Jägerstätter | Resistir al mal | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 102, 356 Seiten

Reihe: 100xUNO

Jägerstätter Resistir al mal

Cartas y escritos de la prisión
1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-1339-452-7
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Cartas y escritos de la prisión

E-Book, Spanisch, Band 102, 356 Seiten

Reihe: 100xUNO

ISBN: 978-84-1339-452-7
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Franz Jägerstätter, campesino austriaco, casado, padre de tres niñas y ferviente católico, fue ejecutado en 1943 por negarse a servir en el ejército nazi. Atendiendo a los dictados de su conciencia -de los que no quiso sustraerse aun contraviniendo las recomendaciones de las autoridades eclesiásticas-, se negó a participar en una guerra que consideraba a todas luces injusta. Su valentía y su coherente actuación como cristiano llevaron al papa Benedicto XVI a beatificarlo en octubre de 2007. Se publican aquí por primera vez en castellano todos los escritos de Jägerstätter tanto durante el periodo de instrucción militar en la Wehrmacht como desde su posterior arresto hasta el día de su ejecución. La primera parte del libro recoge la conmovedora correspondencia mantenida con su esposa Franziska -a través de la cual Franz había sido conducido a un intenso camino espiritual-, mientras que la segunda está formada por diversas reflexiones sobre la vida cristiana escritas en prisión. Se incluye además un texto inédito encontrado recientemente en Sankt Radegund, escrito probablemente unos días antes de su arresto. «Me gustaría invitaros a conocer la extraordinaria figura de un joven objetor, un joven europeo de 'ojos grandes', que luchó contra el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial» (Mensaje del papa Francisco a los participantes en la conferencia europea de jóvenes).

Franz Jägerstätter (Sankt Radegund, 20 de mayo de 1907 - Ciudad de Brandeburgo, 9 de agosto de 1943) fue un campesino austriaco ejecutado por el régimen nazi. Hijo ilegítimo de Rosalía Huber y Franz Bachmeier, tras morir su padre en la Primera Guerra Mundial fue adoptado por el nuevo esposo de su madre, Heinrich Jägerstätter, de quien heredó su granja. En 1933 tuvo una hija ilegítima con Hildegard Auer, una trabajadora de la granja. Tres años después se casó con Franziska Schwaninger, con quien tuvo tres hijas. Su fe católica se despertó en su viaje de bodas a Roma. Tras negarse a servir como soldado en la Wehrmacht alemana en 1943, fue encarcelado en Linz hasta principios de mayo y luego fue trasladado a Berlín-Tegel. El 6 de julio de 1943 fue condenado a muerte por el Tribunal de Guerra del Reich por «socavar la moral militar» y decapitado el 9 de agosto en Brandenburg/Havel. En 2007 fue beatificado por el papa Benedicto XVI.
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Retrato biográfico de Franz Jägerstätter

El 20 de mayo de 1907 nació en Sankt Radegund (Alta Austria) Franz Jägerstätter, hijo de padres no casados, ambos ayudantes de granja: Rosalia Huber, del mismo Sankt Radegund, y Franz Bachmeier, oriundo de Tarsdorf (provincia de Salzburgo). No llegaron a casarse debido, quizás, a que eran demasiado pobres para poder sacar adelante una familia. Años más tarde cada uno de ellos logró casarse y formar una familia debido a que emparentaron con personas de más recursos económicos que ellos. Por este motivo, Franz fue educado por su abuela materna, la madre de Rosalia, una mujer creyente y muy cariñosa. Durante el desarrollo de la Primera Guerra Mundial hubo en la Alta Austria una gran hambruna. El pequeño Franz tuvo que sufrir no solo el hambre sino que también su ritmo escolar fue perjudicado e interrumpido debido a que no disponía de alimentos para llevarle al personal docente de la escuela. Ya siendo adulto, Franz llegó a escribir que siempre le dolió más la injusticia que el hambre.

