Jimenez De Quesada | Antijovio | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 99, 462 Seiten

Reihe: Historia

Jimenez De Quesada Antijovio


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-117-0
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 99, 462 Seiten

Reihe: Historia

ISBN: 978-84-9897-117-0
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En 1567, Jiménez de Quesada escribió su Apuntaciones y anotaciones sobre la historia de Paulo Jovio, obra que ha pasado a la historia como Antijovio. Paulo Giovio, conocido en España como Jovio, fue un religioso, obispo de Nochera, historiador y cronista italiano de aquella época. Estaba considerado entonces como uno de los historiadores más célebres de Europa. Pero su credibilidad hoy está puesta en tela de juicio por los especialistas actuales. Esta obra de Gonzalo Jiménez de Quesada es una refutación del célebre libro de Paulo Jovio que cuestionaba la actuación de las tropas españolas en Italia durante el Saco de Roma, en tiempos de Carlos V y Francisco I de Francia. Los hechos aquí cuestionados sucedieron durante las décadas de 1520-1540. Sin embargo, a finales del XIX, alimentaron lo que Emilia Pardo Bazán llamó la «Leyenda Negra española». En Antijovio, Jiménez de Quesada, hace gala de un gran patriotismo español. Rebate una por una las afirmaciones de Jovio, combate por combate y suceso por suceso, con gran rigor. Esta obra estuvo perdida durante siglos hasta que se encontró su manuscrito en el Colegio de Santa Cruz, en Valladolid, en 1927. Se editó por primera vez en Colombia en 1952. La presente edición conserva la ortografía original y se basa en la primera edición de 1952, Bogotá; Instituto Caro y Cuervo.

Gonzalo Jimenez de Quesada
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Capítulo Terçero


De 1 las Comunidades y rrebeliones 2 que vbo en los rreynos d’España poco después que el rrey don Carlos bino a rreynar en ella y de las causas de las dichas Comunidades 3 y de cómo en aquellos tienpos las hubo en toda la rredondez de la tierra 4.

En la primera parte de su corónica, en el libro beinte de ella, en el capítulo primero que trata de la benida del nuestro 5 Carlos a rreynar en España, que es el lugar y tiempo de donde yo puedo barajar, si me es líçito hazello 6, con el dotísimo Jobio, y dende más atrás baraje quien pudiere, dize este doctísimo barón 7 en sustançla qu’el Emperador don Carlos pasó a rreynar a España y tomó la posesión de sus rreynos y qué, como se bolbiése a Flandes, los pueblos d’España se rreuelaron por causa de que los flamencos que venían cabe su magestad y espeçialmente musiur de Gebres su ayo e camarero mayor y sumo 8 priuado, ise avían mostrado muy codiçiosos durante el tienpo que abían estado en España y que las Comunidades (que así fue llamada comúnmente esta rrebelión), tomando por capitanes a Juan de Padilla y a Juan Brauo y Maldonado, abían proseguido su yntento, de lo qual se siguió que quedó quemada por Antonio de Fonseca la villa de Medina del Canpo, y qu’el Condestable don Yñigo de Belasco y Almirante don Fradrique Enrríquez rrompieron el exérçito de los comuneros cabe 9 Villalar, y que de Juan de Padilla. y de sus conpañeros que quedaron presos se hizo públicamente justiçia, y que después no les faltó ánimo a los comuneros para que doña María Pacheco, muger del muerto Juan de Padilla, lebantase vandera para qu’ellos se mantubiesen en su rrebelión, y que a la fama d’estar alterada España 10 al rrey Françisco de Françia le paresçió 11 buena ocasión para rrestituir en su rreyno de Nauarra a Enrrique de Labrid qu’estaua d’él despojado, y que así enbió exérçito que entrase por aquella probinçia y entró 12, y avnque tubo al prinçipio próspero suçeso la enpresa, al fin los françeses fueron vençidos por los dichos Condesable y Almirante y su capitán Asparros preso, y 13 con esto se apaçiguó España y tomó a su antigua tranquilidad ¡por la singular prudençia del cardenal Adriano Florençio (que por otro nonbre llaman el cardenal de Tortosa), que después fue Papa, a quien el Emperador avía dexado por gouemador de sus rreynos d’España. Esta es la sustançia d’este capítulo, en la qual ay muchas cosas que dezir para declaraçión de la berdad y de lo que pasó, lo qual él quenta de otra manera de como ello aconteçio.

