E-Book, Spanisch, Band 131, 376 Seiten
Reihe: Nuevo Ensayo
Brague Sobre el Islam
1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-1339-525-8
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, Band 131, 376 Seiten
Reihe: Nuevo Ensayo
ISBN: 978-84-1339-525-8
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Rémi Brague (París, 1947) es profesor emérito de Filosofía Medieval en la Sorbona de París. Fue titular entre 2002 y 2012 de la «Cátedra Guardini» en la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich. En 2012 recibió el premio Ratzinger, considerado oficiosamente como el Nobel de Teología. Especialista en la filosofía medieval judía y árabe, ha investigado asimismo sobre la filosofía griega (Platón y Aristóteles). Ediciones Encuentro ha publicado en español varios de sus libros, entre ellos su trilogía «mayor», La sabiduría del mundo (2008), La Ley de Dios (2011) y El reino del hombre (2017), fruto de 15 años de investigación. Además, el libro entrevista ¿A dónde va la historia? (2016), En medio de la Edad Media (2013), Manicomio de verdades (2021) y Las anclas en el cielo. Europa, la vía romana es una de sus obras más importantes.
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II. Cuatro sentidos, cuatro malentendidos
Para empezar, del Islam sólo hablaré de forma marginal e indirecta. Quisiera más bien preguntarme por lo que se dice de él, tanto por parte de los musulmanes como por la de los no musulmanes. En lugar de repetir cosas anodinas, he preferido indicar varias dificultades que se presentan en la comprensión mutua entre estos y aquellos. En consecuencia, tendré necesaria y conscientemente que poner el dedo donde más duele.
Cuatro significaciones
Desde el comienzo contamos con una zona de oscuridad en lo que atañe al mismo término «islam». Para disiparla propongo distinguir no menos de cuatro significaciones de este término: una actitud hacia Dios, una religión, una civilización (historia, geografía), y unas poblaciones38.
Islam significa ante todo una relación con lo divino. Esta relación viene caracterizada por una actitud espiritual fundamental: el abandono sin reservas de toda la persona entre las manos de Dios. La palabra árabe islam significa exactamente eso, tal vez desde antes de la predicación de Mahoma. El Corán pide comparar la situación de un hombre que fuese por completo (salam) esclavo de uno solo con la de otro que se debatiese entre los miembros de una asociación (šuraka’) (XXXIX, 29). Esta actitud de abandono de uno al Único es lo que comprende la conciencia religiosa musulmana de hoy, aunque la palabra haya podido tener en su origen una significación profana39. Tal actitud no es propia de lo que hoy llamamos el islam, sino que la supone. Así, de Abraham se dice haber estado «sometido a Dios» (Corán, III, 67), lo que en árabe se dice muslim mucho antes de la predicación de Mahoma.
Después —segunda significación—, para los occidentales el islam es la religión predicada por Mahoma en la Arabia del siglo VII de nuestra era. Como veremos, los musulmanes creen que es mucho más antigua. Esta religión ha elaborado una dogmática y una práctica que la distinguen de las demás religiones. Puede resumirse, según una manera de hacer procedente del interior mismo del islam, por los muy conocidos «cinco pilares»: confesión de fe, oración, limosna, ayuno, peregrinación. La fe islámica recae sobre la existencia de Dios y de los ángeles, sobre el envío de profetas, el último profeta «enviado» sería Mahoma, y sobre recompensas y castigos después de la muerte.
En un tercer sentido, «Islam» designa una civilización como un hecho histórico con un comienzo en el tiempo, desde el siglo VII hasta nuestros días, y circunscrita en el espacio, desde Mauritania a Indochina. Tiene su calendario propio, que comienza en el 622, fecha de la Hégira, tradicionalmente interpretada como la de la partida de Mahoma de La Meca hacia la ciudad que más tarde se llamaría Medina. Lo que historiadores y geógrafos comprueban desde fuera corresponde, por lo demás, a un sentimiento vivido en el interior. En efecto, esta civilización se comprende a sí misma como distinguiéndose de lo que no es ella: en el tiempo, rompe con la época que la precede, lo que llamaríamos el paganismo, con su politeísmo, a la que el islam prefiere denominar la «ignorancia». Geográficamente, el Islam es el «territorio pacificado» (dar as-salam), el de los países musulmanes, que se opone al «territorio de la guerra», (dàr al-?arb) que lo rodea y que consta de todos los países no conquistados aún por el islam, sin demasiados matices entre estos, porque «la increencia forma una sola y misma comunidad» (al-kufr millat wa?ida)40. Esta división del mundo, tradicional, ya no es hoy deliberadamente utilizada, salvo por los islamistas declarados. Los moderados prefieren otras expresiones más discretas, como «mundo de la misión» (o «llamada» da’wa) o «mundo del testimonio».
