de la Cruz | El divino Narciso | E-Book | www2.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 131, 94 Seiten

Reihe: Teatro

de la Cruz El divino Narciso


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-220-7
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 131, 94 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-220-7
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El Divino Narciso es el auto sacramental más conocido de Sor Juana Inés de la Cruz. En él se identifica al mitológico Narciso con Cristo, que ve no ya su propio reflejo, sino su semejanza en la Naturaleza Humana, por lo que se trata de una reelaboración del mito griego de Narciso a partir del imaginario religioso católico. El divino Narciso cuenta con personajes alegóricos, mitológicos y una pequeña participación de personajes bíblicos. Así, Naturaleza Humana, la protagonista, dialoga con Sinagoga y Gentilidad, se enfrenta a Eco y a Soberbia. Narciso, bellísimo hijo de la ninfa Liríope y del río Cefiso personifica la hermosura de la adolescencia. El Divino Narciso alude al tema de la conquista de América y a las tradiciones de los pueblos nativos del continente. Sor Juana se aprovecha de un rito azteca, representado por un tocotín, en honor a Huitzilopochtli para introducir la veneración a la Eucaristía y ligar las creencias precolombinas con el catolicismo hispánico. El título de este auto sacramental alude a El divino Orfeo, de Pedro Calderón de la Barca. Calderón es, muy probablemente, el escritor que más influyó en la obra dramática de Sor Juana Inés de la Cruz. Esta obra es una joya del barroco novohispano. Se publicó en 1689 para su puesta en escena en Madrid. Fue dedicada a la Condesa de Paredes de Nava y marquesa consorte de la Laguna.

Sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel de Nepantla, 1651-Ciudad de México, 1695). México. Su nombre seglar fue Juana Inés de Asbaje Ramírez, y nació el 12 de noviembre de 1651 en San Miguel de Nepantla, cerca de Amecameca (en el actual estado de México), de padre vasco y madre mexicana, de origen andaluz. Su padre, el capitán Pedro Manuel de Asbaje, tuvo tres hijos naturales con Isabel Ramírez y murió en 1669. Su madre se casó después con Diego Ruiz Lozano, tuvo otros tres hijos y falleció en 1678. Ya a temprana edad, Juana Inés se entregó a la lectura y, como ella misma escribiría después, se le 'encendió el deseo de saber'. Hacia 1660 fue enviada a vivir con unos familiares a Ciudad de México. Gracias a la extensa biblioteca de su abuelo materno, Juana Inés pudo leer a los escritores culteranos barrocos españoles y a los clásicos griegos y latinos, pero también aprendió la lengua indígena náhuatl y estudió latín. A los catorce o quince años de edad fue dama de la marquesa de Mancera en el palacio del virrey, donde, además de por su gran belleza, fue admirada ya por su locuacidad y sus conocimientos. Debió escribir sus primeros textos hacia los doce años de edad, aunque sólo los escritos a partir de los dieciséis o diecisiete años presentan un pleno concepto literario. Juana Inés, que había mostrado tempranos deseos de estudiar en la universidad, y ante las dificultades que ello suponía para una mujer, acabó optando (por motivos no del todo diáfanos) por ingresar en el convento carmelita de Santa Teresa la Antigua, en 1667; dos años después, debido a la extrema austeridad de las carmelitas, cambió sus votos por los de las jerónimas y vivió en el convento de San Jerónimo. Desde allí siguió en contacto con virreinas, virreyes y personajes de la cultura del México colonial, participando en diversas manifestaciones literarias, teatrales y musicales. La peculiaridad de esta monja escritora es que, junto a sus textos religiosos, dejó una abundante y sorprendente producción de prosa y poesía profana, mucha de ella de tono amoroso y, por momentos, hasta erótico. Su hambre de saber la llevó a profundizar en la teología, terreno reservado entonces a los hombres; pero ella se entregó como autodidacta también a ello, como a todo lo que emprendió. No se sabe aún cómo, en 1690, comenzó a difundirse un escrito suyo en el que expresaba brillantemente ideas teologales, y especialmente sobre el amor humano y el divino. El obispo publicó entonces aquel escrito, precedido de un prólogo de él mismo a modo de respuesta admonitoria, y que iba firmado con el seudónimo de sor Filotea de la Cruz; se trata de la llamada Carta atenagórica. Pero, sor Juana Inés respondió en una larga carta (Respuesta a sor Filotea de la Cruz), en la que argumenta que el saber no debería estar vetado a la mujer, aportando numerosos ejemplos bíblicos y de la historia de la cristiandad en que las mujeres han contribuido al desarrollo humano y espiritual. Es probable que este gesto no sentara bien en las instancias eclesiásticas, y que fuera el motivo de que la obligaran a vender sus útiles científicos, sus instrumentos musicales y casi toda su biblioteca ('quita pesares', como ella la llamaba), para dedicar después el dinero que obtuviera a la caridad.
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Cuadro I

Escena I

Salen, por una parte, la Gentilidad, de ninfa, con acompañamiento de Ninfas y pastores; y por otra, la Sinagoga, también de ninfa, con su acompañamiento, que serán los músicos; y detrás, muy bizarra, la Naturaleza humana, oyendo lo que cantan.

Sinagoga¡Alabad al Señor todos los hombres!

Coro 1.º¡Alabad al Señor todos los hombres!

SinagogaUn nuevo canto entonad

a su divina beldad

y en cuanto la luz alcanza,5

suene la eterna alabanza

de la gloria de su nombre.

Coro 1.º¡Alabad al Señor todos los hombres!

Gentilidad¡Aplaudid a Narciso, plantas y flores!

