E-Book, Spanisch, 192 Seiten
Ackroyd Poe. Una vida truncada
1. Auflage 2021
ISBN: 978-84-350-4820-0
Verlag: EDHASA
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)
E-Book, Spanisch, 192 Seiten
ISBN: 978-84-350-4820-0
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PETER ACKROYD ( 05-10-1949 / ) Nació el 5 de octubre de 1949 en Londres. Novelista y biógrafo conocido por su interés en la historia y cultura londinense. Ackroyd inició su carrera escribiendo poesía con poemarios como London Lickpenny (1973) y The Diversions of Purley (1987). Posteriormente, empezó a componer trabajos de ficción y obtuvo gran éxito, ganando el James Tait Black Memorial Prize en 1998 por la biografía Tomás Moro. Entre 1973 y 1977, Ackroyd trabajó en la revista The Spectator y a partir de 1978 ocupó el cargo de editor adjunto. En 1982, publicó The Great Fire of London, su primera novela. Esta fue la primera novela en una serie de obras sobre Londres, entre las que destacan la biografía con tres títulos Londres , Londres bajo tierra y Londres Gay (2018) en los que Ackroyd explora la naturaleza cambiante de la ciudad. Este tema es explorado a través de los artistas de la ciudad, especialmente de los escritores: Oscar Wilde en El último testamento de Oscar Wilde (1983); Nicholas Hawksmoor, Christopher Wren y John Vanbrugh en Hawksmoor (1985); Thomas Chatterton y George Gissing en Chatterton (1987); John Dee en The House of Dr Dee (1993); Dan Leno, Karl Marx y Thomas de Quincey en Dan Leno and the Limehouse Golem (1994); John Milton en Milton in America (1996); y Charles Lamb en The Lambs of London. Entre 2003 y 2005 escribió una serie de seis libros de no ficción para niños llamada Voyages Through Time. La serie es una extensa narrativa de periodos claves de la historia y fue aclamada por la crítica. En 1984 estuvo nominado para ser un Fellow de la Royal Society of Literature. En 2003 fue nombrado Comandante de la Orden del Imperio Británico. También ha escrito otras novelas como Tres Hermanos, La conjura de Dóminus, El diario de Víctor von Frankenstein y varias biografías entre las que destacan de grandes personajes de la cultura inglesa, entre las que desatacan: Poe, Dickens, Shakespeare y Chaplin.
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Capítulo 2
El huérfano
Edgar Allan Poe se ha convertido en la imagen misma del poète maudit, del alma maldita, del vagabundo. El suyo fue un destino muy duro, y su vida resultó casi insoportable. Desde el momento de su nacimiento no dejaron de lloverle los golpes. En cierta ocasión dijo que «para revolucionar de repente la esfera del pensamiento humano universal», bastaba con «escribir y publicar un libro muy breve.
Su título sería muy sencillo, unas pocas palabras: “Mi corazón puesto al desnudo”. Pero ese libro debía ser fiel a su título». Poe no escribió nunca semejante libro, pero su vida se pareció bastante.
Lo que lo atormentaba, una mezcla de angustia implacable y de anhelo no menos desesperado, afloró en él muy temprano. Su madre ya había contraído la tuberculosis antes que Poe naciera, y cabe suponer que durante el embarazo el feto no estuviera suficientemente bien alimentado. Los riesgos de un espacio muy reducido, donde una víctima respira con dificultad, tienen gran presencia en sus relatos. Su padres, David y Eliza Poe, también penaron por los sinsabores constantes fruto de la pobreza. Aquella tensión ambiental afectó sin duda al feto. Así, puede decirse que la vida azorada de Poe empezó ya antes de nacer. «Creo que Dios me dio una chispa de genio –manifestó unas semanas antes de morir–; pero la apagó en la miseria.»
