E-Book, Spanisch, Band 38, 312 Seiten
Reihe: 100XUNO
Dreher La opción benedictina
1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-9055-879-9
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Una estrategia para los cristianos en una sociedad postcristiana
E-Book, Spanisch, Band 38, 312 Seiten
Reihe: 100XUNO
ISBN: 978-84-9055-879-9
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
Ray Oliver 'Rod' Dreher (Baton Rouge, Lousiana, 1967) es un escritor y periodista norteamericano. Ha sido corresponsal del New York Post y en la actualidad es editor y bloguero de The American Conservative y autor de varios libros. Ha sido comentarista en numerosas radios y televisiones norteamericanas, y ha escrito sobre religión, política, cine y cultura en medios como National Review, National Review Online, The Weekly Standard, The Wall Street Journal, Touchstone, Men's Health, y Los Angeles Times, entre otros. Crecido en una familia metodista, se convirtió al catolicismo en 1993 para, posteriormente, adherirse en 2006 a la Iglesia ortodoxa oriental. Este es su primer libro traducido al castellano.
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Introducción
el despertar
La mayor parte de mi vida adulta ha estado marcada por mi fe cristiana y por mi compromiso con el conservadurismo. Hasta que mi esposa y yo dimos la bienvenida al mundo a nuestro primogénito en 1999, no veía contradicción alguna, pero nada nos cambia más la forma de ver la vida que tener que pensar qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos. Y eso fue lo que me pasó.
Cuando Matthew estaba aprendiendo a caminar, me percaté de que mi opinión política estaba cambiando: quería educar a nuestro hijo según los principios del cristianismo tradicional. Comencé a preguntarme qué estaba conservando exactamente el conservadurismo predominante. Me di cuenta de que, en determinadas circunstancias, algunas de las causas por las que mis compañeros conservadores abogan —sobre todo su entusiasmo acrítico por el mercado— pueden socavar la institución que, como tradicionalista, considero prioritaria: la familia.
También veía que las Iglesias, incluida la mía, no plantaban cara eficazmente a las fuerzas de este declive cultural. El cristianismo tradicional e histórico, entendiendo por tal tanto al catolicismo como al protestantismo y la ortodoxia oriental, debería contrarrestar firmemente el individualismo y el secularismo radicales de la modernidad. Se suponía que los cristianos conservadores estaban batiéndose en una guerra cultural, pero, salvo por el aborto y el matrimonio homosexual, apenas nadie se involucraba en tal lucha. Parecíamos satisfechos haciendo de capellanes de esta cultura consumista en la que se perdía rápidamente el sentido de lo que significa ser cristiano.
En mi libro de 2006 Crunchy Cons1, en el que exploraba la sensibilidad particular del conservadurismo contracultural y tradicional, puse sobre la mesa la obra del filósofo Alasdair MacIntyre, que defendía que Occidente había soltado amarras y estaba a la deriva. Decía MacIntyre que había llegado el momento de que los hombres y mujeres de principios entendieran que quien aspire a llevar una vida virtuosa en el sentido tradicional no puede seguir participando plenamente en la sociedad de su tiempo. Estas personas, continuaba, darán con nuevas formas de vida en comunidad, tal y como san Benito, padre del monacato occidental en el siglo VI, respondió al colapso de la civilización romana fundando una orden monástica. Bauticé la estrategia de retirada defensiva que profetizó MacIntyre como la «opción benedictina». La idea es que los cristianos conservadores serios no pueden continuar como si nada en Estados Unidos, que tenemos que desarrollar soluciones comunitarias creativas que nos ayuden a aferrarnos a nuestra fe y a nuestros valores en un mundo que nos es cada vez más hostil. Tendríamos que optar entre dar un salto hacia una forma realmente contracultural de vivir el cristianismo o condenar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos a la asimilación.
Durante estos últimos diez años he escrito intermitentemente sobre la opción benedictina, pero nunca cuajó fuera de un círculo relativamente pequeño de cristianos conservadores, mientras que la cantidad de millennials que abandonaban la Iglesia era inaudita en la historia de Estados Unidos. Y seguramente ni siquiera saben qué es lo que están rechazando: recientes estudios sociológicos indican que los jóvenes adultos desconocen casi por completo las enseñanzas y prácticas de nuestra histórica fe cristiana.
El constante declive del cristianismo y la rampante hostilidad hacia los valores tradicionales alcanzaron un punto crítico en abril de 2015, cuando el estado de Indiana aprobó una versión de la Ley Federal de Restauración de la Libertad Religiosa. Esta ley se limitaba a permitir que los acusados por discriminación pudieran acogerse en su defensa a su derecho a la libertad religiosa, pero no les garantizaba que fueran a ganar el pleito. Los activistas por los derechos de los homosexuales hicieron mucho ruido tachando la ley de intolerante y, por primera vez en la historia, grandes empresas tomaron partido en la guerra cultural, posicionándose firmemente en defensa de los derechos homosexuales. Forzaron a Indiana a dar marcha atrás y una semana más tarde también cedió Arkansas.
