E-Book, Spanisch, 544 Seiten
Reihe: Ensayo
H. Largo Primeros Pasos
1. Auflage 2023
ISBN: 978-84-126200-5-4
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 544 Seiten
Reihe: Ensayo
ISBN: 978-84-126200-5-4
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Pediatra suizo y autor de libros de no ficción sobre educación. Estudió medicina en la Universidad de Zurich y se especializó en pediatría en la Universidad de Los Ángeles, California. Se doctoró en ese ámbito en 1981 después de haber dirigido el Departamento de Crecimiento y Desarrollo del Hospital Infantil de la Universidad de Zurich desde 1978. Responsable de los denominados estudios longitudinales de Zurich -investigaciones internacionalmente reconocidas debido a sus avances en la comprensión del desarrollo infantil-, ha pasado cuarenta años investigando los trastornos del desarrollo y los comportamientos anormales en niños y jóvenes. En 1987 la Sociedad Suiza de Pediatría le otorgó el Premio Falconi por sus investigaciones en ese ámbito. En 2001 ganó el Premio Mundial Nessim Habif de la Universidad de Ginebra, y en 2002 fue galardonado con el Premio de la Asociación Profesional Suiza de Psicología Aplicada. También ha recibido el Premio de Educación por la Universidad de Zurich en 2006 y el Premio Arnold Lucius Gesell del Theodor Hellbrügge Stiftung en 2010. Era padre de tres hijas y vivía con su segunda esposa en Uetliburg, donde falleció en noviembre de 2020 con 76 años.
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Introducción
Sara acaba de nacer. Pesa tres kilos y medio, tiene una cabeza bien formada, gruesas mejillas, piernas y brazos rollizos. Llora y patalea vigorosamente y no deja de mirar a su madre y a su padre con sus enormes ojos.
Los padres de Sara están rebosantes de felicidad: ¡tienen una hija! Han pasado varias horas desde el nacimiento y siguen abrumados por una inmensa gratitud. Cada poco miran a Sara y se deleitan observando todos los pequeños movimientos que hace. A partir de este momento, para estos padres no existe nada más importante que su hija.
Dentro de unos días volverán a casa con ella y será entonces cuando terminarán de caer en la cuenta: ahora somos los únicos responsables de esta pequeña criatura y lo seguiremos siendo en los próximos, digamos, veinte años. ¿Estaremos a la altura de lo que Sara requiere de nosotros? En los próximos días, semanas y meses, se enfrentarán sobre todo a las siguientes preguntas:
¿Qué necesidades físicas tiene nuestra hija? ¿Cómo podemos satisfacerlas? ¿Cuánto contacto corporal y atención necesita?
¿Cómo se desarrollará Sara? ¿Qué podemos aportar a su desarrollo? ¿Cuál es la mejor manera de estimular a nuestra hija?
¿Cómo educaremos a Sara? ¿Cuándo decide ella y cuándo decidimos nosotros?
¿Qué significado tiene Sara para nosotros como padres? ¿Hasta qué punto cambiará nuestras vidas? ¿Cómo conseguiremos equilibrar el cuidado de nuestra hija con la relación de pareja, nuestros trabajos e intereses personales?
En este capítulo introductorio abordamos lo que pueden hacer los padres para que su hijo o hija sea capaz de desarrollar completamente sus aptitudes, su autoestima y un buen sentimiento de autoeficacia. Cuando sea adulto, debería poder decirse a sí mismo: me gusto tal como soy y puedo prosperar en este mundo.
Todos los padres desean que su hijo sea feliz.
El desarrollo infantil
Todos los padres tenemos nuestras propias ideas sobre cómo se desarrollan los niños. Por ejemplo, nos formamos una opinión concreta sobre el momento en que deberían caminar sin ayuda o pronunciar sus primeras palabras. Algunos se orientan por conceptos normalizados y le dan mucha importancia a la atención temprana, esperando que produzca efectos positivos a largo plazo. Sin embargo, el rol de los padres debería estar determinado más bien por una postura desde la que se considera al niño como un ser único, y también por los elementos fundamentales y las regularidades propias del desarrollo infantil. En este sentido, nuestras expectativas deberían tener menos peso.
Todos los niños quieren sentirse protegidos y a gusto
Un niño se desarrollará favorablemente, será sociable, curioso y tendrá una buena actividad motora si sus padres cuidan de que sus necesidades corporales y psíquicas estén lo suficientemente cubiertas. Para lograr su bienestar físico debe gozar de un crecimiento adecuado y de un buen estado de salud. El niño no debe pasar hambre ni sed y debe tener cubiertas otras necesidades materiales, como estar protegido ante el frío y tener ropa seca y limpia. Solo cuando está bien alimentado, cuidado y sano es cuando su cuerpo y su mente se pueden desarrollar plenamente. Todos los días vemos en reportajes de países pobres lo perjudicial que resultan para el desarrollo infantil la malnutrición, la desnutrición y las enfermedades.