En un cuarto sentido se entiende hoy por «Islam» el conjunto de los pueblos que han sido marcados por éste como religión y que han heredado la civilización islámica. Se habla, así, del «despertar del Islam», y se entiende por ello las luchas por la liberación de las potencias europeas coloniales como Inglaterra en Egipto, Francia en el Magreb, los Países Bajos en Indonesia, o incluso Rusia en Asia central. Tampoco aquí estaban solo los musulmanes. Los dirigentes, por ejemplo, de los movimientos nacionalistas árabes eran con frecuencia cristianos que esperaban que el principio de las nacionalidades les permitiese obtener un estatuto legal en igualdad con el de los musulmanes.
De todas maneras, está claro que un movimiento social o político no moviliza nunca a las «masas» sino mediante la acción de individuos o de grupos reducidos. Su pretensión a representar al conjunto de una clase o de una nación estará sujeta a un aval y deberá ser examinada con rigor41.
Respecto del hecho cristiano, las lenguas europeas tienen dos palabras para denominar la religión de un lado y del otro la civilización como un hecho que compete a la historia y a la geografía. El francés dice «christianisme» y «chrétienté» para designar, respectivamente, la religión y el área cultural. El inglés hace lo mismo con christianity y christendom, el alemán con Christentum y Christenheit, el español con cristianismo y cristiandad, etc. En el caso del islam resulta incómodo que sólo dispongamos de una única palabra para los dos. Esta indistinción no concierne, por lo demás, sólo a la lingüística, sino que tal vez refleje una dificultad de fondo.
El francés puede recurrir a un medio cómodo, al menos por escrito. En buena gramática, los nombres comunes se escriben con minúscula, mientras que en los propios se pone la mayúscula. Ciertos sabios escriben, así, «islam» con minúscula cuando la palabra designa una religión, e «Islam» con mayúscula cuando vale para la civilización42. En la presente obra me uno a este procedimiento que me parece cómodo.
Cuatro malentendidos
Resulta importante hacer estas distinciones, pues, cuando se descuidan, se producen muchos malentendidos. Se oye decir: «según el islam…», o «el islam cree que…», etc. Y se deja así en la sombra al sujeto preciso de estas frases, que puede, efectivamente, significar varias cosas: «La religión musulmana, en sus fuentes autorizadas, confiesa que…». Pero también: «A lo largo de la historia de la civilización islámica, en tierra del islam existía la costumbre de practicar tal cosa que implica que…». Por último, esto puede querer decir: «Según ciertos sondeos de opinión, los musulmanes de hoy, en tal país, piensan que…». Incluso este último caso no es el peor. En efecto, a menudo nos imaginamos que es representativa del islam la opinión de cualquier musulmán que pretende hablar en nombre de toda su religión.
***
La primera confusión mezcla la actitud general de sumisión a Dios con la religión instituida. Cuando el Corán incluye el substantivo islam o el participio muslim, está claro que todavía no puede tratarse de la religión, tal como se elaboró su dogmática a partir del siglo IX. La palabra designa en este caso una orientación cuasi natural del hombre hacia Dios, lo que el Corán y el Hadiz designan también con el término fitra. Hay aquí una idea que se encuentra asimismo en ciertos Padres de la Iglesia como Tertuliano con su «alma naturalmente cristiana» (anima naturaliter christiana), que tendrá una larga carrera hasta, por ejemplo, el «animal adorador» de Baudelaire, pasando por una serie de autores43.
Es fuerte la tentación de cargar la palabra «islam», en su sentido anodino, con todo el peso y toda la precisión que el término ha tomado después, de tal suerte que Adán, o por lo menos Abraham, habría supuestamente cumplido, antes de que sean reveladas, todas las prescripciones de la Ley. En el judaísmo se encuentra también la idea según la cual los Patriarcas habrían seguido espontáneamente la Ley que le será dada más tarde a Moisés44. Abraham sería, así, el primer «musulmán» y no sólo el primero en haber reconocido la absoluta soberanía de Dios.
Es en el sentido universalista del término en el que Goethe, por ejemplo, pudo escribir que, en cierto sentido que insiste en precisar, todos nosotros vivimos en el islam. Noción que explicita como «abandono sin reservas a la voluntad de Dios» (unbedingte Hingebung in den Willen Gottes). Por lo tanto, escribe: «si ‘islam’ quiere decir [estar] sometido a Dios, todos nosotros vivimos y morimos en el islam» (Wenn Islam Gott hergeben heisst, / Im Islam leben und sterben wir alle)45. Hacer de esta comprobación de sentido común y que, finalmente, no compromete a gran cosa, el signo de una conversión personal a la religión islámica indica una deshonestidad intelectual ante la que, lamentablemente, ciertos apologistas no retroceden…
Ciertos musulmanes de hoy, poco cuidadosos de los cinco pilares, improvisan un islam personal que apenas se distingue de lo que George Orwell llamaba la common decency, donde ocupan por lo...