En 1917 su madre Rosalia se casó con el granjero Heinrich Jägerstätter y pudo llevarse consigo al pequeño de 10 años. El nuevo hogar, la granja de Leherbauer, supuso para el muchacho un nuevo ámbito de experiencia. El padre de Heinrich, «abuelastro» de Franz, tenía una biblioteca y estaba abonado a un periódico. Franz se fue convirtiendo poco a poco en un lector voraz. La cercanía a la lectura supuso para él la posibilidad de informarse y tener una cierta formación, así como de recibir algunos de aquellos talentos en sentido bíblico por los que uno tendrá que dar cuenta en la eternidad. Todavía en el año 1938 Franz le escribía en una carta a su ahijado: «…un hombre que no lee nada nunca podrá caminar sobre suelo firme, se convertirá casi siempre en un juguete en manos de cualquiera».

Franz asistió durante siete años a la escuela de Sankt Radegund, que contaba con una única aula para todos los alumnos. Un maestro enseñaba en una sala a unos 70 niños en edad de 6 a 13 años. El pueblo era homogéneamente católico, los párrocos eran la mayoría de las veces cuerpos extraños en el pueblo y cambiaban a menudo. Con 20 años Franz se marchó del pueblo y trabajó durante tres años en una mina de hierro en Eisenerz. Viviendo en un ambiente socialdemócrata, Franz pasó por una profunda crisis de fe. En el año 1930 Franz vuelve a su pueblo subido a una motocicleta y mal mirado por la moral establecida en el lugar.

Desde finales del siglo XIX tenían lugar en el pueblo grandes representaciones de la Pasión de Cristo. La última función que tuvo lugar en el año 1933 supuso grandes pérdidas económicas para el pueblo debido a que los nacionalsocialistas, recién llegados al poder en Alemania, no permitían a los visitantes alemanes el paso de la frontera austriaca. En Sankt Radegund no entraron los nazis hasta el año 1938, y poco después de su entrada en Austria de repente nadie en Sankt Radegund quería ser el alcalde. Este cargo también se le propuso a Franz. Solo cuando llegaron amenazas por parte del poder de poner en el cargo a un comisario extranjero tuvo que asumir la tarea una persona del pueblo. Estas tempranas desavenencias del pueblo con el régimen nazi pudieron ser una de las causas de que Sankt Radegund permaneciera siempre casi totalmente inmune a la concepción nazi del mundo. Este hecho se puede constatar en el verano de 1940 con ocasión del encarcelamiento del párroco del lugar, Josef Karobath, a causa de una homilía que fue considerada «provocativa» por parte de los nazis. En el pueblo se buscaba quién podía haber sido la persona que denunció al párroco. Se descubrió a un granjero que en una ocasión había hablado bien públicamente de los nazis, concretamente, sobre una ayuda familiar que estos habían establecido. Por motivo de la sospecha de haber traicionado al párroco del pueblo, toda la población del lugar boicoteó tanto al granjero como a toda su familia. En comunidades vecinas en las que ya antes del Anschluss existían rivalidades entre grupos o facciones de vecinos los nazis pudieron aprovecharse de esa circunstancia para sembrar la división. Un ejemplo fue lo ocurrido en la población vecina de St. Pantaleon donde los nazis establecieron un auténtico régimen de terror.

El clima de resistencia vivido en Sankt Radegund permitió a Franz durante años manifestarse abiertamente en contra del sistema así como rechazar la colaboración y las contribuciones al mismo. La exención del servicio militar que se le concedió a Franz entre 1941 y 1943 fue gracias a la colaboración del municipio de Sankt Radegund a su favor. En el año 1938 Franz poseía ya una madura y reflexiva actitud vital y de fe.

Con veinte años Franz Jägerstätter atravesó una fuerte crisis de fe. Una parte de sus parientes pertenecían a los Testigos de Jehová y por esta razón había muchas discusiones sobre temas religiosos en la familia. Tuvo amigos sacerdotes. Libros y periódicos fueron para él una importante ayuda a la hora de orientarse en la vida. La concepción del mundo del joven campesino quedó tras el matrimonio con Franziska Schwanninger decisivamente marcada y a través de ello la fue profundizando. Su mujer le transmitió nuevas formas de expresión religiosa y, junto a una relación que fue siempre muy intensa emocionalmente, fue creciendo a la vez un sólido vínculo espiritual entre los esposos.

