Hojman | Balbuceos del misterio | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 160 Seiten

Reihe: Sauce

Hojman Balbuceos del misterio


1. Auflage 2014
ISBN: 978-84-288-2736-2
Verlag: PPC Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, 160 Seiten

Reihe: Sauce

ISBN: 978-84-288-2736-2
Verlag: PPC Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



La autora realiza en este libro una labor de introspección y se pone en la piel de una mujer a lo largo de su devenir vital: desde la oscuridad prenatal hasta el segundo parto, el de la muerte. De ahí brota este libro, como un intento de bucear en 'la humanidad'.

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PRIMERAS EXPERIENCIAS


3. EL ENCUENTRO

Ante el vacío, unos brazos.

Un calor. Seguro o no tanto. Un abrigo que se hace cueva. La tranquilidad cuando se relajan. Saberme mecida, ritmos que convocan la placidez una vez más. Algún resabio conocido en esos olores que están ahí para mí, con más o menos ternura presentes frente a la nada que me rodeaba.

Abandonarme a esos brazos es un riesgo extremo. Lo contrario es desaparecer en este abismo que boga por tragarme apenas la calidez se aleja. Mi única oportunidad para no diluirme es aferrarme –deditos minúsculos de hierro– a este salvavidas que se me ofrece: nuevo universo que me recibe, a veces tibio y otras rígido o temblequeante, pero con la certeza de la presencia. Incluso si me rechaza, allí lo encuentro, cercanía negada igualmente real.

Y soy pura fragilidad, y soy también la irreductible prensión de mis manos, el grito que se propaga, la succión briosa arrebatando la vida.

Frente al terror: mi poder y los sudores compartidos. Salto a la confianza...

Experiencia de ser recibida. Como la llegada añorada o la visita inoportuna, hay un lugar esperándome. Caigo en un molde que recoge mi forma, que me rescata de lo informe. De cemento o de silicona, más o menos maleable a lo que traigo conmigo. Hecho de sueños mil veces acariciados o forjado en el desprecio; soy fruto del deseo o la imprudencia, del amor o la violencia, pero soy fruto, qué duda cabe. Llamada a desplegar mi sabor, mi frescura.

Muchos ponen y pondrán sus huellas en el molde, expectativas cruzadas, palabras y silencios sobre mí. En el mejor de los casos encontraré mimos, palmadas de aliento. Primer «realismo»: habrá lo que haya, material para ir amasando, lijando, recortando y estirando, juntos.

Brazos fuertes. Otros asustados. Pieles firmes y también arrugadas. Bracitos que se tensan entre risas y el enojo de creerse desplazados. Calideces; calmas o relámpagos. Aire de familia.

4. DEL HAMBRE, LA SED, EL DESEO Y LAS PASIONES

Otra vez la vacuidad, la panza apretada. Dolor de vacío. La nada, llenándome... presiona hasta sentir que se pegan las paredes del cuerpo: desaparezco a fuerza de apretura. Más adelante llamaré angustia a esta experiencia de irme contrayendo hacia dentro de mi propio abismo. Por ahora es la sensación corporal de oquedad que me invade.

Impotencia. No puedo resolver mi propio agujero. Descubro en la crudeza del hambre una de las certezas más constitutivas de mi humanidad: soy hueco que no puede saciarse a sí mismo. Se despierta un deseo desenfrenado, tumulto estremeciéndose en la expectativa de lo que no llega. Desde la agitación del abismo que intenta tragarme brota la intuición: puedo vislumbrar algo, innombrado aún, capaz de aliviar este suplicio. De aquí en adelante, la pasión entramará estas dos caras, el fuego que me convoca íntegra y el dolor insoportable de quemarme en él.

Se hace lento, y eso alborota todavía los sentidos, los enciende, abre registros. Por dónde llegará el agua viva que me sostenga en el borde, que impida el atroz hundimiento en esta fosa que voy detectando que soy.

Cuando no resisto otro instante, irrumpe. Los labios se abren y en ansiosa avidez comprimen y sueltan, comprimen y sueltan. Calidez que fluye, dulzura humedeciendo poco a poco mi desesperación. De fuera proviene la calma que va devolviéndome la forma, rellenando mis vísceras. Nuevamente soy; derroté al vacío.

Será una existencia entera, «sometida» al regalo de lo cíclico. A la saciedad le sucede la carencia, a esta la siguiente plenitud. Así iremos, del colmo al precipicio acechante o al vacío que invita a las fecundidades. Subidas y declives en la espiral del crecer: la escasez propone la búsqueda. Y la leche nutritiva siempre estará en el otro, que en definitiva es Otro frente a la experiencia de mi nada... Aun lo que logro encontrar en mí misma, en algún momento fue recibido.

