E-Book, Spanisch, Band 63, 434 Seiten
Reihe: Pensamiento
de la Luz y Caballero Obras II
1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9007-483-1
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 63, 434 Seiten
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José de la Luz y Caballero nació el 11 de julio de 1800, La Habana, Cuba y murió el 22 de junio de 1862. Fue considerado maestro por excelencia y formador de conciencias, pues engrandeció el sentido de la nacionalidad cubana. El pensamiento de José de la Luz y Caballero se centra en la importancia de ahondar en el conocimiento y la comunicación para fusionar en el hombre la verdad científica con el sentimiento de patriotismo. Sus obras aparecieron en diarios y revistas. Alfredo Zayas se encargó de recoger, en 1890, algunas de sus obras en dos tomos bajo el título de Obras de José de la Luz y Caballero. La mejor síntesis de su vida está resumida en este breve aforismo: 'Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo'.
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III. SOBRE EDUCACIÓN SECUNDARIA
[José de la Luz y Caballero]4
(Septiembre 24 de 1832.)
Utor via.
Señores redactores del Diario:5 También yo, amigos míos, a título de padre y de patriota, quiero tomar cartas en la cuestión que, acerca del método que se sigue en el colegio del señor Casas, se ha suscitado entre los autores de dos remitidos al Noticioso y Lucero de esta ciudad, el primero con fecha 18, y el segundo de 28 del corriente. Trataré de consultar la brevedad, aunque con harto dolor mío.
Desde luego ambos escritores estuvieron penetrados de las más sanas intenciones al tomar la pluma, como se echa de ver desde el principio hasta el fin de cada uno de los artículos; pero yo creo que ninguno de los dos ha mirado la cuestión desde su verdadero punto de vista. Examinémoslo. En el primer comunicado, en forma de diálogo, tratando el autor de elogiar, como lo merece, el establecimiento de Carraguao, atribuye el estado brillante en que se halla a la preferencia que en él se da al estudio de las matemáticas. Esta opinión sin duda, proviene de la idea ventajosa que se tiene de la ciencia de la cantidad, creyendo, al parecer con sobrada razón, que pues la exactitud es el carácter que la distingue, ningún ejercicio más a propósito que el de las matemáticas para comunicar a nuestro entendimiento buenos hábitos de discutir.
Pero aun suponiendo que así sea, en lo que no entraré por ahora, ¿quién no ve que siempre queda en pie la cuestión principal? ¿Se podrá decir, por ventura, tratándose del método que se sigue en un establecimiento, que su excelencia se deba a tal o cual ramo de los muchos que en él se enseñan? ¿No sería más racional decir que su bondad se ha de estimar por la distribución de las clases, por la elección de textos, por el orden adoptado en aquellas, por el mayor o menor esmero y aptitud de los profesores, por la buena condición moral de los alumnos, y sobre todo viendo si está siempre alerta el ojo del director, difundiendo con su presencia la vida y el movimiento por todos los ramos de su establecimiento, a la manera que el corazón derrama la sangre por todas las venas y arterias del cuerpo? He aquí el verdadero secreto del señor Casas; he aquí el único medio, la condición sine qua non para que marche un instituto de esta clase.
Así, pues, tampoco ha tenido razón el que suscribe el remitido en contestación al diálogo, queriendo atribuir toda la importancia en la educación al estudio de las lenguas y literatura antigua, casi con exclusión de las matemáticas. Repito que no es esa la cuestión: un colegio puede ser bueno con matemáticas o sin matemáticas, con latín y griego, como sin estos idiomas. Norabuena que se cultiven semejantes ramos; norabuena que tengamos clases de cuanto pueda aprenderse en este mundo; pero no se gradúe jamás la bondad o maldad de un establecimiento, sino con arreglo a lo que su director ha ofrecido en el prospecto, y observando escrupulosamente el método que se guarda en la enseñanza.
Ahora bien, aclarando brevemente el punto principal, vengamos al estado en que han puesto la cuestión los dos señores articulistas. Yo por mi parte, siguiendo el espíritu de entrambos, la reduciré a las dos preguntas siguientes: ¿a qué ramo se deberá dar la preferencia en la enseñanza, a las matemáticas, o a las humanidades? ¿Cuál de estos dos ramos ejercita mejor las potencias intelectuales? Si yo fuera a responder a estas cuestiones con la extensión que se merecen, sería necesario escribir una disertación ideológica; nos limitaremos, pues, a contestar con la posible brevedad, que así el un ramo como el otro son tan importantes que se deben enseñar en todos los colegios; advirtiendo de paso que siempre se habrán de consultar las necesidades del país, en la preferencia que se dé a unas materias sobre otras, con el bien entendido que algunas, por no ser aún aplicables a las circunstancias en que nos hallamos, deberán omitirse del todo. Desengañémonos: el medio más seguro de que se malogren los mejores planes, es querer acometerlo todo de una vez; demos al tiempo lo que le pertenece y entonces nuestros frutos serán sazonados. No desmayemos un instante, apliquemos a nuestro país cuantas mejoras puedan aplicársele de las que han introducido naciones más aventajadas: corramos, corramos y no cesemos de correr con los nuevos métodos y descubrimientos; pero corramos con lentitud, festina lente.