Y pues su beldad divina,10

sin igualdad peregrina,

es sobre toda hermosura,

que se vio en otra criatura,

y en todas inspira amores,

Coro 2.º¡alabad a Narciso, fuentes y flores!15

Sinagoga¡Alabad,

Gentilidadaplaudid,

Sinagogacon himnos,

Gentilidadcon voces,

Sinagogaal Señor,

Gentilidada Narciso,

Sinagogatodos los hombres,

GentilidadFuentes y flores!

(Pónese la Naturaleza humana en medio de los dos coros.)

Naturaleza humanaGentilidad, Sinagoga,

que en dulces métricas voces20

a Dios aplaude la una,

y la otra celebra a un hombre:

escuchadme lo que os digo,

atended a mis razones,

que pues soy madre de entrambas,25

a entrambas es bien que toque

por ley natural oírme.

SinagogaYa mi amor te reconoce,

¡Oh Naturaleza!, madre

común de todos los hombres.30

GentilidadY yo también te obedezco,

pues aunque andemos discordes

yo y la Sinagoga, no

por eso te desconoce

mi amor, antes te venera.35

SinagogaY solo en esto conformes

estamos, pues observamos,

ella allá entre sus errores

y yo acá entre mis verdades,

aquel precepto, que impone,40

de que uno a otro no le haga

lo que él para sí no abone;

y como padre ninguno

quiere que el hijo le enoje,

así no fuera razón45

que a nuestras obligaciones

faltáramos, con negar

nuestra atención a tus voces.

GentilidadAsí es; porque este precepto,

porque ninguno lo ignore,50

se lo escribes a tus hijos

dentro de los corazones.

Naturaleza humanaBien está; que ese precepto

basta, para que se note

que como a madre común55

me debéis las atenciones.

SinagogaPues dinos lo que pretendes.

GentilidadPues dinos lo que dispones.

Naturaleza humanaDigo, que habiendo escuchado

en vuestras métricas voces60

los diferentes objetos

de vuestras aclamaciones:

pues tú, Gentilidad ciega,

errada, ignorante y torpe,

a una caduca beldad65

aplaudes en tus loores,

y tú, Sinagoga, cierta

de las verdades que oyes

en tus profetas, a Dios

Le rindes veneraciones;70

dejando de discurrir

en vuestras oposiciones,

(A la Gentilidad.)pues claro está que tú yerras

(A la Sinagoga.)y claro el que tú conoces

aunque vendrá tiempo, en que75

trocándose las acciones,

la Gentilidad conozca,

y la Sinagoga ignore...

Mas esto ahora no es del caso;

y así, volviéndome al orden80

del discurso, digo que

oyendo vuestras canciones,

me he pasado a cotejar

cuán misteriosas se esconden

aquellas ciertas verdades85

debajo de estas ficciones.

Pues si en tu Narciso, tú

tanta perfección supones,

que dices que es su hermosura

imán de los corazones,90

y que no solo la siguen

las ninfas y los pastores,

sino las aves y fieras,

los collados y los montes,

los arroyos y las fuentes,95

las plantas, hierbas y flores,

¿con cuánta mayor razón

estas sumas perfecciones

se verifican de Dios,

a cuya beldad los orbes,100

para servirle de espejos,

indignos se reconocen;

y a quien todas las criaturas

(aunque no hubiera razones

de tan grandes beneficios,105

de tan extraños favores)

por su hermosura, no más,

debieran adoraciones;

y a quien la Naturaleza

(que soy yo), con atenciones,110

como a mi centro apetezco

y sigo como a mi norte?

Y así, pues madre de entrambas

soy, intento con colores

alegóricos, que ideas115

representables componen,

(A la Sinagoga.)tomar de la una el sentido,

(A la Gentilidad.)tomar de la otra las voces,

y en metafóricas frases,

tomando sus locuciones120

y en figura de Narciso,

solicitar los amores

de Dios, a ver si dibujan

estos oscuros borrones

la claridad de sus luces;125

pues muchas veces conformes

divinas y humanas letras,

dan a entender que Dios pone

aun en las plumas gentiles

unos visos en que asomen130

los altos misterios suyos;

y así quiero que, concordes,

(A la Sinagoga.)tú des el cuerpo a la idea,

(A la Gentilidad.)y tú el vestido le cortes.

¿Qué decís?

SinagogaQue por la parte135

que del intento me toque,

te serviré yo con darte

en todo lo que te importen,

los versos de mis profetas,

los coros de mis cantores.140

GentilidadYo, aunque no te entiendo bien,

pues es lo que me propones,

que solo te dé materia

para que tú allá la informes

de otra alma, de otro sentido145

que mis ojos no conocen,

te daré de humanas letras

los poéticos primores

de la historia de Narciso.

Naturaleza humanaPues volved a las acordes150

músicas, en que os hallé,

porque quien oyere, logre

en la metáfora el ver

que, en estas amantes voces,

una cosa es la que entiende155

y otra cosa la que oye.

Escena II

Sinagoga¡Alabad al Señor todos los hombres!

Coro 1.º¡Alabad al Señor todos los hombres!

Gentilidad¡Aplaudid a Narciso, plantas y flores!

Coro 2.º¡Aplaudid a Narciso, fuentes y flores!160

SinagogaTodos los hombres Le alaben

y nunca su aplauso acaben

los ángeles en su altura,

el cielo con su hermosura,

y con sus giros los orbes.165

Coro 1.º¡Alabad al Señor todos los hombres!

Coro 2.º¡Aplaudid a Narciso, fuentes y flores!

GentilidadY pues su beldad hermosa,

soberana y prodigiosa,

es de todas la mayor,170

cuyo sin igual primor

aplauden los horizontes,

Coro 2.º¡aplaudid a...



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