G. | Dos semanas y una noche | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 290 Seiten

G. Dos semanas y una noche


1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-17683-47-4
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, 290 Seiten

ISBN: 978-84-17683-47-4
Verlag: Ediciones Pàmies
Format: EPUB
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A quien corresponda: Sirvan estas líneas para anunciar formalmente mi renuncia en Parker International (y a su arrogante y condescendiente director), efectiva a partir de hoy en dos semanas. Ha sido una decisión MUY FÁCIL de tomar, dado que los dos últimos años han sido un horror total. Espero que su nueva asistente ejecutiva tenga toda la suerte del mundo (la necesitará), y si mi jefe me necesita para cualquier cosa en estas dos semanas, que alguien le diga que puede apañárselas solo. Un saludo (no tan) cordial. Tara Lauren. Este es el aviso de dimisión que debí haber mandado con dos semanas de antelación a mi jefe, porque la versión profesional -aquella en la que decía sentirme 'agradecida por la oportunidad' y 'honrada por haber tenido tan gratificantes experiencias'- fue rechazada con esa sonrisilla sexy tan suya y ese 'es altamente recomendable que lea usted la letra pequeña del contrato'. Y lo hice. Ahora me doy cuenta de que, a menos que finja mi propia muerte, le envenene o encuentre la forma de renegociar ese contrato imposible de entender, estoy atrapada trabajando para uno de los jefes más engreídos y bordes de todo Nueva York. Y entonces, cuando creía que nada podía ir a peor, me llama anoche a última hora con una proposición difícil de creer...

Whitney G. (1988, Tennessee, Estados Unidos) es una optimista de la vida obsesionada con los viajes, el té y el buen café. Es autora de varias novelas best seller incluidas en las listas de The New York Times y de USA Today, y cofundadora de The Indie Tea, página que sirve de inspiración para autoras de indie romántico. Cuando no se encuentra hablando con sus lectores a través de su página de Facebook, la podremos encontrar en su web, en su Instagram, en Twitter... Pero si no la vemos en las redes, es porque está encerrada trabajando en una nueva y loca historia... Dos semanas y una noche es la sexta novela de Whitney que publicamos en nuestra colección Phoebe, después del éxito de Una noche y nada más (2017), Turbulencias (2017), Carter y Arizona (2018), Mi jefe (2019) y Mi jefe otra vez (2019).
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Uno


Preston

«El muy desafortunado principio…».

La mejor parte del día siempre eran para mí las cuatro cuarenta y cinco de la madrugada, pues era el raro momento en el que Nueva York está tranquila y silenciosa, cuando se puede dar un paseo por las calles y admirar todos los edificios que han tenido la suerte de llevar mi apellido.

Estaba la Parker & Rose Collection, que poseía un espacio en cada manzana del centro de Manhattan, The Grand Alaskan, que daba alojamiento a los clientes vip con una incomparable privacidad, y mi hotel favorito de todos, el que había arrebatado al Waldorf Astoria el trono de los hoteles de lujo de la Gran Manzana por décimo año consecutivo: The Grand Rose, en la Quinta Avenida.

Era mi hotel número cien, el décimo en Nueva York. Era la razón por la que sabía que Manhattan era mía y siempre lo sería. Todos los hoteles de lujo de la ciudad quería tener mi toque, y las recientes reformas en el Hilton y el Marriott no eran más que malas imitaciones. Yo había inventado el toque moderno de la marca de lujo, y todos los demás se habían limitado a tomarlo prestado.

—Los periódicos del día, señor. —El chófer me los entregó cuando abrió la puerta trasera del coche que usaba en la ciudad—. Hoy hay titulares interesantes.

—Lo dudo mucho.