Pasemos a la segunda cuestión. Generalmente se cree que no hay mejor lógica que las matemáticas; y de ahí la preferencia que quiere dárseles para acostumbrar nuestro espíritu a raciocinar con acierto. Yo, sin embargo, teniendo en tal alto grado como el que más la ciencia de los Laplace y de los Legendre, no pienso que sea la más a propósito para comunicar buenos hábitos al entendimiento, a fin de que pueda discurrir con tino en otras materias. Las razones en que funda este dictamen el célebre Tracy, y aun más que todo mi propia experiencia, me han hecho ratificar más y más en este juicio. Como las matemáticas no tratan más que de las relaciones de cantidad, quiero decir, de un encadenamiento continuado de abstracciones, alcanzan un grado de exactitud a que no pueden llegar las otras ciencias por no permitírselo los objetos en que se ocupan. ¿Y quién creyera que esta misma exactitud en que se cifra la excelencia de las matemáticas sea precisamente el motivo porque no las juzgamos adecuadas para comunicar buenos hábitos al entendimiento? Con efecto, estando todo reducido a abstracciones, no hay motivo ni ocasión de equivocarse: todo cálculo sale bien indefectiblemente en sabiendo la regla, aun cuando nos olvidemos de lo que estamos practicando; y muy a menudo suponemos que existe en la naturaleza lo que no es más que el resultado de nuestros cálculos; porque éstos no pueden fallar si se tienen los datos necesarios.
Como consecuencia de lo dicho, y haciendo aplicación a nuestro caso, creo que ni las matemáticas ni las bellas letras pueden infundir tan buenos hábitos al entendimiento como las ciencias naturales; porque ellas son las que, inspirando más que toda clase de conocimientos un espíritu investigador, hacen que nos acostumbremos a no omitir ni la más mínima circunstancia por indiferente que parezca en el examen de las cosas.
Sin embargo, queremos que se nos entienda. A pesar de nuestra predilección por las ciencias naturales, consideramos que es de mayor importancia para la generalidad aprender la aritmética y la geometría que no la física o la química; y también creemos que aquellos ramos necesarios en todas las carreras, en todas las profesiones, y aun en los oficios más mecánicos, como sucede en la parte matemática citada, deben anteponerse, no digo al latín y al griego, pero aun a la misma gramática española. En fin, será lo más esencial de todo manejar con cuanta perfección se pueda la lengua nativa, que es el gran instrumento de que nos hemos de valer para cuantos fines nos propongamos en todo el decurso de nuestra vida, siempre que para el éxito contemos, como debe suceder casi invariablemente, con los esfuerzos o cooperación de nuestros hermanos: que el hombre nada puede si no influye en sus semejantes.
En conclusión diré que no habiendo sido mi ánimo contestar ninguno de los artículos, sino simplemente presentar la cuestión principal según la concebía, me he abstenido de hacer las muchas observaciones a que da margen el segundo remitido. Mas no puedo omitir una, que se me dispensará en obsequio de la justicia: cualquiera que sin más antecedentes lea el papel que acabo de citar, podrá inferir por todo su contexto que el colegio de Carraguao ha celebrado alianza ofensiva y defensiva con las matemáticas para acabar con la lengua de los romanos, no dejándole ni un miserable escondrijo donde albergarse dentro de sus muros. ¡Pero cuán al contrario es lo que pasa! Hay por lo menos cinco diferentes clases de latinidad en el colegio, cuyo notable aprovechamiento ha sido calificado repetidamente por la Sección de Educación a presencia del público habanero; resultando así que este ramo está tan atendido, o si aun cabe más, que el de las matemáticas: ni, ¿cómo podría ser de otra suerte cuando el conocimiento profundo de los clásicos antiguos es como si dijéramos la parte principal de don Antonio Casas? En el colegio de Carraguao son atendidos todos aquellos ramos que más reclaman las necesidades del país, con arreglo a su prospecto; y se trata constantemente así de perfeccionar los ya establecidos, como de fundar a su tiempo las nuevas clases que exijan nuestros ulteriores progresos. Pero que en lo ya establecido, como en lo por establecer, jamás pierdan de vista ni los profesores ni los padres la edad e inclinación de los alumnos para los diversos ramos que emprendan; que con esto y con un buen sistema los más llegarán a ser hombres instruidos, y no pocos el apoyo y ornato de su patria.
REAL SOCIEDAD PATRIÓTICA SECCIÓN DE EDUCACIÓN
4Publicado por Francisco González del Valle en José de la Luz Caballero como Educador, Cultural, Habana, págs. 1 y siguientes.
5Luz se refiere a cinco artículos Sobre enseñanza secundaria escritos a fines de 1832. «Un sabihondo suscriptor del Lucero a fines de 1832 —dice— que trató de motejarme de vulgar las frases Sacar a plazas;... ya el 4.º o 5.º artículo que había yo escrito sobre el importante asunto de Educación Secundaria». (Artículo: El señor P. P. medido por su mismo pitipié. D. D. l. Habana, 19 de abril de 1840.) pues por estar enlazados los puntos que...




