E-Book, Spanisch, 236 Seiten
Fagan Lo que hicimos en la cama
1. Auflage 2023
ISBN: 978-607-16-8031-0
Verlag: Fondo de Cultura Económica
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
Una historia horizontal
E-Book, Spanisch, 236 Seiten
ISBN: 978-607-16-8031-0
Verlag: Fondo de Cultura Económica
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
Esta amplia historia social de la cama cubre los últimos setenta mil años. Brian Fagan y Nadia Durrani analizan el papel infinitamente variado de este mueble a lo largo del tiempo. Este era un lugar para el sexo, la muerte, el parto, la narración de historias y la socialización, así como para dormir. Es apenas en la era moderna que la cama se ha transformado en una zona privada y oculta, y en gran medida su rica historia social ha quedado en el olvido.
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INTRODUCCIÓN
Como bromeó alguna vez Groucho Marx: “Aquello que no pueda hacerse en la cama no vale la pena”. Es probable que tuviera razón, pues los humanos, en un momento u otro, han hecho prácticamente todo en la cama. Para los antiguos egipcios la cama era un vínculo vital con el más allá; en la época de Shakespeare era un lugar para socializar, y durante la segunda Guerra Mundial Winston Churchill dirigió la Gran Bretaña desde sus sábanas.
En nuestros días, no obstante, la cama ha quedado relegada a las sombras. Los terapeutas del sueño nos dicen que sólo debe usarse para dormir y para el sexo. Quizá a causa de su estado actual como algo “privado”, la mayoría de los historiadores y arqueólogos modernos la pasan por alto. Es sorprendente lo poco que se ha escrito sobre su historia o de los muchos papeles que ha desempeñado en nuestra vida. Sin embargo, la cama, el lugar donde pasaremos aproximadamente un tercio de nuestra vida, tiene grandes historias que contar. Lo que nuestros antepasados hacían en la cama abarcaba todo, desde la concepción hasta la muerte, pasando por muchas cosas en medio. Dadas las posibilidades ilimitadas de escribir un libro sobre esto, decidimos disponer nuestras camas en una serie de temas, eligiendo los mejores cuentos de cama para contar una nueva historia horizontal de lo que hicimos en ellas.
El sexo, el nacimiento, la muerte, las cenas, el gobierno, las conspiraciones, los miedos, los sueños: el teatro de la alcoba ha proporcionado a los artistas una inspiración abundante. En la Europa medieval era motivo cristiano recurrente el de los tres Reyes Magos, quienes, mientras descansan en una cama, en apariencia desnudos, son bendecidos con la revelación divina. Muchos caballeros artistas del siglo XVIII prefirieron volver su mirada hacia mujeres desnudas que reposan lánguidamente entre sábanas enredadas, quizá incapaces de defenderse de la violación de enemigos o de animales exóticos, como la doncella en La pesadilla (1781) de Henry Fuseli. Cuando el artista francés Jacques-Louis David pintó el lecho mortuorio de Sócrates en 1787, representó al filósofo septuagenario como alguien lleno de vida y músculos: la encarnación de la proba resistencia a la autoridad injusta en vísperas de la Revolución francesa. Están también las imágenes de camas de madera vacías, como la encantadora cama roja como la sangre de Van Gogh en La habitación (1888) y Cama (1955) de Robert Rauschenberg, con su colcha pintada con esmalte de uñas, pasta de dientes y pintura. En fechas más recientes, la artista de instalaciones Chiharu Shiota ha producido imágenes intrincadas, casi supraterrenas, como Durante el sueño (2002), que muestra a mujeres en camisón blanco que duermen en camas de hospital, lo que entreteje ideas vinculadas con la enfermedad, la debilidad y la mitología que se relacionan con las mujeres.
Quizá la imagen más famosa de una cama sea Mi cama (1998), de la artista británica Tracey Emin. En un momento de inspiración, Emin mostró su cama después de un rompimiento, desordenada, arrugada, rodeada de ropa interior manchada de sangre menstrual, botellas vacías, colillas de cigarrillos y condones usados. Mi cama desató muchas críticas negativas: no sólo porque las personas se preguntaban si en verdad era “arte”, sino precisamente porque en la actualidad la cama se considera un lugar profundamente privado que no debería discutirse ni verse en sociedad. Sin embargo, esa perspectiva es muy reciente. En la edad moderna temprana, esa que la historiadora Carole Shammas llamó en broma la Edad de la Cama, el lecho solía mostrarse en el cuarto principal para que todos lo vieran, era el mueble más preciado y valioso que una familia podía comprar. Pero nuestra obsesión por las camas data de mucho antes.
No tenemos evidencia alguna de las camas de nuestros ancestros más antiguos. Vivían en ambientes llenos de depredadores en el centro de África; en un inicio dormían en árboles y después, con el paso del tiempo, en refugios de piedra y cuevas, así como en campos abiertos, apiñados muy juntos frente a brillantes hogares. Pero ¿cómo se protegían de las bestias que acechaban en la oscuridad? Una vez domesticado, el fuego no sólo ofrecía calor y alimentos cocidos, sino que también protegía los lugares en que las personas podían reunirse para dormir después de que oscureciera. Proporcionaba luz y seguridad en la oscuridad de los paisajes primordiales donde grandes animales cazaban de noche. Podemos imaginarnos un grupo de cazadores sentados en torno a un hogar abrasador, mientras las llamas centellean en la oscuridad. En ocasiones los ojos de los animales brillaban por breves instantes en la penumbra mientras buscaban presas o huesos desechados lejos de las llamas. Cuando oscurecía, la vida humana giraba en torno al hogar y al refugio de piedras.