Fue un punto de inflexión: demostró que si las grandes empresas se oponían, ni siquiera los políticos republicanos de los estados en los que tienen mayoría darían un paso al frente, ni siquiera uno tímido, en defensa de la libertad religiosa. Defender la ortodoxia bíblica del cristianismo en materia sexual se consideraba ahora de una intolerancia inadmisible. Los conservadores cristianos estaban sentenciados. Este ya no era el país de siempre.
Y, apenas dos meses después, la Corte Suprema declaró el matrimonio homosexual un derecho constitucional. El pueblo americano, que a lo largo de la última década había dado un giro asombroso hacia la defensa de los derechos de los homosexuales, como el del matrimonio, acogió bien la decisión. En cuanto lo consiguieron, los activistas y sus aliados políticos, el Partido Demócrata, comenzaron a presionar por los derechos de los transexuales.
Tras el fallo de este caso, conocido como Obergefell, la sociedad verá a los cristianos que se ciñan a lo que la Biblia enseña sobre el sexo y el matrimonio como racistas —y cada vez con más respaldo de la ley—. La guerra cultural que comenzó en los años sesenta con la Revolución Sexual se salda ahora con la derrota de los cristianos conservadores. La izquierda cultural —o dicho de otro modo, la corriente dominante hoy en día— no tiene ninguna intención de declarar la paz tras esta victoria. Sigue presionando con un empeño implacable, favorecido por la desorientación de los cristianos que no entienden qué está pasando. No te dejes engañar: en el mejor de los casos, la sorprendente victoria de Donald Trump solo nos concede un poco de tiempo para prepararnos para lo inevitable.
He escrito La opción benedictina para despertar y animar a la Iglesia a fortalecerse mientras nos quede tiempo. Si queremos sobrevivir, tenemos que regresar a las raíces de nuestra fe, tanto en pensamiento como en obra. Vamos a tener que educar nuestro corazón en hábitos ya olvidados en la Iglesia de Occidente. Vamos a tener que cambiar nuestras vidas y nuestra perspectiva de forma radical. En definitiva, vamos a tener que ser Iglesia, sin concesiones, cueste lo que cueste.
Este libro no ofrece una agenda política, ni es un manual de espiritualidad, ni el típico lamento por la agonía y la caída de lo que fue y ya no es. Es cierto que es una crítica a la cultura moderna desde un punto de vista cristiano, pero sobre todo presenta las iniciativas de cristianos conservadores que abren caminos creativos para vivir la fe a contracorriente y con alegría a pesar de la oscuridad de los tiempos. Lo escribo con la esperanza de que te inspiren y te muevan a colaborar con los cristianos de tu entorno que también piensen así para responder a los retos a los que se enfrenta la Iglesia día a día. Tenemos que lanzarnos a actuar si la sal pierde su sabor. Ya es tarde, esto no es un simulacro.
Alasdair MacIntyre decía que «esperamos la llegada de un nuevo san Benito, aunque obviamente muy diferente del primero». El filósofo se refería a un líder creativo e inspirado que muestre una nueva forma de vivir la tradición en comunidad para que esta sobreviva a estos tiempos de prueba. El papa emérito Benedicto XVI augura un mundo en el que la Iglesia vivirá en pequeños círculos de fieles comprometidos que viven su fe intensamente y que tendrán que desgajarse de la sociedad de algún modo para aferrarse a la verdad. Lee este libro, aprende de la gente que te presento en él y déjate inspirar por el testimonio de los monjes. Deja que te hablen al corazón y a la mente e involúcrate en tu entorno para fortalecer a tu familia, tu Iglesia, tu escuela, tu comunidad y a ti mismo.
En la primera parte de este libro, expondré el reto de la América poscristiana tal y como lo veo. Para ello exploraré las raíces filosóficas y teológicas de la fragmentación de nuestra sociedad y explicaré cómo nos pueden ayudar hoy las virtudes cristianas que san Benito compiló en su regla en el siglo VI, un libro monástico clave en la preservación de la cultura cristiana durante la denominada Edad Oscura.
En la segunda parte, abordaré cómo podemos adaptar la forma de vida cristiana que prescribe la regla para que los cristianos conservadores de todas las Iglesias y confesiones la apliquemos en los tiempos que corren. Para evitar equívocos de naturaleza política, usaré la palabra «ortodoxo», con «o» minúscula, para referirme a los protestantes, católicos y ortodoxos orientales fieles a su tradición teológica. La regla nos proporciona ideas para abordar la política, la fe, la familia, la comunidad, la educación y el trabajo. Voy a detallar cómo se pone de manifiesto en las vidas de numerosos cristianos de los que el resto de la Iglesia tanto tiene que aprender. Por último, analizaré la vital importancia de que los creyentes piensen y actúen con determinación frente a los dos fenómenos de mayor influencia en la vida contemporánea y que pulverizan los cimientos de la Iglesia: el sexo y la tecnología.
Finalmente, espero que estés de acuerdo conmigo en que estamos viviendo un tiempo decisivo para los cristianos. Las decisiones que tomamos hoy tendrán consecuencias en las vidas de nuestros descendientes, nación y civilización. Jesucristo prometió que el poder del infierno no derrotaría a su Iglesia, pero no dijo que no vencería a la Iglesia en...




