Colom / Pueyo | Cómo acabar con la violencia | E-Book | www2.sack.de
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E-Book, Spanisch, 304 Seiten

Colom / Pueyo Cómo acabar con la violencia

Todas las claves que ofrece la ciencia para erradicar la violencia de la sociedad
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-10243-56-9
Verlag: Plataforma
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Todas las claves que ofrece la ciencia para erradicar la violencia de la sociedad

E-Book, Spanisch, 304 Seiten

ISBN: 978-84-10243-56-9
Verlag: Plataforma
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



¿Puede cualquiera actuar con violencia? ¿Están mentalmente enfermos los violentos? ¿Nacen o se hacen? ¿Está la violencia escrita en los genes? ¿Tienen las personas violentas un cerebro distinto? Roberto Colom y Antonio Andrés Pueyo, catedráticos de psicología y expertos en la materia, abordan en este libro adictivo, ameno e interesante, las claves sobre las causas de la violencia con un objetivo: contribuir a su erradicación de nuestra sociedad.

Roberto Colom es catedrático de psicología diferencial en la UAM, donde dirige el Máster en Psicología Forense y Penitenciaria. Es autor de una veintena de libros, entre ellos Psicología para no volverse loco (Plataforma, 2021). Antonio Andrés Pueyo es catedrático de psicología diferencial y profesor de Psicología de la Violencia en la UB, donde dirige el Máster en Psicología Forense y Criminal. Es consultor sobre Prevención de la Violencia.
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Prólogo


¿Por qué este libro?


Acabar con la violencia exige identificar sus causas.

Sí, causas, en plural.

Queremos dejar claro, desde el principio, que no hay una sola causa de la violencia. Abandone toda esperanza quien busque en estas páginas respuestas simples y soluciones mágicas, rápidas y definitivas al complejo problema de la violencia.

Es difícil conocer las causas, sus efectos y sus relaciones, pero la ciencia pretende identificarlas para desarrollar soluciones, algo que tampoco es fácil. No hay duda de que eventualmente superaremos ambos retos, pero llegar a esa meta requiere al menos dos cosas. Primero, tiempo; y segundo, evitar los mensajes catastrofistas que propagan determinados medios de comunicación, y algunos representantes políticos y activistas sociales, de que es urgente acabar cuanto antes con la violencia en nuestra sociedad. Como denunció el epidemiólogo sueco Hans Rosling,1 y a quien recurriremos en más ocasiones en este libro, el sesgo de urgencia es muy peligroso:

Cuando tenemos miedo, el tiempo apremia y le damos crédito al peor de los escenarios, solemos tomar decisiones estúpidas. Las mejoras graduales y la valoración de su impacto suelen ser estrategias más efectivas que las acciones drásticas.

Mientras alcanzamos la meta de erradicar la violencia de nuestra sociedad, se pueden aplicar soluciones parciales que no necesitan conocer completamente causas, efectos y relaciones. Así es como se diseñan generalmente los proyectos preventivos, y la evidencia de la que nos ocuparemos con entusiasmo aquí, recurriendo a propuestas atrevidas llegado el caso, revela que la prevención es un eficiente modo de acercarse progresivamente a la meta de acabar con la violencia.

Es importante destacar que la violencia es cosa de humanos que habitan en sociedades complejas e interactivas en las que se manifiesta esa violencia.

Quien fue director del Instituto Nacional de Salud estadounidense (NIH) durante más de una década, Francis Collins, recurrió a una célebre frase que nos ayudará a emprender el viaje que haremos a través de las páginas de este libro:

Los genes cargan la escopeta y las circunstancias vitales aprietan el gatillo.

Personas y circunstancias forman parte de la ecuación de la violencia cuyas incógnitas debemos despejar. No todas las personas son iguales, y, por tanto, tampoco vivirán similares circunstancias del mismo modo. A consecuencia de esa interacción, su comportamiento será variable. El violento es uno de esos comportamientos.

Mientras que, para Álvaro, una discoteca abarrotada de una masa de humanos será una pesadilla, para Óscar será un auténtico paraíso en la tierra. Un ambiente familiar en el que son frecuentes las interacciones violentas marcará, para mal, la vida de Leticia, pero hará resistente como una roca a su hermana Gema. Comprender por qué Óscar disfruta de un ambiente saturado de gente o por qué Gema supera circunstancias vitales tan adversas, experimentadas durante años cruciales de su desarrollo como persona, es esencial para averiguar cómo se puede acabar con la violencia.

¿Qué entendemos por violencia?

La violencia es una estrategia que usamos intencionadamente los seres humanos para resolver determinados conflictos, sean reales o imaginarios, haciendo daño y sometiendo a otros. La violencia no es ni un instinto, ni un acto reflejo, y, desde luego, como veremos, hay que evitar confundirla con la agresividad.

Los avances científicos de las últimas décadas nos ayudan a mejorar nuestra comprensión del fenómeno y a proponer modos de acabar con la violencia.

El reto presenta unas dimensiones colosales, pero decidimos enfrentarnos a él porque pensamos que es necesario plantarle cara, y porque, además, disponemos de claves gracias al persistente esfuerzo de nuestros colegas del gremio de los científicos del que formamos parte.