Y presupongo primero 14 que no le pongo culpa enque no tubiese notiçia de las Comunidades d’España de la forma que pasaron, por ser él estraño d’esta naçión y porque de las particularidades d’esta guerra no temía entera rrelaçión. En lo que se la pongo es en querer escreuir poco ni mucho d’ello, no teniendo el aviso que conbenía de lo que avía pasado 15, y si todabía cunplía a su y storia no dexar guerra por escrebir de las que pasasen en el mundo en su tienpo (avnque todabía dexó hartas más de las qu’él piensa, como se berá en los Añales del quinto Carlos), pudiera dezir que en aauel tienpoavía habido vna alteraçión en España y se abí: il apaçiguado y esto bastaua, sin degender a particularidades, que passaron de otra manera que as puso en su corónica 16. Y para confutaçión d’ellas diré en este paso lo que pasa, avnque primero digo que yerra notablemente el Jobio en dezir en el prinçipio de su capítulo qu’el Emperador don Carlos vino a tomar la posesión de los rreynos d’España elegido y hecho ya Enperador, porque pasa lo contrario. Y es así, que la magestad de nuestro 17 Carlos bino con solo título de rrey, que tan solamente hera 18 a rreynar en España, a diez y nueve de otubre del año de nuestra rredemçión de milI y quinientos y diez y siete y estubo de aquella vez en sus rreynos hasta mayo del año de beinte. Y el de diez e nueve años, murió el ynbitísimo 19 Emperador Maximiliano su aguelo y por jullio d’él fue eleto su nieto al mesmo ynperio. De manera que después de rresidir dos años en España fue la eleçión del Emperador, y no bino hecho Emperador a rreynar enella, como el Jobio dize, lo qual pensara que lo avía querido dezir por rrecapitulaçión, si no me desengañara d’ello el capítulo treynta de su libro diez y ocho y el capítulo segundo del libro diez e nueve de la mesma parte primera donde trata de la muerte del Emperador Maximiliano, sin hauer tratado de la benida de su nieto a rreynar a España, y donde trata de la capirulaçión de Noyon y de otras cosas que allí pone como presupuestos para la benida del rrey don ‘Carlos a rreynar.

Pero biniendo a tratar de las Comunidades digo qu’el docto 20 Jobio se engañó en asignar por causa de las alteraçiones españolas la cobdiçia de los flamencos. Porque como se berá en los Añales ya alegados (si Dios da ugar a qu’el mundo los bea), avnque vbo algo d’esta codiçia en algunos, otros bibieron muy moderadamentey como personas que mereçían tener el lugar que tenían cabe 21 su prínçipe. y está claro que aquella no hera bastante ocasión para vna general rrebelión, porque la codiçia de ningunos particulares puede mober a 22 los ánimos de todos y al ánimo general de todo el rreyno (llamémosleasí) a rrebelarse. Las causas d’estas comunidades fueron muchas y avnque ninguna bastante (porque ninguna puede hauer que lo sea para levantarse los pueblos contra el theniente que Dios tiene puesto en aquella probinçia, qu’es el que allí rrçyna y rreside) pero a lo menos a los ojos y coraçones çegados 23 de pasión como los comuneros lo estaban, paresçíales a ellos ya otros çiegos 24 de la mesma enfermedad que heran sufiçientes, las quales abemos de hurtar 25 agora a los Añalcs pero no de rraíz, y así le conberná bien el nonbre de hurto porque apañaremos de allí sin que nadie lo sienta, a hurtadas, no todo lo que fuera menester, pero lo que así de priesa, para pon ello aquí y lo de propósito quedarse a allá en su lugar 26.

