Dugast | Jérôme Lejeune | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 81, 440 Seiten

Reihe: 100XUNO

Dugast Jérôme Lejeune

La libertad del sabio
1. Auflage 2021
ISBN: 978-84-1339-393-3
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

La libertad del sabio

E-Book, Spanisch, Band 81, 440 Seiten

Reihe: 100XUNO

ISBN: 978-84-1339-393-3
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
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'La inteligencia de uno es un regalo para todos'. Esta afirmación de Jérôme Lejeune puede aplicarse a su propia figura, la de un hombre extraordinario que puso su inmenso talento al servicio de los niños con discapacidad mental. Pionero de la genética moderna, deslumbrado por la belleza de toda vida humana, el profesor Lejeune, ha hecho historia defendiendo a los que no tienen voz. Ateniéndose a su condición de médico fiel al juramento hipocrático y de cristiano fiel a su bautismo, mostró de manera brillante a lo largo de su vida de qué modo la ciencia y la fe se enriquecen y complementan mutuamente. Su historia es la de un hombre que fue siempre profundamente libre, tanto en los momentos de gloria y reconocimiento por parte del mundo como ante los violentos ataques de los que luego fue objeto. Para escribir esta biografía, la autora ha pasado once años consultando miles de archivos, reuniéndose extensamente con su esposa, primer y fundamental apoyo, sus familiares, las familias de sus pacientes y sus colaboradores franceses y extranjeros. Ella nos invita a descubrir hoy el sorprendente semblante de un genial investigador, esposo y padre de cinco hijos, con un gran sentido del humor, cercano a los grandes y defensor de los pequeños de este mundo.

Aude Dugast, filósofa de formación, es postuladora de la causa de canonización de Jérôme Lejeune, desde 2012, dentro de la Asociación de Amigos del Profesor Lejeune. Fue vicepostuladora de la investigación diocesana, de 2007 a 2012.
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III. Con el amor como único equipaje

1950-1952

El encuentro entre Jérôme y Birthe Bringsted en el París de 1950 tiene algo de novelesco. La biblioteca Sainte-Geneviève fue testigo de su primera conversación. Ella, una joven danesa y luterana, hija única, que había venido a París para aprender el francés; él, procedente de una familia francesa y católica:

«—¿No tendría usted una pluma estilográfica, señor?

—Claro que sí, señorita».

El flechazo fue inmediato. Jérôme quedó subyugado por estos ojos negros que brillaban con un esplendor salvaje y tiernamente tímido. Los altos pómulos, el tinte bronceado, la hendidura de los ojos y su larga cabellera morena traicionaban una ascendencia esquimal.

«¡Es tan bella, tan diferente!», piensa Jérôme con emoción.

El grueso manual de estudios médicos dispuesto sobre la mesa se vuelve insulso como una velada de invierno. Su cabeza busca el medio de prolongar la conversación.

«¿Le gustaría tomar un café, señorita?».

Vienen después largos paseos amorosos a los pies de Notre-Dame, mecidos por la romanza de los susurros del Sena y por los sueños eternos del Barrio latino. Jérôme sale pronto para Dinamarca, invitado para las vacaciones del mes de agosto en casa de la mamá de Birthe. Sin embargo, unos meses más tarde, aparece la duda y cesa la relación. Son tan diferentes... Son estos unos meses difíciles de soportar para Birthe y Jérôme. Afortunadamente, dado que Birthe se interesa por el cine, le proponen un pequeño papel. Ella pide consejo a sus amigas danesas de París, cuya presencia le resulta preciosa en estos difíciles momentos. También le gusta mucho el periodismo y cree que podría ser una buena periodista de investigación. ¿Qué hacer? Durante este tiempo, Jérôme intenta olvidar su amor divirtiéndose con sus compañeros de regimiento y jugando a ser un médico libre y vividor. Hasta el día en que, aprovechando un permiso, se desplaza a París, donde vuelven a verse en enero de 1952. Entonces se dan cuenta de que ya no pueden vivir el uno sin el otro. A pesar de sus grandes diferencias y de las reticencias de los padres de Jérôme, deciden casarse, para amarse tal como son, con toda la riqueza de esta complementariedad. Jérôme vuelve a marcharse a Friburgo, liberado de sus temores, renovado, radiante. Birthe vuelve a encontrar la alegría de vivir.

