Andiñach | El Dios que está | E-Book | www2.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 416 Seiten

Reihe: Estudios Bíblicos

Andiñach El Dios que está

Teología del Antiguo Testamento
1. Auflage 2014
ISBN: 978-84-9073-096-6
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

Teología del Antiguo Testamento

E-Book, Spanisch, 416 Seiten

Reihe: Estudios Bíblicos

ISBN: 978-84-9073-096-6
Verlag: Editorial Verbo Divino
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)



Esta obra explora el testimonio bíblico del Dios que está, el Dios que acompaña y nunca abandona. Es una lectura del Antiguo Testamento donde se testifica del hambre y se deja entrever la dirección donde se encuentra el pan. No sacia, sino que anuncia el tiempo en que el dolor será curado, el espacio final en el que toda mancha, por oscura que sea, será purificada. Un Dios que aun en las peores circunstancias está con su pueblo y lo desafía a ser constructor de un mundo con justicia y equidad. Estas páginas nos ayudarán a sumergirnos en el mundo del Antiguo Testamento y descubrir un espacio fascinante, colmado de preguntas y desafíos, de palabras antiguas que resuenan como nuevas, y en el que arde una llama que las muchas aguas no pueden apagar.

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Prefacio


Esta Teología del Antiguo Testamento es, por varios motivos, excéntrica. Y lo es hasta tal punto que dudamos subtitular este trabajo «Teología del Antiguo Testamento», porque en principio no parece responder a lo que así se ha llamado durante los últimos 250 años. Pero, a la vez, sentimos que la fuerza de esas palabras corresponde al contenido de este libro más allá de que también pueda corresponder a un caudal de obras que –aunque no opuestas a nuestro trabajo– interpretan su tarea desde otro ángulo al que considera normativo y constitutivo de su condición. La apropiación de un título –en este caso del nombre de un género literario– para limitarlo a una particular forma de aproximación al texto bíblico es como una red que lo inmoviliza y que puede llegar a limitar el pensamiento y la reflexión. Todo avance en la comprensión del texto bíblico supone el espacio de libertad necesario para abrir a nuevas aproximaciones y nuevos paradigmas de lectura.

Fue el 30 de marzo de 1787 cuando Johann P. Gabler ofreció su conferencia magistral sobre «la correcta distinción entre teología bíblica y teología dogmática» y con ello desligó una de la otra e inauguró esta flamante disciplina, aunque él nunca escribió una tal obra1. Desde entonces, la teología del Antiguo Testamento (y también del Nuevo Testamento) ha sido una disciplina que por un lado expone de manera crítica el contenido del texto y por otro discute las diversas aproximaciones que otros autores han aportado. Fue desde un principio un ejercicio intelectual y se desarrolló con exclusividad en el ámbito académico universitario. Si bien hay matices, que comentaremos más adelante, la esencia del género suponía que el autor debía ser un profesor y que el público al que se dirige la obra eran sus pares. No fue posible imaginar un escenario distinto hasta llegados los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. Pero aun así, y sin olvidar una obra como El Dios que actúa, de Ernest Wright2, que debe considerarse una excepción a la rigurosidad de la regla, los diversos trabajos publicados no pretendieron superar el ámbito académico de discusión.

