Bécquer | Leyendas | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 328 Seiten

Reihe: Literatura universal

Bécquer Leyendas


1. Auflage 2024
ISBN: 978-84-7254-518-2
Verlag: Century Carroggio
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, 328 Seiten

Reihe: Literatura universal

ISBN: 978-84-7254-518-2
Verlag: Century Carroggio
Format: EPUB
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Incluimos las diecisiete leyendas publicadas entre 1858 y 1865. Estas narraciones tienen un carácter íntimo que evoca el pasado histórico y se caracterizan por una acción verosímil con una introducción de elementos fantásticos o insólitos. La temática y localización es muy diversa; Maese Pérez, el organista narra los misteriosos sonidos que emite el órgano de la Catedral en Sevilla, tras la muerte del organista, El Cristo de la calavera, nos transporta al Toledo de la Reconquista, Los ojos verdes gira en torno a espíritus femeninos demoníacos que se presentan a un cazador en el Moncayo, La Rosa de pasión narra el amor entre una joven judía y un joven cristiano y sus avatares, La Cruz del diablo, situada en Bellver (Pirineos), trata de unos excursionistas que escuchan de su guía su increíble origen, El beso, situada en la guerra de la independencia, cuando unos soldados franceses se instalan en un convento abandonado, con su champagne, y se les aparece una dama de marmol ..., etcétera. Fueron publicadas en periódicos madrileños de la época como El Contemporáneo o La América.

Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla 1836-Madrid 1870), fue un poeta y narrador español del Posromanticismo. Aunque en vida ya alcanzó cierta fama, solo después de su muerte y tras la publicación del conjunto de sus escritos obtuvo el prestigio que hoy tiene. Sus Rimas y Leyendas, un conjunto de poemas y relatos reunidos, constituyen uno de los libros más populares de la literatura hispana.
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BÉCQUER EN SU SITIO
presentación
por
Julián Marías
de la Real Academia Española
Sobre Gustavo Adolfo Bécquer se ha escrito interminablemente; las páginas acumuladas sobre su vida y sus escritos son muchas más que las no muchas que él escribió: todas las obras de Bécquer —incluyendo algunas que acaso no son suyas- caben en un volumen no demasiado grande; muchos volúmenes mayores podrían llenarse con sus comentarios. Aunque buena parte de lo que sobre Bécquer se ha publicado es de extrema vaguedad e irresponsabilidad, en los últimos años se ha avanzado en el conocimiento preciso y riguroso de su figura; poco a poco, el «huésped de las nieblas» va saliendo de ellas y mostrando un perfil claro, coherente, inteligible.
Yo no voy a intentar aquí hacer un estudio de Bécquer, sino algo mucho más modesto: ayudar a su lectura. Señalar algunas cosas que el lector debería tener en cuenta antes de entrar en la prosa y los versos del literalmente extraordinario escritor del siglo XIX, de cuya muerte nos separa un siglo y medio. Quisiera, nada más, ponerlo en su sitio, condición para que podamos verlo adecuadamente, gozarlo, entenderlo y acaso interpretarlo.
1. La generación de Bécquer
Desde hace muchos años he intentado establecer una escala generacional válida para España desde el siglo XVIII hasta el presente. Aunque siempre una serie de generaciones tiene carácter hipotético y está sujeta a revisión y rectificación, si la realidad histórica, más rigurosamente examinada, obliga a desplazar la escala propuesta, la así fijada por mí no ha planteado problemas especiales, sino al contrario: resuelve con sorprendente rigor muchos que con otras fechas serían insolubles o llevarían a conflictos insuperables. Las muy escasas dificultades que esta escala encuentra, pueden explicarse por razones individuales y que no afectan a la estructura general de la sociedad española.
Hace algún tiempo, pensé extender la misma escala -con intervalos de quince años- hacia atrás, hasta los comienzos de la sociedad española unitaria,  en el siglo xv. No hubiera sido extraño encontrar algunas anomalías, por dos razones: la primera, porque los 15 años del intervalo generacional son siempre aproximados, un «número redondo» que precisamente excluye la exactitud, impropia de la realidad, y especialmente de la realidad humana, por lo cual una diferencia, aún pequeña, al acumularse a lo largo de muchas generaciones, puede hacer inválida la serie; la segunda razón es que en largos períodos no puede excluirse la posibilidad de un «traumatismo social» que introduzca alguna anormalidad en una generación o en la relación de dos sucesivas, lo cual obligarla a un reajuste de las fechas. Pues bien, con bastante sorpresa encontré que la misma escala obtenida para las generaciones de los siglos XVIII-XIX. Parece aconsejable, por tanto, utilizar como las «hipótesis de trabajo» esta escala para toda la historia de España como nación, es decir, para toda la Edad Moderna. (La extensión de la misma escala a los reinos medievales o, por otra parte, a los demás países de Europa occidental requeriría rigurosas investigaciones que no han sido hechas todavía.)
Aunque algunas generaciones sean denominadas por alguna fecha especialmente relevante, aproximadamente coincidente con la entrada en la historia o el florecimiento de sus miembros -así hablamos de la «generación de 1898», cuando se habla de series de generaciones parece aconsejable tomar las fechas centrales de nacimientos: cada generación estaría integrada por los hombres nacidos en torno a la fecha elegida, es decir, en aquel año, los siete anteriores y los siete posteriores. A estas fechas natales me referiré en adelante.
Tomando como primera generación la de 1391 (D. Alvaro de Luna, el Arcipreste de Talavera, el Marqués de Santillana, Ausias March), encontramos algunas tan sorprendentes como la de 1451 (Nebrija, Isabel la Católica, Fernando el Católico, Gonzalo de Córdoba y seguramente Colón) o la de 1481 (en que se dan cita, con Lucas Fernández, Sá de Miranda y Berruguete, nada menos que Las Casas, Vitoria, Pizarro, Elcano, Magallanes, Núñez de Balboa, Alvarado y Hernán Cortés).
Pero es menester acercarse a Bécquer. Nació el 17 de febrero de 1836; murió, a los 34 años, el 22 de diciembre de 1870. Estas fechas no bastan para situarlo en una generación mientras no sepamos cuál es la escala de las generaciones; si adoptamos la que he propuesto, pertenecía a la de 1841 (es decir, los nacidos en la zona de fechas 1834-1848). Si esto es así, sabemos dos cosas: la posición de Bécquer en la serie de las generaciones y su posición dentro de la suya, concretamente al comienzo; es decir, Gustavo Adolfo era de los más viejos de su generación (todavía más su hermano Valeriano, nacido en 1834, es decir, al comienzo mismo de la generación a la cual ambos pertenecen).
Habrá que preguntarse enseguida por los coetáneos de Bécquer (sus compañeros de generación, los que tuvieron su misma «edad»), pero antes hay que parar la atención en las generaciones anteriores, en las que encontró en su mundo histórico.
El Romanticismo español abarca cuatro generaciones: las de 1766, 1781, 1796 y 1811. Como la literatura romántica española fue tardía respecto a 1a vida social, la primera generación romántica escribió todavía en buena parte literatura neoclásica, y sólo en ciertos escritos íntimos o marginales transparece su real romanticismo; en cambio, los más representativos de los escritores románticos pertenecen a la cuarta, la que ya empieza a salir del Romanticismo, como se ve bien claramente en los que alcanzaron alguna longevidad. Entre esta última generación romántica y la de Bécquer se interpone la de 1826 (los nacidos entre 1819 y 1833), que inicia la reacción frente al romanticismo. La entrada efectiva en la historia coincide con los treinta años; en el periodo 30-45, cada generación se esfuerza por imprimir su forma propia al mundo en que vive, por hacer triunfar sus deseos, estimaciones, creencias, proyectos; por desplazar a la generación anterior, la «reinante» o «en el poder» -en todos los órdenes de la vida—, es decir, la de los que tienen entre 45 y 60 años. Cuando se cumple ese desplazamiento (cuando una generación ha alcanzado los 45 y otra los 60), la más joven accede al poder y la más vieja sale del escenario histórico plenamente activo. (En nuestro tiempo, la longevidad hace que la «salida» no se produzca a los 60 años, y por tanto dos generaciones compartan el poder social, en una forma sutil y aún no bien precisada; pero esto no ha sido así hasta nuestro siglo, y menos que nunca en la época romántica, caracterizada por la precocidad y la frecuencia de la muerte temprana.)
Pero hay que hacer una aclaración importante. Estas «entradas» y «salidas», estas adquisiciones o pérdidas del poder social a ciertas edades, no se refieren a los individuos, sino a las generaciones; quiero decir que no acontecen cuando cada individuo alcanza una determinada edad, sino cuando llega a ella su generación, contando según la fecha central de nacimientos. Pero esto significa que los que nacen al comienzo de una generación son socialmente tardíos (y más duraderos), mientras que los nacidos al final resultan socialmente precoces (y pierden más jóvenes su vigencia social). Estas funciones sociales e históricas afectan, pues, simultáneamente a los miembros de una generación, cualquiera que sea su edad personal, y por eso hay cambios sociales según generaciones, por eso hay una articulación de las vigencias que cambian más o menos cada quince años.
Pues bien, cuándo Bécquer empieza a publicar -hacia 1858-, todavía encuentra en su mundo algunos hombres de la segunda generación romántica, la de 1781, es decir, la que verdaderamente inició la literatura romántica en España: José Joaquín de Mora -todavía demasiado neoclásico- y, sobre todo, Martínez de la Rosa, que con La conjuración de Venecia había inaugurado el drama romántico español en 1834. De las generaciones románticas siguientes  -1796 y 1811- encuentra numerosos autores activos: Alcalá Galiano, el Duque de Rivas, Agustín Durán, Gil y Zárate, Estébanez Calderón, Modesto Lafuente, Miguel Agustín Príncipe, Nicomedes Pastor Díaz (muertos antes que él) y otros muchos que sobreviven a Bécquer, que viven todavía en 1870: Bretón de los Herreros, Fernán Caballero, Wenceslao Ayguals de Izco, Mesonero Romanos, Hartzenbusch, Pascual Gavangos, el Conde de Cheste, el Marqués de Molins, García Gutiérrez, la Avellaneda, Diana, Eugenio de Ochoa, Federico de Madrazo, Ariza, Martínez Villergas, García Tassara, Rodríguez Rubí, Miguel de los Santos Alvarez, Zorrilla, Campoamor...
Esto quiere decir que durante toda la vida de Gustavo Adolfo Bécquer...



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