Los compañeros del regimiento advierten muy pronto el cambio. Lejeune ya no les acompaña a tomar cervezas en las tabernas de Friburgo, sino que se encierra por las noches para escribir largas cartas a la novia que ha dejado tan lejos, allí, en París. Jérôme se transforma y se lo dice:

«Mi querida Birthe, ahora ya no siento el menor temor, me he comprometido, somos en verdad el uno para el otro, y no puedes ni siquiera imaginarte cómo esta cadena consentida me libera. [...] Mis enfermeros dicen que me estoy volviendo chovinista y patriotero, simplemente porque estoy descubriendo que los daneses son gente que destaca. ¡Se ve a todas luces que no te conocen! Y es que confieso que tu sonrisa no es totalmente extraña a mi admiración por Carlsen»24.

Está lleno de una nueva energía confiada y toma de su novia la fuerza para superar las inquietudes y la melancolía que le asaltan con excesiva frecuencia. Aprovecha estas largas cartas diarias para abrir su alma a Birthe, para confesarle sus puntos débiles, sus defectos, y para decirle cuánto le ayuda, por medio de sus cualidades y de su amor, a progresar:

«Confieso ahora todos mis puntos débiles, porque empiezo a sentir en mí una fuerza nueva. Creo claramente que no me dejo llevar por un entusiasmo juvenil, hablo con la mayor sinceridad, hemos decidido unirnos ante Dios y esta unión será total, a pesar de todas las dificultades que encontremos o que nazcan en nosotros. Eres tú quien me ha enseñado este extraordinario secreto, un secreto que todo el mundo sospecha y que nadie se atreve a aplicar, y que solo tú serás capaz de ayudarme a emplear. Los comienzos de nuestro matrimonio serán, probablemente, bastante duros, porque necesitarás una dedicación inaudita para llegar a domesticarme. Has hecho más que traerme el amor, me has hecho comprender la esperanza. Te quiero, cariño. Me faltan las palabras para expresarlo»25.

Jérôme se extasía al ver que Birthe le comprende con una gran profundidad:

«Todo lo que me escribes no es bello más que porque me amas ¡tanto — tanto — tanto! Con cada una de tus cartas me siento maravillado, nunca hubiera podido creer que tal cosa fuera posible. El amor te proporciona una penetración y una confianza serena que ninguna ciencia del mundo hubiera podido darte»26.

Al hacer la experiencia de este bello amor humano, Jérôme comprende que Dios es su fuente y el noviazgo se convierte en una etapa importante de su itinerario espiritual. Desde la fe recibida en la infancia y mantenida por costumbre a la edad de las salidas estudiantiles, descubre, al alba de su vida adulta, una alegría nueva al reconocer el amor que procede de su Padre del Cielo. Un amor potente y liberador. Y Jérôme confía esta felicidad absolutamente nueva a su novia:

«Esta mañana he comulgado por nosotros dos a las 8 de la mañana en la catedral. Nunca me había sentido tan feliz, tranquilo y amante de Dios»27.

Jérôme necesitaba liberar esta fuente de alegría, recibida en el bautismo, para que manara e irrigara su amor, y, al sentir una necesidad nueva de fundamentar su vida en Dios, invita a Birthe a hacer lo mismo. Pronto, con el acuerdo del capellán, le pide que comparta la fe católica:

«Es preciso, cariño, que ames la religión católica; hazlo, en primer lugar, por amor a mí, y verás que, más tarde, será esta misma religión la que nos ayudará a amarnos mejor»28.

