González Paz | Anda, déjate querer | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 256 Seiten

Reihe: Sauce

González Paz Anda, déjate querer


1. Auflage 2018
ISBN: 978-84-288-3207-6
Verlag: PPC Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, 256 Seiten

Reihe: Sauce

ISBN: 978-84-288-3207-6
Verlag: PPC Editorial
Format: EPUB
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El Salmo 23 presenta la ternura y la misericordia de Dios como una escolta para el ser humano. Escoltar significa acompañar para proteger o custodiar.  Saber que nuestros escoltas son la ternura y la fidelidad de Dios, es decir, su misericordia, nos permite caminar confiadamente todos los días de nuestra vida, incluso cuando caminamos por cañadas oscuras o nos perdemos por senderos escabrosos. Creemos que Dios, que tiene entrañas de misericordia y es siempre fiel, asegurará nuestros pasos guiándonos por el sendero justo. Este libro permite descubrir mejor al Dios con entrañas de misericordia que nos reveló Jesús, que nos dice: 'Anda, déjate querer...'. 

Antonio González Paz nació en Jerez de la Frontera en 1945. Es biólogo y sacerdote marianista. Ha dedicado la mayor parte de su vida a la educación y al trabajo con jóvenes. En PPC ha publicado varios titulos: 'Vivir al revés' (1999), 'La vocación de san Mateo' (1999, 2ª ed.), 'La cena en Emaús' (2002), 'Retablo de Maese Pedro' (2003), 'Vivir como un niño' (2005, 2008 2ª ed.) y 'Los ecos y las sombras' (2007), 'Amar lo que se cree' (2010) y 'La tierra y la cruz' (2012), entre otros.
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1

EL SEÑOR HA REVELADO SU MISERICORDIA


Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado (Papa Francisco, Misericordiae vultus 2).

En la novela El tiempo mientras tanto, Carmen Amoraga narra la historia de María José, una chica de salud enfermiza, escasa aceptación social y tendencia a la obesidad, perdidamente enamorada de Joaquín, su vecino, con el que finalmente conseguirá casarse. Después de un corto período de convivencia, el matrimonio acaba divorciándose. María José intenta rehacer su vida. Una mañana, camino de su trabajo, un infortunado accidente automovilístico la hace entrar en un coma irreversible. Paco, su padre, un hombre profundamente bueno, camionero valenciano dedicado a transportar naranjas a Polonia, al conocer la noticia siente un dolor profundo que le desgarra por dentro, como si en vez de sangre circularan por sus venas cristales incandescentes.

Durante los seis meses en los que se prolongue la situación, el padre, que ha pedido una excedencia en el trabajo, consagrará fielmente las mañanas a estar junto a su hija desvalida, acariciándola, hablándole tiernamente, leyéndole el periódico, confesándole su cariño incondicional, tumbándose a su lado y achuchándola como cuando era pequeña. Impotente para devolverle la salud, vive desviviéndose por ella, hasta que finalmente la muerte la arranque de su lado. La conducta de este hombre es una encarnación de la concepción bíblica de la misericordia.

Si la Real Academia eliminara del diccionario esta palabra, si el colegio de licenciados en Psicología proscribiera ese sentimiento, estaríamos destruyendo casi lo más humano que hay en el hombre. Probablemente, sin misericordia la persona se convertiría en una máquina, preocupada por la eficacia y la producción, pero incapaz de vibrar con el dolor ajeno y de colaborar en su eliminación.

Un mundo sin misericordia, en el que las obras sociales y caritativas estuvieran exclusivamente en manos de funcionarios, correría el riesgo de suprimir el amor, la ternura, la comprensión, la delicadeza en aras de la eficacia.

«Eficacia» es una palabra fría, como «burocracia», «efectividad» o «utilidad». La efectividad soluciona problemas, pero rehúye el contacto humano. Aporta soluciones a las situaciones problemáticas, pero lo hace con la frialdad del hielo. Introduce al planeta en una nueva era glaciar en el que la vida es dura y difícil. En un mundo así, los cristianos estamos llamados a aportar misericordia, convirtiéndonos en los rompehielos Dios.

Debemos prepararnos para ser los rompehielos de Dios y estar dispuestos a ser el albergue de Dios para esos millones de gentes que se van a encontrar pronto gimiendo, heridos y solitarios. Debemos ser rompehielos, pero con el corazón tan lleno de amor de Dios y del hombre, tan llenos del fuego del Espíritu, que podamos penetrar en ese frío terrible que nos envuelve ya y que va a aprisionar cada vez con más fuerza el corazón de los hombres (Catherine de Hueck, Pustinia).