Abrí el primero mientras él se incorporaba al tráfico, y gemí al ver aquellas audaces palabras en negrita:

Míster Nueva York – Rumores
Preston Parker, de hoteles Parker, al que hemos nombrado «Míster Nueva York» por octavo año consecutivo, ha sido sorprendido saliendo de su ático del lujo con la top model Yara Westinghouse. Y esto ha sido días después de que lo vieran con Marsha Avery, y semanas después de disfrutar la compañía de Hanna Bergstrom.
Nuestro reportero lo detuvo delante del edificio donde se encuentra el ático para preguntarle si alguna de esas relaciones era seria, a lo que él respondió con un contundente «Abandone mi propiedad».
Como siempre, dudamos mucho que ese hombre llegue a establecerse con alguna mujer, pero consigue que la portada de octubre resulte impresionante.

El implacable magnate Preston Parker compra la cadena hotelera Sonoma y despide a toda la directiva
El arrogante y despiadado hotelero Preston Parker ha llevado a cabo su jugada más cruel hasta la fecha. Una vez más, ha cortejado a una cadena hotelera durante meses, fingiendo que pretendía una fusión amigable con la marca, pero ha terminado por despedir —algo que no resulta sorprendente— a todos sus empleados. El equipo de prensa de Parker International ha revelado que los hoteles Sonoma pronto se convertirán en hoteles de lujo.

Míster Nueva York, Preston Parker, tiene un hijo secreto
Una mujer misteriosa que dice haber tenido una aventura de una noche con Preston Parker insiste en que su bebé de dos semanas es hija de él. Le pide quinientos mil dólares al mes en concepto de manutención e insiste en que él pague las facturas del hospital.

«¿Qué coño…?».

Lancé el último periódico a un lado y me concentré en los otros dos, negando con la cabeza al leer cada palabra que no se ajustaba a la verdad. La absoluta desidia de aquellos titulares comenzaba a cabrearme.

Parecía que los periodistas estaban dispuestos a escribir cualquier cosa con tal de que les compraran sus diarios, y aún no me había enviado nadie un cheque con mi parte por todos los ejemplares que les ayudaba a vender.

En el pasado, era más que despiadado, pues destripar hoteles para asegurarme de que nunca compitieran con los míos y comprar propiedades para que no lo hiciera nadie antes era parte de mi trabajo, pero esa época había pasado. Estar en la cima del negocio hotelero durante más de una década significaba que ya no tenía que ser tan despiadado, y también que no tenía mucho que celebrar.

Las interminables fiestas en los yates que había adquirido y los extravagantes saraos en los áticos de mi propiedad habían perdido su atractivo con los años, y la única razón por la que me seguían viendo con top models era para despistar a los medios de comunicación de cualquier negocio que estuviera cerrando en secreto.

Si se preocuparan por mirar con un poco más de atención, se darían cuenta que mi vida en esos momentos era un permanente déjà vu; tanto era así que podía predecir todas las conversaciones que iba a tener con la gente, y ya nada me sorprendía. Me mantenía al margen, nunca hacía amigos, y vigilaba a todos mis enemigos.

Como la relación con mi familia era inexistente, me enterré en el trabajo, y esperaba que todos a mi alrededor hicieran lo mismo. Si era capaz de trabajar un mínimo de cien horas a la semana, ellos también podían. Si no necesitaba dormir, tampoco necesitaban hacerlo mis colaboradores.

Cuando por fin llegué a la sede de la empresa, me dediqué un segundo a admirar la P plateada y gris que estaba grabada en el centro del vestíbulo de mármol. Esperé un instante a ver si mi asistente ejecutivo se reunía conmigo con los informes matutinos que le había solicitado y mi café favorito, pero pasaron tres minutos y no apareció.

«Por supuesto…».

Irritado, subí en el ascensor hasta mi despacho, y la recepcionista principal de la planta, Cynthia, me saludó de inmediato.

—¡Buenos días, señor Parker! —Siempre estaba demasiado alegre para esas horas de la mañana—. ¿Cómo se encuentra hoy?

—Igual que ayer. ¿Tengo alguna llamada esperándome?