Jägerstätter se opuso al nacionalsocialismo principalmente porque este partido persiguió a la Iglesia —en el arciprestazgo de Ostermiething hubo ocho encarcelamientos entre un total de 10 sacerdotes—, y por este motivo no quiso combatir por la victoria del nazismo. El joven campesino iba recolectando la energía para la resistencia de las propuestas religiosas que provenían de su iglesia, sobre todo de una asidua lectura de la Biblia. Su apoyo y refugio fue siempre la relación con su esposa Franziska. Ella permaneció junto a él cuando todos sus parientes intentaban convencerlo para que se alistara. Ella pudo devolverle la paz cuando el sacerdote Ferdinand Füthauer le echó en cara que con su decisión de no volver a alistarse se convertía en un «suicida». El recuerdo de la dicha vivida junto a Franziska lo sostuvo en la gran crisis al comienzo del tiempo de prisión en Linz.

El campesino Jägerstätter, con su actitud, puso en cuestión la postura de algunos que más tarde afirmaron «no saber nada». Este hombre tan solo visitó una escuela de aula única. Pero para él aprender a leer era una verdadera obligación. Las cartas pastorales del año 1938 en relación con la situación política las leyó con interés y se acogió a su contenido cuando más tarde los obispos no volvieron a tratar el asunto con palabras claras. Jägerstätter siempre entendió la promoción del apostolado de los laicos y los grupos de lectura de la Biblia como una preparación para el tiempo de persecución, «en el que los pastores de las almas callan» y no dan directrices para el camino.

El pueblo de St. Radegund, con su actitud antinazi, ofreció a Franz una importante protección. En los pueblos vecinos habría sido sencillamente condenado a muerte sin siquiera llegar a negarse a prestar el servicio militar. Lo habrían matado antes. Como granjero, Franz Jägerstätter era laboralmente independiente. Tenía que pagar las cuotas correspondientes a sus remesas pero podía ejercer su profesión sin pertenecer al partido. También le fue posible, desde 1943, evitar cualquier donación o contribución al partido.

En enero de 1938 Franz tuvo un sueño que lo volvió muy sensible a los temas políticos del momento. Él vio un tren muy bello que circulaba alrededor de una montaña hacia la cual todo confluía. Él sabía que ese tren conducía a la perdición. Por ello, cuanto más cercana veía él la realidad del nacionalsocialismo más claro se le iba haciendo que el tren simbolizaba al partido nazi y a toda su organización. El día 10 de abril de 1938 Jägerstätter votó en contra de la anexión de Austria al Reich alemán. Cuando los bomberos en St. Radegund tenían que recoger votos para el partido, Franz abandonó la asociación de bomberos. Jägerstätter siempre lamentó que la Iglesia guardara silencio en relación con esos acontecimientos y con la guerra. El campesino de St. Radegund condenó la llamada a las urnas de los obispos austriacos el 10 de abril como un «dejarse apresar» de la Iglesia, la cual desde ese momento estaba encadenada y con su silencio casi había renunciado a la justificación de su existencia.

«Estoy a vuestro favor porque vais en contra de mi enemigo», según este lema distintas agrupaciones sociales en Alemania durante la toma de poder del nazismo simpatizaron con las prácticas de los miembros de este partido o al menos permanecieron en silencio hasta que ellos mismos fueron amordazados. El ir a luchar a la guerra se hacía más fácil por el hecho de significar una oportunidad de combatir el bolchevismo. A través de su distancia y su estado de alerta desde el principio Franz había preservado un espacio de libertad de maniobra y pensamiento tan grande que las palabras «liberación del pueblo ruso y del bolchevismo» las pudo rechazar como lo que eran: propaganda mentirosa que debía encubrir el interés alemán en las materias primas rusas.

Para el campesino Jägerstätter la guerra comenzada por Alemania era injusta. Y contribuir a la lucha armada matando hombres para que los nazis dominaran el mundo entero siempre lo vio como algo por lo que debía sentirse personalmente culpable. Para él como persona individual solo contempló la posibilidad de oponerse a cualquier donación, aprobación y apoyo a ese sistema, incluido,...



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