Estamos decididos a compartir esas claves con los lectores de estas páginas por muchas razones, pero hay dos que queremos destacar:

En primer lugar, porque a menudo, aunque hay excepciones honrosas, los medios de comunicación ofrecen noticias que contribuyen a crear confusión sobre la violencia y, a veces, un injustificado pánico social. Narran sucesos y producen interpretaciones sobre los supuestos hechos que han rodeado un acto de violencia, de modo que distorsionan la realidad de los hechos. Ocasionalmente, nuestros propios colegas contribuyen a alimentar esa confusión cuando se les entrevista como expertos, seguramente porque no disponen de los conocimientos adecuados o porque el entrevistador busca algún mensaje entre sus palabras que corrobore sus propios prejuicios o contribuya a generar una alarma social que atraiga audiencia.

Un psicólogo que ocupó un alto cargo político vinculado a la delincuencia juvenil ofrece un ejemplo de lo que ahora deseamos subrayar. En el verano de 2023 declaró lo siguiente ante los medios de comunicación que le preguntaron por la supuesta oleada de delitos sexuales entre los jóvenes de nuestro país:

Hay que bajar la edad penal de los catorce a los doce años porque los tiempos han cambiado desde que se aprobó, en el año 2000, la Ley Orgánica de Responsabilidad Penal del Menor.

Sin embargo, los datos discrepan de que esa opción sea una verdadera solución. Los países que han aplicado esa medida llevando a los menores de catorce años a los juzgados para tratarlos de un modo equivalente a los delincuentes adultos, no han logrado reducir los casos de delincuencia juvenil. Al contrario. En el caso de la violencia sexual ejercida por los menores, por ejemplo, se observa que la baja reincidencia promedio de la violencia sexual de los menores experimenta un claro aumento después de haber pasado por centros de internamiento. El hecho es que tanto los menores de catorce años, como los de dieciocho, que han pasado por alguna clase de internamiento como castigo «reeducador», reinciden más que quienes han experimentado otra clase de medidas rehabilitadoras.

Otro ejemplo es el de algunos profesionales que, confiando demasiado en su experiencia como terapeutas atendiendo a sus clientes, hacen declaraciones concluyentes como las siguientes:

Analizar un caso de violencia de género es, en la mayoría de las ocasiones, un sinsentido. No hay demasiado que analizar, porque casi siempre se trata de un hombre machista, mediocre, violento y sádico que quiere someter a una mujer. Aquí acaba el análisis de estas casuísticas.2

Pretender simplificar lo que es complejo dificultará erradicar la violencia de nuestra sociedad.

En segundo lugar, porque identificamos, entre quienes deben promulgar leyes y actuaciones sociales destinadas a acabar con la violencia, estrategias que se alejan de la mejor evidencia científica de la que disponemos ahora. En un artículo editorial de un periódico de gran tirada titulado «Educar contra la violencia», se contribuye a alimentar pánico social en lugar de informar desapasionadamente de una serie de sucesos. Se recogen allí las declaraciones del fiscal general del Estado en las que habla, sin tapujos, de «explosión delictiva» para referirse a las estadísticas de denuncias contra menores en el año 2023. También se hacen afirmaciones sin verdadera base:

Parece evidente que está extendiéndose una forma de entender las relaciones sociales basadas en la imposición y la ley del más fuerte.

Por supuesto, se apoya el papel de la educación, en general, para resolver el problema:

Hay que insistir en la necesidad de que los poderes públicos aborden con mayor determinación las carencias en la educación sentimental y sexual de niños y adolescentes.

Centrarse en los casos problemáticos para convertirlos en paradigmáticos es, para empezar, injusto para con la inmensa mayoría de los adolescentes cuyo comportamiento es abiertamente normativo y prosocial. Y, para continuar, puede llevar a adoptar medidas de trazo grueso, simplistas, que no ayudarán a resolver la coyuntura y que pueden incluso resultar contraproducentes, como veremos aquí.

¿Cómo se organiza este libro?


Como modo de compensar la compleja empresa de identificar, desde la ciencia, las claves sobre las causas de la violencia, y, seguidamente, contribuir a su deseable erradicación de nuestra sociedad, este libro se organiza de un modo sencillo para facilitar su lectura y mejorar la asimilación de sus mensajes esenciales.

En cada capítulo se incluyen casos que ilustran su tema central. Cuando se considera oportuno, se traen a colación mensajes de los medios de comunicación, así como declaraciones de políticos y opinadores. También se destaca cómo deberían interpretarse, y en su caso, matizarse, esos mensajes según la evidencia científica y por qué es importante hacerlo. Las conclusiones de cada capítulo se orientan a ofrecer mensajes para la reflexión y para la acción.

Siguiendo esa estructura, se considerarán las siguientes temáticas:

  1. Acercamiento a la violencia. ¿Qué terreno pisaremos? ¿Cómo exploramos y analizamos el comportamiento violento desde la ciencia?
  2. ¿Puede cualquiera actuar con violencia? ¿Están mentalmente enfermos los violentos?
  3. ¿Nacen o se hacen? ¿Está la violencia escrita en los genes? ¿O son las circunstancias determinantes de esa conducta violenta?
  4. La familia: ¿nido de paz o cuna de violencia?
  5. Los niños y adolescentes violentos
  6. Psicópatas y sociópatas
  7. Los hombres que no amaban a las...



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