5. DESCANSO...

Reposo en ese abrazo que se ofrece, gratuito, al menos unos instantes. Vivencio el encuentro generoso por fuera de la angustia.

Calma. Me dejo mecer en el hueco que no es abismo. Retorno efímero y eficaz al resguardo del vientre; cede la tensión y vuelvo a hacerme una con esta presencia que me cobija.

El ritmo; la seguridad que otorga lo repetido. Aquí, allá, monótono vaivén que me enseña de constancias. A una elevación sucede el descenso, y viceversa, inexorable ir y venir abonando certidumbres primigenias.

Esos brazos son la seguridad. Fantasía de que el daño no es posible mientras me sostengan. La belleza parece garantizada en esa textura tan conocida. Puedo relajarme, el miedo se esfuma, todo se resuelve en la magia acunada, ojalá muchas veces al día.

(Ilusión que desplazaremos a tantas utopías que nos dejan en posición de lactante; a tantos padres que, por idealizados, cuando no nos frustran, nos someten a su capricho... Vínculo que tantas veces repetimos con Dios, esperando esa omnipotencia a la que él renuncia; y olvidamos que nos lanza a una libertad adulta.)

El contacto con su tibieza, el aroma de su cuerpo impregnando el universo. Nos confundimos; la piel no es todavía frontera, se entremezclan sus células con las mías –no hay «tuyo» y «mío», sino una única sustancia compartida, un espacio sin vacíos que nos honra–.

Sentirme en su superficie. Encontrar mi calor, que desde el suyo me refleja. Límites que separan, marcan territorio para la identidad iniciática; y unen abriendo experiencia de comunión. Soy más allá de mi piel, en ese intercambio de vibraciones. Me voy descubriendo en la mano que se hace caricia, en el susurro que se cuela hacia el alma. Voy siendo en el ejercicio del amor canturreado, en las palabras que siguen nombrándome.

Camino para el resto de la travesía: entre la búsqueda de hacerme idéntica a mí misma, con el riesgo de perderme, ahogada en mi propio pozo, y la intimidad con el otro, que me ofrece de su fuente con el cuidado de no desaparecer en él... me voy haciendo más humana.

6. DESCUBRIMIENTOS Y EXPLORACIONES

Encontré el modo de que esos colores que me fascinan sigan allí; no desaparezcan y retornen según su capricho.

Qué difícil es ya aceptar que las trayectorias que acercan en ocasiones separan. Intento entonces controlar su marcha, continuar juntos la ruta.

Voy ensayando movimiento cuando aún pocos músculos me responden. Atraigo con la vista los objetos, me dejo atraer, nos liamos a distancia en una misma corriente de mirada. Mis ojos aprenden a sujetar... también a soltar, para aferrarse a otra belleza... y volver...

Poco a poco comienzo a apropiarme de mi entorno. Experiencia de poder que estalla en sonrisas, la primera vez que logro que mis manos torpes confirmen lo que ya conocía mi mirada: que el mundo puede ser atrapado.

Me entusiasma el dominio que mi prensión despliega sobre eso que hasta ayer era lejano, imposible. Ejercito esa gracia de tomar lo que deseo, de sostenerlo y que no se escurra, de descubrirme capaz de retener.

No soy ya espectador de formas ajenas. Llevo en mis manos el asombroso poder de alterar recorridos, frenar y provocar la marcha.

Los años venideros me convocará tantas veces esta ansia de hacerme garra, para que el otro y lo otro se definan «mío». Apoderamiento, sobreprotección, cuidado asfixiante, prepotencia, avaricia, imperialismo... Caras excedidas de este impulso tan humano por conquistar el mundo...

La misma potencia nos permite salir de nosotros mismos a buscar nuestros sueños. A no dejarlos escapar. Al asirlos reconocemos que no son mera ilusión que sobrevuela para embellecer el paisaje; comprobamos una consistencia provocadora: nos pesan, piden despliegue.

El mismo empuje nos invita a «meter mano» en la vida colectiva para trastocar procesos, generar impulsos transformadores, poner límite a lo que se sale de cauce, ralentizar o dar velocidad a eso que parecía inabordable.

Por ahora tomo el sonajero, gozo con su música, me lo llevo a la boca. Como si al «comerlo» me hiciera parte de su fiesta de colores.

7. JUGANDO A LA PÉRDIDA...

Agradecida por la inspiración de Daniel Calmels...

El vaivén conocido entre sus brazos amantes. Voy y vengo, certeza del ritmo, otros sonidos que esta vez no buscan sedarme....



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