No me respondió, se limitó a sonreír mientras me miraba, clavando en mí sus grandes ojos castaños cada pocos segundos.

—¿Tengo alguna llamada esperándome o no? —insistí—. ¿Ha llegado documentación nueva para el asunto que cerraré esta mañana?

Siguió sin responderme.

—¿Hay alguna razón particular para que me mires así en lugar de responder mis preguntas?

—Contestaré a tus preguntas después de que respondas a las mías. —Bajó la voz—. Te envié un mensaje a tu teléfono privado la noche pasada. ¿Por qué no me has respondido?

—Porque bloqueé tu número hace tres semanas.

—Estaba tratando de enviarte una foto que me hicieron en vacaciones —explicó—. No llevaba nada más que un bikini.

—Espero una llamada del Rush Estate esta mañana. —Me negaba a continuar con esa conversación—. ¿Puedes asegurarte de que esté conectada a la segunda línea para que pueda grabarla, por favor?

—En la fotografía parezco una top model —dijo—. Acostumbrabas a salir con mujeres así, ¿verdad? Al menos eso dicen las revistas de cotilleos.

—También estoy esperando una remesa de documentación y archivos del nuevo equipo de Berkley. Tienes mi permiso para firmar el parte del repartidor.

—Creo que ya es hora de que salgas con una mujer real, que coma patatas fritas, en lugar de con chicas que solo posan con ellas en las redes sociales, ¿sabes? —Contoneó las caderas y sonrió—. Y también creo que deberías darle una oportunidad a alguien cercano. Será diferente…

Le lancé una mirada de advertencia. Me largaba el mismo sermón cada dos días. Si ella no estaba coqueteando descaradamente conmigo, estaba intentando —sin conseguirlo— ponerme celoso. Y para ello fingía hablar con numerosos hombres por teléfono.

—Será mejor que la llamada de Rush me llegue por la línea correcta cuando sea el momento —le advertí—. Y tienes suerte de que tu trabajo sea irreprochable, Cynthia. De lo contrario, me vería obligado a …

—¿Castigarme? —Sonrió—. Por favor, ¿podrías decirme exactamente en qué consistiría ese castigo?

«¡Dios!».

Me alejé y cerré la puerta de mi despacho. Era la recepcionista más joven de la compañía, y también era la mejor. Si hubiera tenido un título universitario en empresa o experiencia en temas legales, le habría dado la oportunidad de ser mi asistente ejecutiva.

Por otra parte, con ese coqueteo cada vez más temerario y descarado, lo mejor a largo plazo sería con toda seguridad mantenerla a distancia.

Me senté detrás del escritorio y me di cuenta de que no había ningún café colombiano esperándome. Ni tampoco notas escritas sobre las reuniones a las que debía asistir. Ni correos electrónicos explicándome por qué. En otras palabras, mi asistente se había vuelto loco.

Suspirando, abrí el correo electrónico para escribirle preguntándole cuánto iba a tener que esperar mi café y mis notas, pero un email de mi abogado apareció en ese momento en la bandeja de entrada.

Asunto: Tu nuevo asistente personal está en mi despacho (de nuevo)
Preston, por favor, ven aquí.
Ahora.
George Tanner
Abogado jefe de Parker International

El correo electrónico de George llegaba con puntualidad británica cada dos viernes, y lo único que cambiaba era a qué «nuevo asistente personal» se refería. Había pasado por tantos que los llamaba «Taylor» a todos, ya que nunca duraban lo suficiente como para que me aprendiera sus nombres reales.

Fui a su despacho y allí estaba mi último Taylor, sentado en el sofá. Vestido con un holgado traje azul que habría debido ir directo al contenedor de basura más cercano, tenía los ojos rojos e hinchados, y parecía que no había dormido desde hacía días.

—Venga, dile al señor Parker lo que me acabas de decir a mí —le animó George, entregándole...



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