Poe nació un día frío de 1809, el 19 de enero, en una casa de huéspedes de Boston. Una tormenta había inundado el puerto de la ciudad de témpanos a la deriva. En ocasiones posteriores, Poe cambiará el año de su nacimiento de manera caprichosa, como si no le gustara que ese acontecimiento se relacionara con él. Sus padres eran actores ambulantes, es decir, poseían un estatus sólo un poco superior al de vagabundos. Puede que le pusieran el nombre de pila de Edgar por el empresario del grupo teatral con que trabajaban los Poe. Algunos de sus coetáneos notaron que, en años posteriores, Poe exhibía cierto aire teatral, casi histriónico. «El mundo será mi teatro –escribió en cierta ocasión–. Debo conquistarlo, o morir.»
En el mundo teatral, existe un viejo dicho según el cual el espectáculo debe continuar. Tres semanas después del nacimiento de Poe, en un periódico de Boston podía leerse: «Felicitamos a los aficionados al teatro por la recuperación de la señora Poe de su reciente convalecencia». Estaba representando a la sazón el papel de Rosalinda en una obra titulada Avelino, el gran bandido. La vida errante de los Poe surtió un efecto inmediato en su hijo: al poco de nacer, lo enviaron con sus abuelos paternos, que residían en Baltimore (Maryland), que lo cuidaron durante varios meses. Fue éste el primero de los múltiples rechazos sufridos por Poe. Sin embargo, tal vez a consecuencia de ello, siempre sintió veneración por su madre. En cierta ocasión, en un artículo que escribió en un periódico, afirmó que era «hijo de una actriz, y siempre me he vanagloriado de ello; ningún conde estará nunca más orgulloso de su condado que yo de proceder de una mujer que, aunque de alta cuna, no dudó en dedicar al drama su breve carrera de genio y de belleza». Estaba dando aquí la mejor versión de la conducta materna.
***
Por supuesto, Eliza Poe no provenía en absoluto de una buena familia. Había zarpado en 1796 de Inglaterra rumbo a América en compañía de su madre, una actriz de Covent Garden, con la esperanza, o las expectativas, de encontrar en el nuevo país mayores oportunidades en las artes dramáticas. Aunque sólo contaba nueve años en la época de su migración, no tardó en convertirse en una «artista» consumada. A los tres meses de su llegada a Estados Unidos, ya estaba actuando sobre un escenario. Actualmente se conserva un retrato de ella realizado en los primeros años de su madurez: en él vemos a una mujer bonita, aunque algo menuda, peinada con los tirabuzones a la moda; de expresión viva, tal vez –y sólo– ligeramente afeada por unos ojos algo saltones. Lleva una túnica estilo imperio y un gorro pequeño y coqueto. Debió de ser una actriz competente y agradable, pues fue objeto de numerosos elogios por parte de los periodistas de la época. Era también muy versátil: a veces interpretaba tres papeles distintos en una misma velada. En el transcurso de su relativamente breve carrera, dio vida a unos doscientos papeles diferentes. Uno de los actores con que más asiduamente formaba pareja era el señor Luke Usher, cuyo apellido pasaría a la posteridad.
En 1802, a los quince años, se casó con otro actor, Charles Hopkins, que murió tres años después. El 14 de marzo de 1804, a los seis meses de la muerte de su primer marido, la joven actriz contrajo matrimonio con David Poe en Richmond (Virginia), en unas circunstancias al parecer algo apresuradas. El novio tuvo que pedir dinero prestado para la ocasión. Destinado a cursar la carrera de derecho, sus ambiciones teatrales lo apartaron de ese camino. Sin embargo, dichas expectativas se vieron sólo colmadas en parte (en los periódicos puede leerse entre líneas que no estaba a la altura de su bonita y joven esposa). Según una revista, «no se hallaba preparado para los altos vuelos del drama». Tres años mayor que su mujer, contaba veintiuno en el momento de su boda. Sin embargo, para entonces ya era un hombre impetuoso y derrochador, además de aficionado a la bebida.