A nuestro entender, esto no es consecuencia de la falta de interés de los lectores no especialistas ni de la altura académica de las obras –que sin duda la tienen–, sino una muestra de que el género fue concebido desde un primer momento de esa manera. La exploración del texto no se hacía en función de mejorar la comprensión que del Antiguo Testamento tenía la comunidad de fe o con la intención de responder a las preguntas que venían de los lectores no iniciados en los vericuetos bastante intrincados de la crítica bíblica; tampoco se buscaba contribuir a difundir el interés y el amor por estos textos; en un sentido distinto, la tarea se planteó como la búsqueda de responder a las demandas de la modernidad, que exigía coherencia interna y disciplina casi científica para que una actividad fuera respetada y aceptada dentro del discurso racional de la época. Aunque en las últimas décadas ha habido reacciones a esa postura, las obras producidas hasta años cercanos no dejan de ser libros para teólogos académicos. Esto se observa en que las preguntas que se asumen y las respuestas o propuestas que cada autor ofrece tienen como referente y como materia prima el contexto de la discusión académica sobre la naturaleza del Antiguo Testamento o sobre el origen y la evolución de la religión de Israel. Los autores se contestan unos a otros y dejan perplejo a quien se acerca al libro porque –atraído por su título– cree que encontrará una obra que le va a ayudar a reflexionar sobre las preguntas que desde su fe se le presentan al encarar las lectura de la Biblia o que le va a conducir a ver con mayor claridad la particular manera que los textos del Antiguo Testamento tienen de presentar a Dios y su relación con la humanidad y la creación. Debemos decir que no rechazamos la densidad de pensamiento ni el carácter profundo de una reflexión que en ocasiones exige un lenguaje que puede resultar arduo para la persona no iniciada, y que de ninguna manera oponemos esas obras a las que se escriben en lenguaje popular o de lectura simple. Ambos niveles tienen su valor, y lo que corresponde es que las segundas difundan el pensamiento complejo de las primeras. Lo que deseamos postular es lo que ya mencionamos: que la teología del Antiguo Testamento tal como en esta obra la entendemos es excéntrica en relación con lo que otras teologías del Antiguo Testamento ofrecen. Esta se propone una doble tarea: por un lado, busca ser una reflexión que surge de la exploración de sus textos para exhibir sus relaciones internas, sus dinámicas y generación de sentidos, la diversidad y la unidad de su teología; y en segundo lugar, y de manera simultánea, busca ofrecer líneas de interpretación que permitan al lector o la comunidad actual releer los textos en el contexto social, cultural y político en el cual ese lector o esa comunidad viven. Con esto que hemos dicho, comenzamos a describir la impronta de nuestro trabajo y la distancia que posee con lo que en general se entiende por teología del Antiguo Testamento. Buscamos en estas páginas recorrer el texto bíblico para desvelar sus misterios y ambigüedades, dejar que nos interpele y abrirnos a reconocer nuestra ignorancia cada vez que ante un pasaje no sabemos cómo digerirlo. No desdeñamos la academia –en realidad, esperamos que nos lea y discuta–, pero estamos convencidos de que la teología del Antiguo Testamento es un discurso que le pertenece en segunda instancia. La primera instancia es el espacio de confrontación del texto con la realidad personal y social, y el de la búsqueda para que este nos ayude a encontrar en sus páginas inspiración y luz para los desafíos de nuestro tiempo. Ese reclamo de una comprensión profunda del mensaje es lo que debe interesarle al teólogo bíblico, y, por lo tanto, se le pedirá que ponga al servicio de ello todo su potencial interpretativo y técnico para contribuir a que el lector vaya más allá de una lectura simple y sin criticidad y le permita acceder a descubrir que el texto dice más de lo que aparenta. Entre las líneas hay secretos que piden ser revelados –y no se niegan a ello–, pero exigen una lectura atenta y paciente, dos condiciones que no abundan en la ajetreada vida de nuestro siglo XXI y que, sin embargo, somos llamados a practicar.

La distancia que expresamos entre nuestro trabajo y lo que se entiende en el mundo académico por teología del Antiguo Testamento no es un mal que padezcamos en exclusividad. El modo de hacer teología tal como hoy se practica en la denominada teología sistemática –lo que se conoce como discurso teológico en sentido escrito– está ausente en el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento incluye algunos tratados teológicos, como la Carta a los Romanos, la Carta a los Hebreos y otros pocos textos de similar factura, pero nada igual a eso se encontrará en el Antiguo. Se puede discutir y estar de acuerdo o no con Pablo, porque sus escritos son tratados teológicos, pero no se puede discutir con Moisés o con Esdras, porque los textos a ellos atribuidos no expresan sus pensamientos personales; no hay una teología de Moisés o de Esdras como la que suele evocarse del apóstol Pablo o de los textos joaninos. En las páginas del Antiguo Testamento soplan otros vientos: se narra, se ora, se imagina, se expresan pasiones amorosas y pasiones deleznables; se registra la palabra de los profetas y las leyes que deben guiar al pueblo; se medita; todo está dicho de un modo testimonial, que imprime en el texto el impacto que produjo en la vida del escritor bíblico y de su comunidad. Al hablar de esa manera, el Antiguo Testamento hace teología sin buscar hacerla. El discurso bíblico quiere dejar asentadas las experiencias de la vida como testimonio para las generaciones venideras, y ese registro es «teológico» porque habla de la relación de Dios con el creyente y con su pueblo. En este sentido, el discurso bíblico está más cerca del arte y de la literatura que de la racionalidad con que a veces se identifica a la filosofía, y por ese motivo su discurso se asemeja más al diálogo entre amigos y confidentes que a una conferencia entre expertos. Es como si esos amigos y amigas se reunieran y en la intimidad se contaran sus alegrías y pesares, compartieran sus historias de familia, los ultrajes a los que fueron sometidos, los hechos de sus antepasados, sus sueños, sus amores, sus infidelidades, las utopías que les entusiasman, sus fracasos y honores, sus humillaciones y sus expectativas para el futuro, los desafíos que los atemorizan. En todos estos relatos, la perspectiva de la fe es un ingrediente natural por la sencilla razón de que es parte de sus vidas, y, por lo tanto, no podría ser de otro modo. De manera que entre las múltiples tareas del teólogo del Antiguo Testamento está también la función de desvelar esa teología no dicha, pero que subyace entre sus pliegues.

Lo señalado hasta aquí debe alcanzar para que el lector comprenda por qué en esta Teología del Antiguo Testamento nos esforzamos en mostrar las conexiones semánticas dentro de los textos, en recorrer las líneas de sentido que estructuran cada obra o cada unidad y en poner en evidencia en los relatos las marcas que dejan ver la particular relación con Dios de la que cada texto quiere dar testimonio. Un signo destacado es la pluralidad de lecturas que encontramos en él. Veremos que no hay un concepto que haga justicia a la totalidad del mensaje del Antiguo Testamento y que cuando se pretende esto es porque se busca imponer al todo una visión o un...



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