Aubenque | Problemas aristotélicos | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, Band 45, 176 Seiten

Reihe: Nuevo ensayo

Aubenque Problemas aristotélicos

Lenguaje, dialéctica y hermenéutica
1. Auflage 2021
ISBN: 978-84-1339-383-4
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Lenguaje, dialéctica y hermenéutica

E-Book, Spanisch, Band 45, 176 Seiten

Reihe: Nuevo ensayo

ISBN: 978-84-1339-383-4
Verlag: Ediciones Encuentro
Format: EPUB
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Este libro recoge siete estudios de Pierre Aubenque, respetado historiador de la filosofía, que consagró la mayor parte de su trayectoria a la interpretación del aristotelismo. La filosofía de Aristóteles nos ha llegado a través de una tradición que, muchos siglos después de su muerte, olvidó lo que de más original y significativo había en su pensamiento. Al retornar a las fuentes que encaminaron las primeras respuestas de Aristóteles, la lectura de Aubenque redescubre el desarrollo de un pensamiento en ciernes, el cual apremiado por los problemas del lenguaje, la práctica del diálogo y la interpretación, verá dar un impulso decisivo a la cuestión central del ser. Esta vertiente relegada de su pensamiento nos muestra un Aristóteles aporético, dialéctico y abierto, muy diferente a la imagen de filósofo dogmático con que habitualmente ha sido presentado. El apasionante recorrido en el que nos embarca Aubenque supone una búsqueda por aquellas sendas que, habiendo sido sucesivamente emprendidas y descartadas en nuestra tradición, permiten reconocer -tal vez hoy mejor que en otro tiempo- la originalidad que subyace al comienzo aristotélico.

Pierre Aubenque (1929-2020) estudió en la Escuela normal superior, y fue profesor en las universidades de Montpellier, Besançon, Aix-en-Provence y finalmente en la Universidad de La Sorbona de París, donde fue director del Centro de Investigaciones sobre Pensamiento Antiguo desde 1973 hasta 1991. Ha enseñado asimismo en numerosas universidades fuera de Francia: Hamburgo, Lepzig, Montréal, Ottawa, Québec, San Sebastián, Santiago de Compostela, Santiago de Chile y Caracas. Desde 1948 hasta 1969 tuvo mucho contacto personal con Martin Heidegger. Entre sus obras más destacadas, traducidas a numerosos idiomas, se encuentran El problema del ser en Aristóteles y La prudencia en Aristóteles.
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ESTUDIO INTRODUCTORIO

Este libro recoge siete estudios del profesor Aubenque, cuya publicación escalonada se extiende por un periodo de tiempo que va desde 1960 hasta los años noventa del pasado siglo. La sucesión de capítulos que lo integran reproduce el primer volumen de la compilación original Problèmes aristotéliciens, publicada en francés en el año 2009 por la editorial Vrin, conservando el orden que en su día dispuso el autor del libro.

Cada uno de estos ensayos se ocupa de un problema genuinamente aristotélico. Tal afirmación no quiere decir que las cuestiones aquí examinadas hubieran aparecido por obra exclusiva de Aristóteles. Al contrario, indica que la originalidad misma de su pensamiento, lejos de haber sido establecida, anida en la correspondencia difícil que planea entre unas cuestiones y otras, hasta el punto de que sigue siendo posible indagar y redescubrir, junto con el fondo de reflexión que las sustenta, una serie de respuestas sugerentes, tanto más significativas por cuanto conforman intentos de solución a problemas que Aristóteles no llegó a dar por zanjados.

En el marco del renovado interés que ha suscitado Aristóteles en las últimas décadas1, destaca el intento de Pierre Aubenque por remontarse hasta los esfuerzos iniciales que inspiran el proyecto aristotélico de una metafísica, cuyo carácter aproximativo, aporético, de nuevo vislumbrado, planteaba un doble problema: histórico, por un lado, pero ante todo filosófico, pues en Aristóteles al menos tales desarrollos parecen responder a una cuestión realmente singular: «¿qué es el ser?». Con independencia de las disciplinas que lograra dejar establecidas, ninguna rama de la obra de Aristóteles se muestra ajena al horizonte de búsqueda de una ciencia del ser en cuanto ser, por lo que toda aproximación específica a tal o cual esfera de su pensamiento apenas podría progresar sin toparse, tarde o temprano, con un conflicto de fondo que condiciona en diversos puntos el desarrollo y orientación de su filosofía. En el extremo opuesto, tenemos toda aquella tradición que, desde la Antigüedad, ha visto en el conjunto de obras de Aristóteles un corpus ordenado y metódico, cuyo fundamento no dejaría de remitir a los libros del tratado que conocemos bajo el nombre de Metafísica.

Ante esta coyuntura histórica, el posicionamiento de Aubenque es claro: en primer lugar, llamará la atención sobre la importancia del comentario interpretativo. Esto que puede parecer hoy una banalidad, tiene un alcance particularmente significativo cuando se trata de Aristóteles, cuya obra se presenta, dentro del de la historia de la filosofía, como un caso paradigmático: ningún otro conjunto de tratados conservados relativo a un único pensador puede comparársele en cuanto al número e intensidad de comentarios a él asociados. Tras veinticuatro siglos de interpretaciones continuadas, Aubenque aborda la cuestión muy consciente de la dificultad que corresponde a la tarea del comentarista: reubicar en el seno del aristotelismo una serie de problemas que, bien ignorados, bien apresuradamente resueltos por la tradición, corren el riesgo de impedir que el pensamiento de Aristóteles sea reconocido por lo que es: una reflexión abierta, acaso tan preocupada por ofrecer una visión coherente del cosmos o del ser humano como concernida por clarificar, hasta donde sea posible, toda una serie de dificultades que nos salen al paso en nuestro intento por comprender tales cuestiones. En este sentido, reanudar el pensamiento de Aristóteles exige, como dijera Aubenque, una «prolongación» del pensamiento del filósofo que se estudia, ejercicio que difícilmente podría comenzar —allí donde Aristóteles no desarrolla su metafísica según un término unívoco—, a partir de criterios estrictos de «objetividad», ya que caeríamos en la aproximación parcial que ha definido al aristotelismo tradicional en su alejamiento progresivo del sentido que preside la obra objeto de estudio.