A menudo se cancelaban las representaciones, con muy poco margen de tiempo, a causa de lo que el empresario teatral llamaba una «súbita indisposición» del señor Poe, eufemismo empleado para ocultar una intoxicación total. Actualmente se debate si la propensión a beber en grandes cantidades, o la propensión al alcoholismo (que no es lo mismo), pueden heredarse. La única carta que ha llegado hasta nosotros del puño y letra de David Poe es una desesperada petición de dinero, con la promesa de que «sólo una angustia extrema podría empujarme a cursar esta solicitud». Exactamente el mismo tipo de carta que su hijo se vio obligado a escribir en años sucesivos. Podría decirse que Poe se convirtió en una especie de eco de su padre, relación tan fantasmagórica como muchas de sus obras de ficción.
Henry, el primer hijo de David y Eliza Poe, nació en enero de 1807. Dos años después, fue entregado para su cuidado a los abuelos paternos, a saber, Elizabeth y el General Poe. La vida errante de la pareja de actores Poe, que viajaban constantemente por la costa Este, desde Nueva York a Boston, o desde Baltimore a Filadelfia y Richmond, para a continuación desandar el camino, se había vuelto demasiado agotadora tanto para la madre como para el hijo.
El General Poe no era ningún general, sino un antiguo fabricante de ruecas. Nombrado suboficial de intendencia de la ciudad de Baltimore durante la época de la guerra de la Independencia de Estados Unidos, había sido posteriormente ascendido al rango de mayor. Sin embargo, era un oficial emprendedor y próspero, que más tarde logró ganarse los elogios del marqués de Lafayette. También debió de desempeñar con éxito el papel –no menos exigente– de padre, pues, en todo menos en el nombre, adoptó a Henry y cuidó a Edgar en los primeros meses de vida.
En el verano de 1809, David y Eliza volvieron a Baltimore a por el pequeño Edgar. Sin embargo, no fue una feliz reunión familiar. Marido y mujer habían contraído la tuberculosis, enfermedad agravada por la pobreza y el sustento incierto. En diciembre de 1810 tuvieron otro retoño, Rosalie, o «Rosie», como era conocida, lo que contribuyó a reducir aún más los escasos recursos de la joven familia. Se tienen noticias de que los dos hijos más pequeños fueron puestos bajo la tutela de una vieja mujer galesa, la cual «libremente les administraba ginebra y otros licores espirituosos, a veces acompañados con láudano», al parecer para hacerlos más «fuertes y saludables».
O tal vez también para mantenerlos callados, simplemente.
Poco después, en determinado momento de la primavera o de principios del verano de 1811, David Poe desapareció, y jamás volvió con su mujer ni con su familia. Según el Norfolk Herald del 26 de julio, la señora Poe «se quedó sola..., sin amigos y sin protección».
Años más tarde, Edgar Poe, según un compañero suyo, «fingía» no saber lo que había sido de su padre. Tal vez no fingiera. No se conoce la razón de la huida de David Poe. Según algunos rumores, o cotilleos, mantuvo una fuerte discusión con Eliza, al parecer porque Rosalie no era hija suya. También hay quien asegura que abandonó a su familia ya en 1810, es decir, antes del nacimiento de Rosalie.
Por esta época, Eliza se hallaba en los inicios de la fase terminal de la enfermedad. El pequeño Edgar debió de ser dolorosamente consciente de la desaparición paterna y del progresivo debilitamiento materno. Aunque puede que no comprendiera del todo lo que ocurría, en esos años tempranos se vio ciertamente inmerso en un clima de amenaza y fatalidad. La angustia fue sin duda el compañero de juegos de su infancia. Fue testigo directo del gradual deterioro de la salud de su madre, en medio de dolorosos accesos de tos y de vómitos de sangre. Imágenes éstas que nunca lo abandonarían. En muchos de sus cuentos, Poe resucitará las facciones consumidas por la tisis de la mujer amada.
Entre julio y octubre de 1811, Eliza Poe aún apareció sobre el escenario en un teatro de Richmond. Luego, en noviembre, se metió en la cama para no volver a salir de ella. A principios de dicho mes, un ciudadano de Richmond manifestó que se hallaba «enferma» y «en extrema necesidad». A...




