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E-Book, Spanisch, 279 Seiten

Conze El budismo

Su esencia y su desarrollo
1. Auflage 2023
ISBN: 978-607-16-7964-2
Verlag: Fondo de Cultura Económica
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

Su esencia y su desarrollo

E-Book, Spanisch, 279 Seiten

ISBN: 978-607-16-7964-2
Verlag: Fondo de Cultura Económica
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El budismo, uno de los grandes sistemas religiosos del mundo contemporáneo, surgido antes que las primeras religiones monoteístas, ha desarrollado a lo largo del tiempo una organización coherente y práctica que proporciona a los adeptos una serie de herramientas concretas con las cuales enfrentar las dificultades de la vida. Sin embargo, sus enseñanzas no son del todo transparentes para aquellos que se han formado bajo una visión del mundo distinta, racional y utilitaria. En ese sentido, esta obra es un compendio que explica al lector instruido en las costumbres y creencias occidentales la estructura y la integración dinámica de un acervo de prácticas espirituales ancestrales. Este trabajo, considerado ya un clásico, constituye una innegable aportación para quien por cuestiones intelectuales o espirituales busca adentrarse en esta religión.

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I. TERRENO COMÚN


EL SABOR DEL DHARMA

El historiador que quiere determinar qué fue realmente la doctrina del Buda se encuentra literalmente frente a miles de obras que afirman todas ellas venir directamente del Buda, y que, sin embargo, contienen las enseñanzas más diversas y más conflictivas. Algunos escritores de influencia, criados en una tradición no conformista, han afirmado recientemente que se debe buscar la verdadera doctrina budista sólo en lo que Gautama Buda dijo realmente alrededor del año 500 a.C. Esta tesis ha producido ciertos conflictos. Lo cierto es que sólo se puede llegar al estrato más antiguo de las escrituras existentes a través de inferencias y conjeturas inciertas. Todos estos intentos de reconstruir un budismo “original” sólo tienen una cosa en común. Todos están de acuerdo en que la doctrina de Buda ciertamente no era lo que los budistas entendieron que era. La señora Rhys Davids, por ejemplo, elimina del budismo la doctrina del “no-ser” y el monasticismo. Para ella, lo que originalmente predicó el budismo fue una adoración del “Hombre”. H. J. Jennings, a sangre fría, elimina de las Escrituras todas las referencias a la reencarnación y pretende haberles restaurado con ello su significado original. El doctor P. Dahlke, por su parte, deja a un lado toda la magia y la mitología de las que está repleto el budismo tradicional y reduce la doctrina del Buda a una teoría agnóstica muy razonable.

En este libro me propongo describir la tradición viva del budismo a través de los siglos y confieso que no sé cuál fue el “evangelio original” del budismo. El considerar toda la historia budista posterior como un registro de la “degeneración” de un evangelio “original” es como considerar un roble como la degeneración de una bellota. En este libro supongo que la doctrina de Buda, concebida en toda su amplitud, majestad y grandeza, comprende todas las enseñanzas que están unidas a la enseñanza original por la continuidad histórica y que elaboran métodos que llevan a la extinción de la individualidad al eliminar la creencia en ella.

LOS DOCUMENTOS

En todo el transcurso de este libro tendremos que hacer referencia a las Escrituras, como documentos esenciales de la historia budista. Aquí se debe insertar una revisión general de la literatura budista y debemos considerar brevemente las distintas divisiones de las Escrituras, su antigüedad y las colecciones en las cuales están conservadas.

Desde tiempos antiguos, las Escrituras fueron divididas en Dharma y Vinaya. El Vinaya trata de la disciplina monástica, y el Dharma, de la doctrina. En una época posterior, encontramos una división tripartita: Vinaya, Dharma o Sutra y Abhidharma. El Abhidharma trata de doctrinas más avanzadas (cf. pp. 134 y ss.).

Otra división importante es la que existe entre Sutra y Shastra. Un sutra es un texto que pretende haber sido dicho por el propio Buda. Siempre empieza con las palabras: Así lo oí en un tiempo. El Señor moraba en… La primera persona aquí se refiere al discípulo Ananda, que recitó toda la palabra de Buda inmediatamente después de la muerte de éste. Muchos sutras fueron compuestos siglos después de la muerte de Buda. Los verdaderos autores de los sutras que no fueron dichos por el propio Buda histórico son, claro está, desconocidos. Los mismos budistas estaban muy divididos sobre el valor de estos sutras posteriores. Una fracción, conocida como el Hinayana o vehículo menor, sostenía que las obras compuestas después del año 480 a.C. y no recitadas en el primer Consejo inmediatamente después de la muerte de Buda no podían ser auténticas, no podían ser las propias palabras de Buda, no podían ser más que mera poesía y cuentos de hadas. La otra sección, sin embargo, conocida como el Mahayana, el gran vehículo, afirmaba, en vista de todas las dificultades cronológicas, que incluso los sutras posteriores vienen de la propia boca de Buda. La tardanza en la publicación se explicaba de varias maneras. Una historia bien conocida, por ejemplo, dice que los Sutras de Prajñaparamita, los textos que tratan de la sabiduría perfecta, fueron revelados por el propio Buda, pero que eran demasiado difíciles para ser comprendidos por sus contemporáneos. Por consiguiente, fueron guardados en el palacio de las Serpientes, o Dragones, llamados Nagas, en el mundo inferior. Cuando llegó la hora, el gran doctor Nagarjuna bajó al mundo inferior, y los sacó al mundo de los hombres. No se supone que esta historia deba ser creída por todo el mundo. En su deseo de adaptarse a las distintas disposiciones de diferentes personas, los budistas siempre estuvieron dispuestos a dar una explicación mitológica a la gente que pensaba en términos mitológicos, y al mismo tiempo, una explicación filosófica a los acostumbrados a las formas del pensar filosófico. La justificación filosófica de los sutras posteriores emplea la doctrina de los “tres cuerpos” de Buda, que pronto explicaremos. Sostiene que los antiguos sutras fueron enseñados por el “cuerpo de forma” del Buda, y los posteriores, por su “cuerpo de goce” (véase p. 219).