Tal sería otra de las dificultades específicas que parecen confirmar la singularidad de este ejercicio de revisión crítica: se trata del hecho de que buena parte de los conceptos que han devenido fundamentales en historia de la filosofía entraron a formar parte de nuestra tradición bajo la impronta que en ellos dejara, precisamente, la filosofía de Aristóteles. Así, para convencerse de la incidencia del aristotelismo en nuestra forma de pensar, basta considerar el alcance de nociones como las de «categoría» o «lógica», donde comprobamos que no solo están a la base del desarrollo de múltiples disciplinas en los ámbitos técnico y científico, sino que su uso generalizado se ha hecho extensivo al habla cotidiana2. ¿Cómo aseverar entonces qué es y qué no es genuinamente aristotélico en una filosofía cuyo contexto inicial de aparición observamos tan distante, a partir de un lenguaje y de unos términos que —paradójicamente— nos resultan tan próximos? O más bien: ¿cómo saber lo que pensaba realmente Aristóteles sobre una serie de cuestiones que, siendo aún hoy significativas, nos han llegado, sin embargo, a través de una tradición repleta de comentarios, incorporaciones y matizaciones añadidas a lo largo de los siglos?

Asuntos como la preocupación por el fenómeno del lenguaje, hoy trasversal a las ciencias humanas, o bien la dimensión general que evoca el término «categoría» en prácticamente todas las disciplinas del ámbito científico, emergieron por primera vez en el intento de Aristóteles por «administrar» de un modo racional la equivocidad inherente al lenguaje, de forma que fuera posible pensar y expresar sin contradicción la experiencia que del mundo tienen los hombres.

Los dos primeros capítulos del conjunto de ensayos que aquí presentamos se ocuparán de esta cuestión de manera magistral.

En el primero de ellos hallamos una síntesis magníficamente expuesta de algunas de las posiciones más originales y controvertidas que Aubenque ha mantenido en el seno del aristotelismo. No en vano, el solo intento de mostrar «el arraigo de la filosofía de Aristóteles en el fenómeno del lenguaje»3 implica llamar la atención sobre toda una serie de textos que, como el conjunto de tratados reunidos bajo el nombre de Órganon, habían servido tradicionalmente para defender una lectura ciertamente axiomática de la filosofía de Aristóteles. Apariencias aparte, Aubenque logra precisar de manera convincente cómo Aristóteles, a la hora de sentar las bases de la lógica, toma por punto de partida un conjunto de problemas que se presentan como efecto de cierto uso espontáneo del lenguaje. En este sentido, pocos comentaristas han mostrado cómo las paradojas sofísticas habrían puesto a Aristóteles sobre la pista de un estudio de las condiciones mínimas que precisa todo diálogo, una aproximación crítica al discurso que es como la matriz de la que emergerán, entre otros logros teóricos, las secuencias que dan forma al silogismo demostrativo, y que se resume en el intento inaugural de un filósofo por dar cuenta, por vez primera, del problema de la significación.

A fin de contextualizar adecuadamente las circunstancias que rodean a este acontecimiento incomparable, Aubenque nos sumerge en una hermosa descripción histórica de aquellas características inherentes a la civilización griega, una civilización de la palabra que hizo de la defensa pública de las opiniones uno de los pilares de su actividad política. Sin una ajustada comprensión de las singulares implicaciones que orientaban la práctica eficaz de la oratoria en los asuntos públicos —un compromiso que sin duda inspiraba y acaparaba buena parte de la atmósfera intelectual—, sería difícil entender el hecho de que rétores y sofistas consiguieran erigirse en reconocidos maestros del arte de la dialéctica. Lejos de limitarse a desacreditarles, tal que ya hicieran otros filósofos antes de él, Aubenque pone de relieve el distinto tipo de respuesta que prepara Aristóteles: consciente no solo de la profunda alteración que introducen las objeciones de los sofistas en lo referente al buen curso del diálogo, sino también por lo que afecta a las posibilidades del pensamiento en general, Aristóteles va a examinar con detenimiento el fondo de sus argumentos más plausibles.

La distancia crítica que la filosofía de Aristóteles introduce respecto del lenguaje permitirá transitar, en una tensa relación con la dialéctica y la retórica, de la aplicación interesada de determinados cánones de disertación sobre las más diversas cuestiones, a una tematización de la argumentación conforme al discurso (logos), si bien al precio de dejar en suspenso la verdad inherente a cada uno de los temas, por lo que serán considerados únicamente en cuanto que lugares comunes o tópicos. Abriéndose paso a través de dificultades que sin duda tuvo que hacer frente el propio Aristóteles, Aubenque nos aproxima a la fuente misma de una elaboración teórica que incidirá de manera decisiva en el desarrollo del pensamiento occidental. Por un lado, al reconocer la equivocidad inherente al lenguaje y contrarrestar sus corolarios según criterios razonados —como la exigencia de univocidad—, Aristóteles logra establecer los fundamentos teóricos que darán lugar a la lógica, disciplina que nace precisamente del intento por reconducir los problemas del lenguaje al ámbito discursivo, cuyo fondo ejemplar viene inspirado por el análisis de ciertas implicaciones inherentes a la práctica del diálogo. Mas no debiera perderse de vista que este...



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