E-Book, Spanisch, 136 Seiten
Reihe: Gabinete Plankton
Dangarembga Mujer y negra
1. Auflage 2025
ISBN: 978-84-19362-24-7
Verlag: Plankton Press
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
E-Book, Spanisch, 136 Seiten
Reihe: Gabinete Plankton
ISBN: 978-84-19362-24-7
Verlag: Plankton Press
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Tsitsi Dangarembga (Zimbabue, 1959) nació en la colonia británica de Rodesia del Sur, actual Zimbabue. Su madre, Susan, fue maestra, la primera mujer negra en cursar estudios universitarios en Zimbabue y la inspiración para la trilogía de novelas que incluye Condiciones nerviosas (premio Commonwealth Writers 1998) y This Mournable Body (finalista del Booker 2020). Además, Tsitsi ha recibido el Pen Pinter Prize y el Premio de la Feria de Frankfurt. Vivió desde los dos hasta los seis años con una familia blanca en Inglaterra, experiencia que marcaría su desarrollo. Polifacética y errante, estudió medicina en Cambridge, psicología en Harare y cine en Berlín, siendo Neria (1992) y Everyone's Child (1996) dos de las películas más importantes en las que ha trabajado.
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Introducción
Soy una refugiada existencial. Llevo huyendo desde que abandoné el vientre de mi madre, y probablemente antes, dadas las circunstancias en las que nací y el efecto de estas en mi entorno antes de que yo apareciera.
Cuando nací, mis padres vivían en el distrito de Murewa y daban clase en el instituto del mismo nombre, a una hora y media al oeste de Harare. En 1909, un misionero de la Iglesia Episcopal Metodista Americana (la AME, o American Methodist Episcopal Church) fundó el instituto, y a mí me dieron a luz en un hospital de Nyadire, otra misión de la AME a unos ciento sesenta kilómetros de donde trabajaban mis padres, en el extremo noreste del país. En el momento de mi nacimiento, esa misma Iglesia, cuya sede estaba y sigue estando en Estados Unidos, se había fusionado con otros dos cultos metodistas para formar la Iglesia Metodista Unida (la UMC, o United Methodist Church). Mis padres eran unos feligreses devotos.
El propio país, Rodesia del Sur, seguía siendo una colonia inglesa por aquel entonces, aunque una autónoma, estatus logrado en 1923. Como resultado, la colonia tenía un parlamento, una administración pública y unas fuerzas de seguridad propias, que respondían ante la administración regional y no ante el gobierno británico, como hasta ese momento. En la actualidad, las opiniones sobre la naturaleza de la política colonial británica de aquella época difieren. Izuakor nos cuenta cómo la política colonial oficial del asentamiento europeo de Kenia, adoptada en 1902, resultó en un incremento de la población europea, de aproximadamente una docena de personas blancas en 1901, a 9651 en 1921, frente a los casi dos millones y medio de africanos, y que, a pesar de esta preponderancia del pueblo africano, se afianzó un sistema de supremacía europea.3 Whaley, por otra parte, afirma que la política de supremacía de los intereses africanos fue el principio rector de toda la colonización británica en el continente, con Rodesia como excepción.4 La afirmación de Whaley se basa en un libro blanco publicado por el secretario de Estado británico para las Colonias, el duque de Devonshire, cuyo objetivo era trasladar la supremacía de los colonialistas a la población africana, y en tres piezas clave de la legislación de Rodesia a las que se refiere, en general, como los documentos constitucionales que consagraron la separación de las razas. El libro blanco se publicó en 1923, el mismo año en el que se le concedió un gobierno responsable a Rodesia del Sur. Según las disposiciones constitucionales convenidas entre Gran Bretaña y su colonia, que abrían el camino para este gobierno responsable, Gran Bretaña se reservaba el derecho a intervenir en las cuestiones legislativas de la colonia, sobre todo en el caso de las cuestiones «nativas». En la práctica, sin embargo, no actuó para combatir las tendencias supremacistas blancas que enseguida surgieron en la colonia.
La legislación racista, promulgada menos de una década después de que Rodesia del Sur se volviera autónoma, incluía la Land Apportionment Act de 1930, que dividía la colonia en zonas europeas, nativas, indeterminadas, de bosque y sin asignar. Además de estas divisiones, los africanos tenían prohibido comprar tierras en las zonas designadas como europeas, y esto no habría resultado punitivo si la ley hubiera establecido tierras de compra suficientes para cubrir las necesidades de la población africana. De forma injustificada —justificada según los preceptos de la supremacía blanca—, a los africanos del país se les concedió el derecho a adquirir tierras sin la competencia de los colonizadores solo en el 7 % del país. Esta cuestión se convertiría en un agravio permanente para la población africana y, finalmente, en una de las principales causas del enfrentamiento armado anticolonial zimbabuense que comenzó en abril de 1966 con una batalla en Chinhoyi, una ciudad pequeña a unos ciento sesenta kilómetros al noroeste de Harare. El conflicto causó estragos hasta que los nacionalistas y el gobierno de Rodesia pactaron el acuerdo de Lancaster House a finales de 1979.