Los padres se alegran de ver que su hijo está sano y constatan que lo están cuidando bien si toma mucha leche al mamar o si come con ganas siendo ya un niño más crecido. Al contrario, si muestra poco apetito, no solo se preocupan sus progenitores, sino también el resto de la familia. Por eso, los padres se hacen las siguientes preguntas: ¿cuánta leche tiene que tomar un lactante?, ¿cuándo deberíamos introducir la alimentación complementaria? Existen reglas relacionadas con todas estas preguntas, como las que se pueden encontrar en los envases de leche de fórmula. Sin embargo, muchas veces estas pautas no se corresponden con los casos individuales, ya que cada niño tiene unas necesidades diferentes. Hay bebés que solo toman la mitad de leche que otros de su misma edad. Las ganas y, por tanto, la disposición a ingerir alimentos complementarios, aparecen en cada niño en un momento diferente. Los niños crecen mejor si sus padres se orientan según sus necesidades físicas. Quedarse cortos siempre es malo, pero pasarse no implica en modo alguno mejorar las cosas e incluso puede ser perjudicial.
Para un niño es tan importante la alimentación, el cuidado y la protección física como sentirse amparado y correspondido emocionalmente. Un niño que se ve perjudicado en su bienestar psíquico, por ejemplo, porque su madre está enferma y no hay otra persona que le dedique la suficiente atención, puede experimentar un crecimiento y un desarrollo con limitaciones considerables (Brisch et al., 2002; Rutter, 1976; Ernst y Von Luckner, 1985). El niño se siente amparado cuando las personas de confianza le transmiten que no está solo y que sus necesidades están cubiertas adecuadamente. La atención no solo se da en forma de caricias y arrumacos, sino también mediante una interacción variada con personas de confianza.
Sensación de amparo.
Al igual que ocurre con la alimentación y los cuidados, el niño no se desarrollará mejor cuanta más atención reciba. Es más: los mimos tienen sus límites y sobrepasarlos acarrea consecuencias negativas. La sobreprotección tiene los mismos efectos que una alimentación excesiva: no aumenta el bienestar del niño, sino que lo mantiene en un estado de dependencia emocional, restándole autonomía. A menudo está de mal humor, miedoso o agresivo, según su temperamento, y se muestra reticente a probar experiencias por su cuenta.
Por lo tanto, a la hora de hacer frente a las necesidades infantiles se debe dar una respuesta adecuada, sin imponer nada al niño, para que se pueda desarrollar de la manera más autónoma posible.
Cada niño quiere crecer a su manera y a su ritmo
Los bebés y los niños pequeños se desarrollan a un ritmo vertiginoso. Los primeros cinco años de vida suponen aproximadamente un tercio de la infancia en términos temporales. Aunque se trate de pocos años, son suficientes para que los niños adquieran en buena medida todas las capacidades fundamentales, como el lenguaje. Llegan al mundo siendo unas pequeñas criaturas indefensas que apenas se pueden mover ni comunicar y que solo tienen una mínima influencia en su entorno. A los cinco años cuentan con habilidades motoras finas y gruesas diferenciadas y dominan el uso cotidiano de la lengua. Pueden interactuar con bastante soltura con otras personas y se van formando sus primeras nociones intelectuales sobre causalidad, espacio y tiempo.
El desarrollo infantil se caracteriza tanto por su uniformidad como por su diversidad. Por un lado, el proceso de desarrollo transcurre de manera uniforme: las distintas etapas se suceden básicamente en el mismo orden en todos los niños y niñas. Así, en el desarrollo del lenguaje todos atraviesan en primer lugar determinadas fases de balbuceo, para a continuación pronunciar sus primeras palabras; luego forman frases de dos vocablos y finalmente aprenden las reglas gramaticales de la formación de palabras y oraciones. A la edad de cinco años la mayoría de los niños son capaces de expresarse con oraciones correctas.
Por el contrario, el desarrollo se da de forma muy diversa de un niño a otro si nos fijamos en la edad a la que se atraviesan sus distintas etapas y cómo se manifiestan determinados modos de comportamiento. Ni siquiera los recién nacidos pesan o miden lo mismo. Algunos pesan menos de tres kilogramos al nacer y otros, más de cuatro. También se diferencian en sus gestos y movimientos y en el llanto. Las diferencias entre un niño y otro se van acentuando en el transcurso de su desarrollo: a finales del primer año de vida, algunos pesan ocho kilos, y otros, hasta trece. Algunos niños dan sus primeros pasos ya a los diez meses, la mayoría lo hace entre los doce y los dieciséis, y unos pocos, a partir de los dieciocho. Hay niños que pronuncian sus primeras palabras entre los diez y los doce meses, la mayoría lo hace entre los quince y los veinticuatro meses y algunos esperan hasta los treinta meses. Ningún comportamiento ni habilidad aparece a la misma edad ni de manera igualmente destacada en todos los niños.
Los niños no solo son claramente distintos entre sí, sino que también cada uno muestra diferencias individuales en el desarrollo; es decir, las distintas áreas del desarrollo, como el lenguaje o la motricidad, no avanzan al mismo ritmo. Así pues, puede ocurrir que un niño ya camine con doce meses, pero no hable hasta los veinticuatro.
Exploración de objetos con la boca, las manos y la mirada.
El resultado de la combinación entre uniformidad y diversidad queda reflejado en las imágenes de ejemplo sobre el comportamiento de exploración. Todos los niños exploran los objetos primero con la boca, luego con las manos y finalmente con la mirada. La edad a la que se manifiesta un comportamiento determinado de exploración, así como su intensidad y duración, son factores que varían de un niño a otro.
Cómo pueden apoyar los padres el desarrollo de su hijo
Cada niño tiene ganas de desarrollarse por sí mismo. Siente un fuerte impulso interno por crecer y por adquirir capacidades y conocimientos. Una vez que ha alcanzado un nivel de desarrollo determinado, por propia iniciativa comienza a agarrar objetos, a moverse y a...