Birthe acepta de buena gana y, sin pérdida de tiempo, va a seguir cursos de catecismo con el canónigo Muller en la iglesia de Saint-Philippe-du-Roule, en París, y los completa, siguiendo el consejo de Jérôme, con unas conversaciones de instrucción religiosa con su futuro suegro, cuya fe es tan contagiosa. Estas largas horas pasadas juntos, hablando de Dios, acercan a Pierre y Birthe hasta el punto de que pronto nace un gran afecto entre estos dos seres tan queridos en el corazón de Jérôme. Pierre descubre el corazón valiente de su futura nuera, y Birthe la bondad del padre de su novio.

Y a Jérôme, que sigue a distancia todas estas evoluciones, pronto ya no le queda más que una inquietud: no amar bastante a su Birthe.

«Te quiero, pequeña Birthe, tú serás la única mujer para mí y yo no seré completamente feliz y enteramente hombre más que cuando nos hayamos unido definitivamente ante Dios. No te olvides, al hacer tus oraciones, de pedirle al Señor que me ayude a poder amarte bien. Es lo único en el mundo que deseo ahora»29.

La boda queda fijada para cuando Jérôme acabe el servicio militar, el 1 de mayo, en Dinamarca, en la iglesia católica de Saint-Alban de Odense. Será muy simple. Los padres de Jérôme y su hermano Rémy no pueden venir, porque Pierre ya no tiene fuerzas y no disponen de los medios para comprarse un coche, pero Massa tiene miedo de que su hijo Jérôme se sienta ofendido por su ausencia y se lo dice algunos días antes de la boda. Jérôme se apresura a tranquilizarla y a escribirle a Birthe, que se ha marchado a Dinamarca para preparar la ceremonia:

«Mi querida Birthe, he vuelto apresuradamente a Étampes porque Rémy, que ha venido esta tarde a ayudarme, me había dicho que mamá estaba enferma. [Era] muy poco grave, pero estaba horriblemente preocupada porque pensaba que yo estaba enfadado por no venir a nuestra boda. Pobre mamá, la he consolado bien y le ha complacido mucho que yo acudiera enseguida. Ya está casi curada»30.

Philippe y su joven esposa, Geneviève Dormann, a quienes no espanta la distancia, irán ¡en moto! A Pierre, que se muestra inquieto ante Philippe por la distancia y los peligros del viaje en moto, le responde:

«¡De ninguna manera voy a dejar a Jérôme casarse sin mí y sin ningún miembro de la familia!».

A Pierre no le desagrada esta respuesta.

La cuestión que se le presenta ahora a Jérôme es encontrar rápidamente una situación que garantice los ingresos de la familia que se dispone a fundar. Las ideas no le faltan: le proponen un puesto en Yemen y en Afganistán, pero esta aventura no tienta a ninguno de los dos novios. ¿Hacerse médico rural para seguir su primer deseo? ¿O bien aceptar la oferta del profesor Raymond Turpin, que le propone un puesto, en su servicio, para ocuparse de sus numerosos enfermos mongólicos que no interesan a demasiada gente? Turpin había realizado investigaciones sobre el origen del mongolismo 25 años antes, y, si bien había formulado hipótesis interesantes sobre el tema, hasta ahora no había demostrado nada. Tal vez este joven médico, cuyo espíritu curioso y delicada atención había advertido durante sus prácticas, pueda reemprender las investigaciones, y encontrar la solución...

Jérôme tiene prisa por reunirse con Turpin para concretar el proyecto, pero a mediados de abril este se encuentra fuera de París, y Jérôme escribe su impaciencia a Birthe:

«Cariño, no sabes cuánto me molesta no poder decirte: estoy haciendo esto, estoy haciendo aquello, pero no, estoy atascado, y hasta que Turpin no haya vuelto de Trouville, no...



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