Fueron pues las causas en suma y en sustançia que mobieron a los comuneros, tres las prinçipales: la primera el querer su rrey, ya nuevo Emperador, salir de sus rreynos para yr a tomar las primeras ynsignias de su dignidad en Alemania, fporque ésta hera vna purga de tan mal sabor para los estómagos españoles (avnque hera como después se bio para sanar todo el cuerpo de la christiandad, que si aquel bendito prínçipe esta y otras salidas no hiziera 27, ella estubiera casi acabada), que no podían llevar a la boca 28 esta salida. y en la berdad paresçía, mirándolo humanamente y sin consideraçión de lo que después Dios quiso descubrir a España, que tenían rrazón de congojarse (avnque no de rrebelarse porque para esto no puede hauer rrazón ninguna) de ber salir a su prínçipe de su tierra y rreyno, cosa a qu’estavan muy desabezados 29 desde el rrey don Pelayo, primer rrey d’España después de los godos, si no fue v no que con solo querello hazer pasó por la mesma 30 calamidad, siendo elegido para la mesma dignidad 31 por el rrey don Alonso el Sabio, digo, al qual 32 su hijo don Sancho persiguió, entre otras causas por ésta prinçipal, teniendo los pueblos d’España diferentes opiniones, v nos teniendo la del padre, que fueron los menos, y otros la del hijo. y aquellas fueron 33 berdaderas Comunidades de temer 34 porque todas las demás 35 donde no ay voz de dos rreyes, son de tener en ç poco, como tanbién fueron tenidas d’este arte 36 las nuestras españolas de que tratamos, digo de los sabios y discretos juizios d’España 37. y çierto, tornando a nuestro propósito, era cosa estraña ber vn rrey estrangero (digo 38 naçido en estraña tierra, avnqu’ el natural rrey d’España) 39 benir a rreynar a ella sin avella visto jamás, y junto con esto gobernarse por aquellos sus connaturales estrangeros, y belle bolber luégo fuera d’ella 40 y pasar por España como de corrida, o como caminante si así se pudiera deçir, y paresçía cosa harto bien rreçia 41 a los oydos ya los ojos ya los ánimos de todas las gentes. La segunda comunera 42 causa, que tanbién la pornemos abrebiada 43, fue el darse ofiçios y benefiçios a estrangeros que, como la magestad del Carlos 44 los traya cabe 45 sí, y se abía criado con ellos, y estaua obligado a gratificalles sus seruiçios. I paresçíale que se les podrían pagar a costa d’España; y sí podían, avnque bien questa arriba, la qual no querían subir los españoles con el entendimiento, sino 46 andarse por aquel espaçioso llano de los rreyes pasados de gloriosa; memoria. y pesábales en lo yntimo de sus corazones ber aquellas merçedes tan, largas en los pechos y haçiendas y personasde aquellos que no conoçían ni avn entendían y que sus pasados d’ellos 47 las abían tenido y poseydo. Y, por que abrebiemos esta materia, fue la terçera causa (qu’estas tres y no más pornemos en este yntento) 48, ber sacarse 49 el dinero del rreyno en grandes cantidades, qu’es cosa que qualquier rrey y rreino debe mirar mucho para 50 que no se haga, como vna de las cosas 51 más sustançiales que puede hauer para su consistençia. Y hera grande azedia en los ojos españoles ber desfrutada a España para que Flandes se hiçiese jardín de Evropa y se contase por vna de las feliçes tierras del mundo.

Y d’estas causas que he contado se deribaban otras muchas, que se an de buscar con las rrespuestas d’ellas en los Añales que tengo alegados, y muy mejor en las corónicas del mesmo 52 Carlos. Pues juntas estas causas todas 53, acordó Toledo (çiudad prinçipalísima de nuestra probinçia), de armar la fragua para esms disensiones, acudiendo tanbién a dar sus çiertas martilladas algunos pueblos, y no todos, como el...



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