Después de 1923, el espacio y la raza siguieron limitando el acceso a los derechos en Rodesia, a pesar de que el gobierno británico tenía poder para intervenir. El país se convirtió en un cuasi Estado con unas fronteras internas invisibles que la legislación consolidó. En general, las ciudades se consideraban territorios europeos, y a los africanos, que residían en zonas especiales —los townships—, se les llegó a considerar inmigrantes en dichos territorios. En la práctica, determinadas áreas del país se volvieron simbólica y legalmente blancas, una convergencia que excluía la presencia de cuerpos negros no regulados en ellas. En cambio, los espacios donde se les permitía cierta movilidad a los africanos —que incluían las reservas y las afueras de las áreas urbanas— se ideologizaron como primitivos, atrasados y subdesarrollados, albergando a personas que pertenecían a la categoría de «otros». El control necesario para mantener separados estos dos planos de existencia se ejercía oficial y extraoficialmente.
Se había introducido un sistema de pases en el país casi justo después de que los colonizadores llegaran a la zona de la actual Harare en 1890, mientras que los certificados de paso propiamente dichos se introdujeron en la década de 1930. Los rodesianos se referían a estos primeros colonizadores como la Columna de Pioneros (o Pioneer Column), un ejército de unos quinientos hombres blancos reunidos por Cecil Rhodes gracias a su British South Africa Company (BSAC), cuyo objetivo era anexionar el territorio sobre el que marchaban a la Corona británica. El propio Cecil Rhodes fue primer ministro de Colonia del Cabo, en el suroeste de la actual Sudáfrica, desde 1890 hasta 1896. El gobernador Earl Macartney, un administrador colonial y diplomático angloirlandés, había introducido las leyes de pase en Colonia del Cabo en 1760 para controlar el movimiento de esclavos en la colonia, leyes que después se extendieron para evitar que las personas africanas entraran en la zona. Con la introducción de estas en el territorio recién anexionado, Rhodes continuó con la arraigada tradición británica de la segregación.
Los pases eran el equivalente a una especie de sistema de pasaportes interno. Al principio, las leyes de pase rodesianas se aplicaban solo a los hombres africanos. La cartilla de pase que ellos, y luego las mujeres en las áreas urbanas, se veían obligados a llevar estipulaba dónde podían trabajar, dónde podían vivir y con quién podían casarse. Mi padre era un hombre que, por la ley de la tierra, estaba obligado a tener una cartilla de pase en un país del que era ciudadano. El control de la movilidad física era una táctica crucial en la estrategia supremacista blanca rodesiana. Mi madre me contó un incidente: cuando era alumna de secundaria en la década de 1940, y tras volver a la casa de su familia en las Tierras Altas Orientales para las vacaciones, hizo un viaje a la ciudad de Umtali (como se conocía entonces a la actual Mutare), que estaba cerca. Mientras caminaba por las calles, un grupo de jóvenes blancos la golpeó y la arrastraron desde la acera hasta la cuneta.
La movilidad física y el acceso a la tierra no eran los únicos ámbitos de la vida africana que el gobierno de los colonizadores rodesiano controlaba. Después de la concesión en 1923 del gobierno responsable, la colonia se alejó del modelo de educación sudafricano para dar prioridad a una educación secundaria de alto nivel, con vistas a ofrecer a sus niños unas oportunidades vitales similares a las que tenía la juventud británica. Por otro lado, las escuelas públicas para africanos se limitaron inicialmente a la formación industrial y agrícola. El primer instituto de enseñanza secundaria para jóvenes africanos se abrió en St. Augustine, fue una misión anglicana cerca de Penhalonga, en las Tierras Altas Orientales. Era 1892. Los buenos resultados de los pupilos de St. Augustine animaron al gobierno a abrir más centros académicos de secundaria para alumnos africanos. El Instituto Goromonzi, cerca de Harare, se abrió en 1946 y el Instituto Fletcher, en Gweru, lo hizo en 1957. Mi madre fue una de las primeras alumnas del Goromonzi y los jóvenes blancos la atacaron durante una de esas vacaciones escolares. De vuelta en la escuela después del espantoso incidente, cuando pidieron a la clase que escribiera una redacción sobre las vacaciones, mi madre narró aquel episodio con indignación y enfado. Luego la mandaron al despacho del director, que le dijo que esas historias eran inapropiadas y le indicó que evitara volver a escribir sobre esos incidentes.
Las instituciones educativas de Rodesia del Sur estaban segregadas, como muchas otras instituciones del país. Las iniciativas de desegregación se dejaron en manos de un grupo de ciudadanos blancos, que procuraron introducir un sistema de cambio gradual para evitar los peores aspectos del apartheid que practicaba el gobierno en la vecina Unión Sudafricana. El principal objetivo de estos ciudadanos era crear una especie de sociedad multirracial: los desegregacionistas opinaban que el gobierno blanco había tenido un efecto civilizador en los africanos, y que esta nueva civilización era visible en sus comportamientos e instituciones. En palabras de Edgar Whitehead, escritas en 1960, en aquel momento primer ministro y ministro de Asuntos Nativos de Rodesia del Sur: «Una nueva fase está manifestándose ahora entre los...