Las camas más antiguas de las que tenemos noticia provienen de una cueva en Sudáfrica. Cavadas en el suelo de una cueva, humanos modernos las abandonaron hace aproximadamente 70 000 años. Sucede que la raíz protogermánica de la palabra bed (cama) significa “lugar de descanso cavado en la tierra”. Esto es bastante apropiado, no sólo por la naturaleza excavada de las primeras camas, sino también porque la cama siempre ha sido un lugar de descanso, aun cuando se usara para mucho más.
En las casas de la modernidad con buena calefacción nos olvidamos de lo vulnerables que eran nuestros ancestros a la naturaleza y el medio ambiente, pero la forma y el lugar en que dormíamos siempre fue crucial para el calor y la protección. En climas con temperaturas bajo cero, como los de la Era del Hielo tardía o los del Ártico canadiense, apenas hace dos siglos, las personas se iban a la cama cuando las temperaturas se desplomaban y los días se hacían más breves, y prácticamente hibernaban bajo montones de pieles. Los durmientes que vivían en casas de invierno en el fiordo Independence, en la isla de Baffin, hace 4 000 años pasaban los meses de oscuridad en un estado semisomnoliento, yacían acurrucados en grupo bajo gruesos y cálidos cueros de buey con alimento y combustible al alcance de la mano.
En la actualidad millones de personas duermen en el suelo o en pisos de concreto o madera, envueltos en cobijas y pieles o cubiertos de ropas. Sin embargo, con el surgimiento de la civilización, hace más de 5 000 años, las camas se elevaron, en particular entre la élite. En el antiguo Egipto el clima seco ha conservado algunos ejemplos de esos sillones. Ya en tiempos de Tutankamón, hacia mediados del siglo XIV a.C., el diseño básico de la cama (según lo reconoceríamos) estaba bien establecido, aunque era un poco más elevado en el extremo de la almohada y tenía un estribo para evitar que el durmiente se cayera. Pareciera haber pocas variaciones sobre el tema de la plataforma para dormir, pero entre más excavamos más descubrimos. Había camas armarios y hamacas, camas de agua poco elevadas y camas altas a cinco metros del piso. No obstante, es sorprendente lo poco que ha cambiado el diseño rectangular básico en los últimos 5 000 años. Incluso los colchones apenas si se han modificado con el paso de los milenios. Pasto, heno y paja embutidos en sacos o bolsas de tela fungieron como los colchones básicos durante siglos. Aquellos que podían costearlo dormían sobre muchas capas para evitar los insectos o el escozor del relleno. El carácter sumamente elaborado de las tecnologías para el sueño es un producto de nuestro tiempo, con sus trucos y charlatanerías para combatir el insomnio.
Un inmenso corpus de investigaciones rodea al sueño y su historia evolutiva, en especial una práctica que se conoce como sueño segmentado y que pareciera haber sido común antes de que la luz eléctrica convirtiera las noches en días. Las personas dormían, por decir algo, cuatro horas; una vez que éstas transcurrían, se despertaban y se pasaban el tiempo teniendo relaciones sexuales, analizando sueños, orando, haciendo tareas de la casa, reuniéndose con amigos o cometiendo crímenes y otras maldades, y luego se volvía a la cama otras cuatro horas. Apenas en el siglo XVII las calles de Londres resonaban con las voces de comerciantes que ofrecían sus mercancías a las tres de la madrugada, lo que sugiere que debía haber clientes dispuestos a comprarlas a esa hora. Quizá, piensan algunos, nuestro deseo moderno de negar ese ritmo “natural” del sueño sea lo que ha conducido a la actual dependencia de millones de dólares en píldoras para dormir. ¿Acaso podríamos solucionar nuestros problemas de sueño sólo con entender cómo solíamos dormir antes?
Además de dormir, muchas otras cosas sucedían en la cama. Dependiendo de las costumbres culturales, con frecuencia fue una plataforma para el sexo. No obstante, quién dormía con quién, cuándo y cómo, variaban de una sociedad a otra. Aunque la idea podría repugnar a los príncipes Guillermo o Enrique, el sexo de la realeza solía orquestarse con minucia. Los escribas llevaban registros de las vidas sexuales de los faraones y de los emperadores chinos. Fuera del palacio, el sexo podía ser mucho más espontáneo, incluso si lo condenaban las autoridades religiosas, que miraban con particular desaprobación cualquier cosa que contradijera las reglas.
Solemos olvidar también cuánto importaba el habla en sociedades que carecían de escritura, donde todo se transmitía entre generaciones de boca en boca. La oscuridad de las noches de invierno era un momento en que ancianos y chamanes contaban historias, recitaban cantos e invocaban misterios...




