fomentar «un patrón de indagación libre de prejuicios que incluye la construcción de argumentos intelectuales coherentes, presentar la información de forma persuasiva, analizar de manera crítica, cuestionar las posturas de los otros, rebatir los cuestionamientos, ver los temas de discusión desde distintas perspectivas y realizar juicios razonados» (p. 105).

Y lo anterior está vinculado a valorar positivamente, como ya hemos visto, el conflicto y aceptar que la incertidumbre, como punto de partida, provoca curiosidad epistemológica y búsqueda activa. Todo ello porque se genera una estructura no competitiva, sino cooperativa, y los participantes aprenden que el objetivo de defender y criticar no es ganar una discusión o un debate, sino dejar claro cuáles son los pros y los contras de distintas formas de actuar. El protagonismo lo adquiere, en cierto sentido, el problema o el tema que se está abordando, no las posiciones respectivas de quienes participan en la controversia. Eso es lo que abre la puerta a buscar soluciones que supongan un acuerdo conjunto en el que, hasta cierto punto, no existen ganadores ni perdedores, sino aceptación de la respuesta que, por el momento, ha generado un consenso por estar apoyada por los argumentos más potentes y mejor fundados.

Es indudable el valor de lo que aquí expone David Johnson, si bien es cierto que no resulta tan sencillo lograr que su propuesta arraigue en la práctica. En primer lugar, uno de los problemas frecuentes, especialmente en el campo de la educación y también en el de las empresas, es que no es tan fácil establecer esa vinculación enriquecedora entre teoría, investigación y aplicación práctica. Un caso llamativo en el mundo de la educación es el que se produjo en la Comunidad de Madrid.

Hacia 1996 se desarrolló una propuesta de resolución de conflictos en los centros educativos que pasó a llamarse Convivir es vivir. Coincidía en gran parte con lo que se propone aquí y contaba a su favor con una buena teoría, cierta investigación sólida y, sobre todo, se aplicó con gran éxito en numerosos centros. Sin embargo, sin una explicación lógica, el programa fue progresivamente abandonado y se retomó el modelo habitual de resolución de conflictos, mucho más basado en el control previo y en la imposición de castigos y recompensas para promover comportamientos adecuados y reducir los inadecuados. Se incrementó la implantación de videocámaras de vigilancia, se reforzó la autoridad del profesorado y quedaron marginadas las propuestas de mediación, muy próximas a la controversia constructiva. El conflicto dejó de ser visto como algo potencialmente positivo y quedó claro que en los conflictos debía haber ganadores y perdedores. La cultura escolar se mostró, por tanto, renuente ante la enorme evidencia a favor de la mediación y la controversia constructiva.

Desde otra perspectiva, como reconoce Johnson, un problema...



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