Un shastra es un tratado escrito por un autor que generalmente es conocido por su nombre, que se propone ser más sistemático de lo que generalmente son los sutras, y que cita a los sutras como autoridades. Muchos shastras escritos por los doctores de la Iglesia, tales como el Nagarjuna, Vasubandhu, y otros, nos han sido conservados.

La producción literaria total de los budistas fue enorme. Sólo nos han llegado fragmentos. Por lo tanto, nuestra historia del budismo siempre deberá permanecer fragmentaria y tentativa. Durante unos 400 años, la tradición sólo fue transmitida oralmente, por escuelas de Recitadores. Algunas características de las antiguas Escrituras claramente son las de una tradición oral, tales como las muchas repeticiones y una predilección por el verso y por las listas numéricas. Debido a esta preferencia por la transmisión oral, muchos de los documentos más antiguos se han perdido.

Sobre la edad de las Escrituras estamos más o menos a oscuras. El budismo es un cuerpo de tradiciones en el cual se destacan pocos nombres, y en el cual se conocen con precisión aún menos fechas. Realmente resulta exasperante cuando tratamos de aplicar nuestras ideas actuales de crítica histórica. Langlois y Seignobos, en su libro de texto sobre el método histórico, afirman que “un documento cuyo autor, fecha y origen no pueden ser determinados, simplemente no sirve para nada”. Por desgracia, este es el caso de la mayoría de los documentos que sirven de base para hacer una “historia” del budismo. Los hindúes siempre han demostrado una indiferencia casi completa hacia las fechas históricas. El cambio histórico es considerado como muy poco importante en comparación con la Verdad invariable. Los budistas de la India compartían esta actitud.

Incluso en relación con una fecha tan fundamental como la de la vida de Buda, sus cálculos variaban considerablemente. Los estudiosos modernos generalmente fechan la muerte del Buda en el año 483 a.C. En la India, la tradición budista propuso muchas otras fechas, como, por ejemplo, 852 a.C., o 652, o 552, o 353, o incluso 252. Sin un firme marco de fechas, buena parte de lo que decimos sobre la secuencia temporal de los acontecimientos de la historia budista no puede ser más que un cálculo plausible. Sin embargo, deberíamos admitir que la actitud budista frente a las fechas, por exasperante que sea para el historiador, no es tan errónea como parece. El Dharma mismo no tiene historia. Lo que cambia son sólo las circunstancias externas en las cuales actúa. Y mucho de lo que realmente es importante desde un punto de vista espiritual y religioso no tiene ningún sitio en un libro histórico. Muchas de las experiencias de los sabios y santos de la Antigüedad, en su soledad, eluden al historiador.

Los budistas también conservaron pocos nombres, porque, en las mejores épocas, no era bien visto que un monje obtuviera la fama por medio de la obra literaria. No les importaba quién decía algo, sino si aquello era cierto, si ayudaba y si estaba de acuerdo con la tradición. No se alentaban la originalidad y la innovación, y la anonimia era concomitante de la santidad. Esta actitud tiene sus compensaciones. Si, a través de un largo periodo, un esfuerzo colectivo y persistente es realizado por una gran cantidad de gente dedicada únicamente a su emancipación, para encontrar un sistema de curación espiritual, el resultado después de unos 10 siglos, pongamos por caso, tiene probabilidades de ser bastante considerable.

Por añadidura, incluso allí donde se mencionan nombres, no siempre se les puede tomar en su valor aparente. Los grandes nombres de hombres como Ashvaghosha, Nagarjuna, Vasubandhu, con frecuencia atrajeron hacia sí tantas obras que la tradición piadosa posterior a veces extendió la duración de la vida de esas personas a través de muchos siglos, mientras que la crítica histórica moderna ha tenido enormes dificultades para distinguir a las diferentes personas que están detrás de un solo nombre.

Sin embargo, es posible fechar grosso modo algunas obras literarias. El Sutta Nipata, por ejemplo, parece contener algunos de los textos más antiguos que poseemos, en parte debido a su lenguaje arcaico, y en parte porque un comentario de una parte...



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