Todo un desafío y un programa para aquellos cristianos que quieran seguir siendo significativos para sus contemporáneos.

DOS PALABRAS HEBREAS

El concepto de misericordia tiene en el Antiguo Testamento una larga y sabrosa historia. Los libros sagrados emplean dos palabras hebreas ?ésed y ra?amim para designar la misericordia. Ambas tienen un rico contenido, con matices semánticos distintos y complementarios.

?esed

La palabra ?ésed designa una actitud humana de profunda bondad. Cuando existe ?ésed entre dos personas, estas no son solo benévolas entre sí, sino, al mismo tiempo, recíprocamente fieles, con una fidelidad que brota de un compromiso interior, que tiene una base no solamente moral, sino casi jurídica. Es el amor previo al otro el que nos lleva a serle fiel, a no traicionarle nunca jamás, sea cual sea su comportamiento.

Cuando ?ésed se emplea para hablar de las relaciones de los hombres con Dios, ha de entenderse siempre en el marco de la alianza que el Señor rubricó libremente con su pueblo. Esta alianza, que nace de la bondad de Dios, compromete jurídicamente a las dos partes a permanecer siempre fieles a la palabra dada. Se sobrentiende que, si uno de los dos firmantes rompe su compromiso, deja al otro las manos libres para actuar como crea conveniente.

Sin embargo, cuando a lo largo de la historia del pueblo, Israel viola la alianza, Dios permanece fiel. En esos casos, el Señor parece que no se siente libre. Al recordar que ?ésed supone también un amor que se da, un amor más fuerte que la muerte, un amor capaz de perdonar la traición, el Señor no olvida a su pueblo, sino que le ofrece el perdón, la restauración y la paz.

Esta fidelidad por parte de Dios forma parte de la fidelidad a sí mismo. En este sentido, el profeta Ezequiel pone estas palabras en boca de Dios: «No lo hago por vosotros, casa de Israel, sino por mi santo nombre, profanado por vosotros» (Ez 36,22). Es decir, que Israel, convicto y confeso, puede seguir esperando el perdón y la misericordia de Dios, aunque no los pueda exigir, porque Dios es siempre fiel a sí mismo.

Ra?amim

La otra palabra hebrea que se traduce por misericordia es Ra?amim (ré?em = regazo materno). Originariamente designaba el amor entrañable que, espontánea y casi inexorablemente, experimenta una madre por el fruto de sus entrañas. Ese amor nace del vínculo que, durante nueve meses, ha fundido en uno a madre e hijo. Por naturaleza es absolutamente incondicional y gratuito, ya que brota del corazón materno sin que el bebé haga nada para merecerlo. El amor de ra?amim se manifiesta en la ternura, bondad, paciencia, comprensión, propensión al perdón..., que regula normalmente las relaciones entre ambos.

Cuando afirmamos que Dios nos ama con ra?amim, estamos diciendo que el Señor nos quiere visceralmente, con la ternura de una madre, con la fidelidad de un padre. Isaías llega a poner en boca de Dios: «¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré nunca jamás» (Is 49,15). El amor de ra?amim del Señor se manifiesta en el cuidado, atención, defensa, ayuda, perdón hacia su pueblo, fruto de sus entrañas maternales.

Las traducciones al español de estas dos palabras hebreas oscilan entre misericordia y amor, pasando por ternura, piedad, conmiseración, compasión, clemencia, bondad... A pesar de la riqueza de acepciones que esto supone, ninguna de ellas traduce adecuadamente el concepto bíblico de misericordia. Cuando la Escritura emplea ?ésed o ra?amim, está refiriéndose a esa ternura de Dios que se desencadena espontáneamente ante la miseria y el desvalimiento del hombre y se manifiesta en una fidelidad hasta la muerte.

La palabra española «misericordia» procede de dos latinas: miser (= desdichado) y cor (= corazón). Inicialmente designaba a la persona a la que se le rompe el corazón ante las desdichas de los demás y acude a socorrerle. Hoy designa más bien la inclinación a compadecerse y mostrarse comprensivo ante las miserias y sufrimientos ajenos. Ha habido un empobrecimiento semántico respecto a la acepción bíblica.

Uniendo el contenido de las dos palabras hebreas se podría afirmar que la misericordia es un sentimiento entrañable que tiene algo de irracional e incondicional, nace del corazón maternal de Dios o del hombre y lleva a perdonar siempre por fidelidad, a ese amor ilimitado. Todo esto hay que tenerlo en cuenta cuando afirmamos, por ejemplo, que Dios o el Paco de Carmen Amoraga son misericordiosos o que su misericordia no tiene fin.

UN DIOS TIERNO Y...



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